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sábado, 21 de marzo de 2026

La revolución religiosa, madre de las otras revoluciones

 Artículo de 1968

LA REVOLUCIÓN RELIGIOSA, MADRE DE LAS OTRAS REVOLUCIONES

 Por FRAY MARTIN LUCERO

 Los malos aires de Francia, Holanda y Alemania comenzaron a soplar por Santa María del Buen Aire hacia 1950 y se han convertido en huracán, aprovechando el río revuelto del Vaticano II; como si hubiera nacido en todo el mundo una nueva religión, supercristiana, alfista y omeguista.

 El progresismo en su aspecto doctrinal y práctico se muestra muy virulento en los seminarios y casas de estudio de religiosos; se difunde entre los sacerdotes, jóvenes; sobre todo, entre los que pretenden pasar por intelectuales y pensadores futuristas; los que no son del vulgo adocenado, sino que ellos han estudiado en Europa, sabe, «en Europa».

 Síntomas.—Sin Tomás ni Doctor Angélico, en cuya hornacina han colocado al jesuíta francés; desprecio de la ciencia eclesiástica, apoyada en sólidas bases, sustituyéndola por el idealismo, hegelianismo y existencialismo, todas ellas filosofías abstractas muy en boga, pero carentes de fundamento lógico y racional.

 Han trasplantado el idealismo de Harnack aplicado a la Biblia, por el cual niegan todo carácter histórico a multitud de narraciones del Antiguo Testamento y aún del Nuevo, como la infancia de Cristo. Nueva interpretación de la presencia eucarística y de la autoridad del Papa.

 Nueva Moral, al estilo freudiano, según la cual, la masturbación carece de culpa, lo mismo que las prácticas anticoncepcionales. No faltan confesores que enseñan estas doctrinas a sus penitentes, haciendo traición al puesto que les han confiado los Obispos, para juzgar según la Doctrina Católica, emanada del Magisterio auténtico de la Iglesia.

 Asamblea litúrgica, exaltación de la comunidad, olvidando el carácter de sacrificio de Cristo.

 Reprobación de la conducta de la Iglesia en sus relaciones con los judíos, herejes y masones, los cuales han tenido razón contra Iglesia en todos los conflictos a lo largo de los siglos.

 Ansias de apertura de la Iglesia al mundo y reconciliación con el liberalismo, socialismo y comunismo, cristificación del kosmos.

 Amplitud.—El progresismo prende como fuego en cañaveral entre los eclesiásticos y sacerdotes jóvenes, que se organizan en células por toda la Argentina.

 Tratan de influir en los seminarios y procuran conseguir los altos puestos para dirigir las diócesis por nuevos caminos, ejerciendo, para lograrlo, fuerte presión sobre los obispos.

 En toda la nación han logrado los puestos más estratégicos. Si siguen por ese camino, dentro de pocos años dominarán por completo la orientación religiosa de la Argentina, que se convertirá en Modernista, es decir, en un Cristianismo de puro nombre.

 ¿Cuál es la mano oculta que mueve a todos esos títeres? Ya llevamos cincuenta años de comunismo y tenemos la suficiente experiencia para sospechar la causa motora.

 La estrategia comunista consiste en persuadir tenazmente de sus ideas a unos pocos jóvenes lanzados y lograr que ocupen los primeros puestos; desde allí empiezan a liquidar a los adversarios, y al poco tiempo quedan ellos dueños absolutos del campo.

 No es la mayoría la que gana la victoria, sino una minoría audaz, que se apodera de los órganos de la opinión (prensa, cátedras y ambienta callejero) y luego arrinconan totalmente a los demás.

 Cuál es el remedio para estos males? No hay otro que el que emplea el mismo comunismo. Cuando ellos quieren hacer un sabotaje, un incendio o una revolución, traen de fuera unos individuos desconocidos y agresivos, que no tienen ningún vínculo con aquella región, y ellos son los que encienden la mecha.

 De la misma manera, si queremos vernos libres de los progresistas, colocados ya en lo alto, no hay que esperar a que sus propios ciudadanos los despojen, esto no lo harán jamás, es preciso traer gente de fuera, que a mandobles los destrone de los puestos influyentes a los que están terriblemente aferrados.

 Los «fascistas» de Austria

 La intolerancia no viene ya de Roma, sino de los países germanos, donde los innovadores no permiten más opinión que la suya; ni siquiera el diálogo, aunque no se les cae de la boca esa bendita palabra «dialoguemos»

¡El Liberalismo redivivo!

 Han suprimido la Inquisición y ¡a censura eclesiástica, pero han inventado otra censura solapada, que suprime sin piedad todo comentario o crítica que se quiera hacer contra sus innovaciones y exageraciones. Se han arreglado para crear una gran atmósfera de «optimismo», de un éxito total y mundial de sus innovaciones, de modo que la masa de los fieles está totalmente engañada, creyendo que esas ideas y modos de obrar son los auténticos y genuinos de la Iglesia. No tienen escrúpulos en criticar y pulverizar la opinión de los demás, de suerte que la oposición no halle eco en el pueblo católico.

