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AREILZA: TEXTOS CLÁSICOS
El nombre de don José María de
Areilza es sobradamente conocido en España; antes, por su acendrado
falangismo, de camisa azul mahón y su “apego” al Régimen del 18 de Julio; ahora
(1970), por su “chaqueteril” vida política.
Para los más, el señor Areilza
es un político que trata de pescar en río revuelto; para los menos, los
jóvenes que aún no le conocen bien, es el “valiente” español que se
entrevistó con el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania Occidental, en
su reciente visita a España, con el noble fin de hablarle mal a un forastero
de nuestro Régimen y pedir, como hace el pequeñín de la escuela que no sabe
defenderse, ayuda y protección.
Pero, en general, a muchos
españoles lo único que les dice el nombre de José María de Areilza son sus
concomitancias con Ruiz-Giménez, Tierno Galván, determinados sectores del
clero, etcétera, con vistas a ver la posibilidad de engancharse de nuevo a una
carroza que tenga visos de ser, alguna vez, triunfal. De la misma forma que
se enganchó al Movimiento cuando la guerra se iba ganando a costa de sangre
sudor y lágrimas.
Pero como no tratamos de
hacer una biografía de este señor, ya que las biografías de los políticos de
la clase a la que pertenece el señor Areilza suelen ser difíciles de realizar
por lo imprecisos que son sus perfiles, nos vamos a limitar a dar a conocer
quién era el señor Areilza exactamente el día 20 de julio de 1937.
En esa fecha, mejor dicho,
dos días antes, el 18 de julio del 37, se celebró en Derio un solemne acto
organizado por Falange Española Tradicionalista y de las Jons para honrar la
memoria de los mártires inmolados en la barbarie rojo-separatista, actos de
cuya reseña, publicada con fecha 20 de julio por el diario “El Pueblo Vasco”,
les vamos a transcribir a nuestros lectores el patriótico discurso que don
José María de Areilza pronunció entonces.
Aclaremos que el señor Areilza
era alcalde de Bilbao, vestía la camisa azul y en las fotos del acto citado,
que no reproducimos porque son poco visibles, el señor Areilza saluda brazo
en alto. En sus palabras, como verán nuestros lectores, se ataca de forma
furibunda a los separatistas y comunistas, a los intelectuales rojos y al
clero “traidor a la patria y cómplice del comunismo”. O sea, ataca a los
mismos que hoy (1970) tiene por aliados.
Hay en todo esto un “pequeño
detalle” que no queremos pase desapercibido. En aquellas fechas, el señor Areilza
tenía edad adecuada para estar, fusil en mano, en el frente. Seguramente
prefirió “sacrificarse”-de la misma forma que ahora prefiere también hacerlo
en otro sentido- y pasar la guerra cómodamente apoltronado en el sillón de
la Alcaldía de Bilbao. Un sillón, una poltrona, que se podía haber
ocupado entonces por una mujer, como ahora sucede (Pilar Careaga).
Y vamos con la transcripción de
1937. Nosotros, por profesión, somos muy curiosos y nuestra curiosidad nos
impulsa a ser “ratas de hemeroteca”, de donde cada día obtenemos más
información personal sobre mucha gente que ahora pretende meter de matute a
los españoles un retrato personal que no es el auténtico:
LA OFRENDA DEL SEÑOR AREILZA EN 1937
“…Seguidamente el alcalde de
Bilbao, don José María Areilza, portador en su derecha de una bandera
nacional, se adelantó para hacer la ofrenda, pronunciando las palabras
siguientes:
-“Amigos y camaradas:
Aquí, en este mismo lugar, fueron fusilados por el nacionalismo vasco y sus
aliados rojos, los mártires de Bilbao. Aquí, sobre estas piedras, derramaron
su sangre para redimir a Vizcaya un puñado de hombres de toda clase y
condición que merecían el dictado de bilbaínos de primera clase. Con ellos
están enterrados también, en el ámbito de este sagrado recinto, los
asesinados en el barco “Quilates”, en el “Altuna-Mendi”, los mártires de Larrinaga,
La Galera, El Carmelo y Los Ángeles Custodios, compañeros de los anteriores
en sufrimientos y en la muerte.
“Los hombres se redimen de
sus culpas mediante penitencia que es sacrificio y el dolor que purifica. Así
también, los pueblos se redimen de sus pecados colectivos con la sangre de
sus hombres mejores, ofrecida en holocausto de la justicia inmanente que late
en el seno de la historia. La sangre de estos mártires redimió a Bilbao y a
Vizcaya de sus pecados colectivos. Cayeron de toda clase y condición:
militares, aristócratas, sacerdotes, obreros, políticos, intelectuales…
“La sangre vuestra, capitán
Ramos, comandantes Ichaso, Valverde y Anglada, capitán Murga, teniente
Vallespín y demás hermanos de armas fusilados, sirvió para lavar la afrenta
que al honor militar infligieron vuestros compañeros cobardes y traidores de
la guarnición de Bilbao. El martirio de los sacerdotes asesinados era el
precio de redención del clero vascongado de sus vergonzosas taras, de
traición a la Patria y de complicidad con el comunismo. La sangre de los
aristócratas y grandes industriales, Arriluce, Ibarras, Careagas, Zubirías,
generosamente derramada, sirvió para lavar las culpas del capitalismo vasco y
de su desvío del interés nacional. Vosotros, los caídos de la clase media y
trabajadora, redimisteis con vuestro sacrificio el odio que en esas clases se
sentía en Bilbao contra la Patria. Los intelectuales y los políticos: Balparda,
Careaga, Juaristi, Adán, Pedro Eguillor, Quadra-Salcedo, Luis Checa, González
Olaso, fuisteis el precio doloroso de redención de la política traidora del
separatismo y del pecado contra el espíritu de los falsos intelectuales rojos
y bizcaitarras de la villa.
Finalmente, vosotros,
Guillermo Wakonning y Federico Martínez Arias, cónsules de Austria-Hungría y
Paraguay en Bilbao, disteis el más alto ejemplo de dignidad y decoro en
vuestros cargos.
El pueblo de Bilbao,
representado por el Ayuntamiento, reclama para sí los cuerpos de estos héroes
y mártires, cuyo sacrificio fue necesario para su rescate espiritual ante la
conciencia histórica de España.
Mártires bilbaínos: sobre
vuestros despojos, que no tuvieron el consuelo póstumo de una bandera que les
cubriese, venimos a colocar hoy la enseña de la Patria.
Yo estoy seguro de que vuestros
espíritus se estremecerán de alegría en los Cielos cuando sobre ellos caiga,
como una caricia maternal, el pabellón rojo y gualda de España. Para los que
estáis aquí, hijos, hermanos, esposas, madres y novias de los que cayeron,
debe ser también motivo de orgullo y alegría este acto. Podéis tener la
seguridad de la bienaventuranza de sus almas purificadas por el martirio. A
sus cuerpos los vais a ver envueltos en la misma bandera que cubrió a
Sanjurjo, a Mola y a Calvo Sotelo.
Y ahora, ante vosotros, mártires
innumerables de Bilbao, asesinados por el Partido Nacionalista Vasco y sus
aliados rojos, al triple grito de “Gora Euzkadi”, “Viva la República” y “Viva
Rusia”, que en el fondo eran una misma cosa, repetiré tres veces una palabra
de nuestro lema, para que sirva a todos de recuerdo, de advertencia y de
propósito: ¡Justicia!, ¡Justicia! y ¡Justicia!”.
Nosotros también, lectores, nos
permitimos, brazo en alto (como Areilza) tomar a modo de firma, las últimas
palabras de su discurso:¡Justicia!, ¡Justicia! y ¡Justicia!”.
Revista FUERZA NUEVA, nº181, 27-Jun-1970
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