 ¡Cuánto hablan los vencedores contra el fascismo de Hitler y Mussolini! Pues los neo-modernistas austríacos están poseídos del «furor teutonicus», y no les importaría mucho enviar a Auschwitz a todos los que se permiten dialogar en contra.

 El mejor apelativo que cuadra a estos progresistas es el de «¡Fascistas!» «¡Fanáticos intolerantes!» «¡Modernistas que vuelven a la época de Loisy (1857-1940), el cura francés renegado.

 Estos neo-modernistas son unos perfectos diletantes, que jamás han estudiado en serio, se caracterizan por su falta de prudencia y madurez de juicio. Verdaderamente que son hijos de los bárbaros por su falta de cultura y de estudios, vacío que tratan de llenar con su palabrería engorrosa, encastillándose en un lenguaje ilógico, cabalístico e ininteligible, son los asesinos del idioma.

 Un periódico católico de gran circulación ha dicho que todo género de música, aun la ligera, tiene su puesto en la misa. Como si no hubieran hablado San Pío X (22 noviembre 1903), Pío XI (20 diciembre 1928) y Pío XII (22 diciembre 1955 y 3 septiembre 1958).

 ¡Por favor! Antes de hablar, ¡entérese!

 Contra esa música ligera se presenta Pablo VI al hacer televisar la Misa de Navidad antes de dar la bendición papal a urbe y al orbe. Función majestuosa, en latín y en gregoriano, sublime, digna del Pontífice del mundo, que une los labios en expresión unísona no sólo de la multitud de la Basílica de Pedro, sino de todo el mundo.

 ¡Creo en la Iglesia, Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana, y repruebo todo género de desfiguraciones y sustituciones caprichosas e individualistas!

 El resultado de ese anarquismo y confusión es que la devoción de los fieles ha caído en muchas partes en vertical. Las actuaciones del diácono las realiza ahora  cualquier ministrillo, sin formación, ni preparación alguna, vestido de un modo estrafalario, propio para desprestigiar la religión.

 Se quejan de la traducción de los textos litúrgicos latinos al alemán por la prisa de los expertos algo inexpertos.

 Como el fenómeno de Austria se realiza a escala mundial, ¿no habrá en todo ello oculta una peluda mano de araña?

 Sincretismo alemán

 El Racionalismo alemán del siglo XIX y su hijo el Modernismo, condenados por San Pío X en la encíclica «Pascendi». de 8 de septiembre de 1907, siguieron ocultos bajo las cenizas en Alemania y rebrotaron en dos libros publicados en 1937 y 1940, pero las bombas rusas no les dejaron salir de los refugios.

 Luego se rehizo Alemania y esas ideas, como el grano de mostaza, se convirtieron en árbol, en cuyas ramas anidaron las aves de rapiña.

 El Modernismo quiere acomodar la Doctrina Católica al pensamiento científico, despojándola de toda intervención sobrenatural. Los modernistas dicen que la Iglesia no es inmutable, sino que evoluciona como todas las cosas humanas y que ahora (1968) hay una Iglesia preconciliar y otra posconciliar distinta.

 En esos libros se proponían muchas cosas que han ido apareciendo con el tiempo: Prioridad del laicado, supresión del celibato sacerdotal, valoración de la Reforma protestante, humildad del Papa, folklore religioso, síntesis del Protestantismo  y del Catolicismo, vaciamiento de los dogmas marianos; en fin, sincretismo religioso, en el que todo tiene cabida. Para ellos la Iglesia no ha hecho más que seguir un largo camino de errores. 

Manía de cambios.—Padecemos la manía de cambiarlo todo; fuera el clericalismo y el legalismo, la Cena del Señor se tendrá en las casas de modo democrático, institución de sacerdotisas, acabar con el celibato, reconciliarse con la ética de las masas, dudas sobre la Trinidad y de la existencia de Dios, etc.

 Acomodación a este mundo.—Rechazan el seguimiento de la Cruz de Cristo, la ascesis y la mortificación, su norma de conducta es el hedonismo, el placer, obran con una libertad que aterra, piden que la Iglesia abandone sus resabios medioevales, abogan por la abolición del Primado del Papa, porque sólo suprimiendo el Primado Romano se podrá establecer la Unión de las Iglesias; la libertad religiosa que establece el Concilio, según ellos, es la concesión a todas las sectas de los mismos derechos, mutilan las enseñanzas del Concilio, según les viene mejor...

 Estas son las doctrinas de los Modernistas, combatidos por San Pío X, reaparecidos en 1930 y fustigados por Pío XII en la encíclica «Humani generis» de 1950, pero a la muerte de este gran Pontífice se unieron de nuevo para ir limando a fuerza de «concilio» los poderes celestiales de la Iglesia.

 Un viento impetuoso, como el de un Pentecostés infernal, ha esparcido por los aires las cenizas de Harnack (1851-1930).


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 210, 6-Ene-1968  

 

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