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martes, 10 de febrero de 2026

El doctor Marañón: republicano desengañado

 Artículo de 1970

 El doctor Marañón y la repetición de anacronismos 

 (…) En 1930, el doctor Marañón tuvo un papel decisivo. El nombre del doctor Gregorio Marañón encabeza el manifiesto de la “Agrupación al Servicio de la República”, publicado en “El Sol”, el 9 de febrero de 1931. Marañón se ufanaba de la erosión con que los intelectuales estaban carcomiendo la débil monarquía liberal. En el domicilio del doctor Marañón, Romanones y Alcalá-Zamora pactaron la entrega de la monarquía al comité revolucionario. Marañón tenía, por tanto, unas credenciales de republicanismo indiscutible.

 Pero llegó 1936. Entonces Gregorio Marañón, desgarrado ante el hundimiento total de España y ante la entrega de la misma a la URSS, en “La Nación”, de Buenos Aires, el 3 de enero de 1938, y en el número del 15 de diciembre de 1937, en “La Revue” de París, publicó el ensayo “Liberalismo y Comunismo”, sintetizando en el mismo sus “reflexiones sobre la revolución española”. 

¿Es exagerado hablar del peligro comunista?

 Cuando se hace presentir la concatenación que ciertas ideologías de neoliberales tienen, como de causa a efecto, con el comunismo en España, algunas con sonrisa y desdén de superhombres, piensan o dicen que se exagera. Esto, en 1931, era mucho más fácil y justificable poderlo afirmar. No obstante, señala y dictamina el doctor Marañón:

 En la misma caída de la Monarquía y el rendimiento de la República, la influencia visible del comunismo fue muy escasa. Si se repasa la propaganda, muy activa y violenta, que procedió a las elecciones de abril del año 1931 (las que ocasionaron el cambio de régimen), apenas se encontrará en ellas rastros de comunismo. Creo que este nombre no se pronunció una sola vez en el mitin de la plaza de toros que precedió en pocos días a la votación de Madrid y que la decidió a favor de las izquierdas. Cuando aquella noche leyó los discursos uno de los ministros del Gobierno monárquico hizo el comentario de que la mayoría de ellos habían sido más templados que cualquiera de los que se pronunciaron veinte años más atrás con ocasión de los sucesos de Barcelona, por los hombres liberales, gubernamentales y monárquicos.

 Esta misma impresión se recoge de las “Memorias” del que era entonces director de Seguridad de Madrid, el general Mola, que habían alcanzar, andando los años, tan alta celebridad. Idéntica falta de preocupación directamente comunista se refleja, dentro de la conciencia de gravedad de la situación,en las conversaciones de los últimos gobernantes de la Monarquía, con varios de los cuales nos unía una estrecha amistad personal.

 Sin embargo, la campaña de los partidos y de la Prensa de la derecha anunciaba una serie de catástrofes si el movimiento republicano triunfaba,a pesar de su carácter pacífico y de que sus principales jefes eran hombres moderados, liberales, muchos, inclusive,sin tradición republicana; entre ellos el propio señor Azaña. Ahora sería arbitrario discurrir sobre lo que hubiera sucedido de no sobrevenir el advenimiento de la República, suceso que en aquellas circunstancias era, a mi juicio, inevitable; y lo prueba la absoluta naturalidad con que ocurrió.

 En la historia hay una cosa absolutamente prohibida: el juzgar lo que hubiera sucedido de no haber sucedido lo que sucedió. Mas lo que no admite duda es que las profecías de la derechas extremas y monárquicas, que se oponían a la República, se realizaron por completo: desorden continuo, huelgas inmotivadas, quema de conventos, persecución religiosa, exclusión del poder de los liberales que habían patrocinado el movimiento y que no se prestaron a la política de clases; negativa a admitir en la normalidad a las gentes de derecha que de buena fe acataron al régimen, aunque como es natural, no se sentían inflamadas de republicanismo extremista.

 El liberal oyó estas profecías con desprecio suicida. Sería hoy faltar inútilmente a una verdad elemental el  ocultarlo. Varios siglos de éxito en la gobernación de los pueblos -algunos aún no extinguidos- como los de las democracias inglesa y norteamericana- habían dado al liberal una excesiva, a veces petulante, confianza en su superioridad.  La casi totalidad de las estatuas que en las calles de Europa y América enseñan a las gentes el culto de los grandes hombres tienen escrito en su zócalo el nombre de un liberal. Cualquiera que sea el porvenir político de España, no cabe duda que en esta fase de su historia fue el reaccionario y no el liberal, acostumbrado a vencer,el que acertó.

 Pero aún estas previsiones pesimistas se fundaban en la intervención de fuerzas ocultas, como el judaísmo y la francmasonería, más que en la acción comunista directa, que parecía hasta a los más suspicaces teórica, o, por lo menos, muy remota”.

 También el doctor Marañón se equivocó

 Si al doctor Marañón se le escapó el peligro comunista, hasta cierto punto, era explicable para un español de su ideología en 1931. En España no habíamos tenido todavía una experiencia en nuestra propia carne. Pero a pesar de que los efectivos comunistas en aquella época eran minúsculos, ya pronto se dio a conocer cuál era el resorte efectivo de aquella República que se prometía democrática y avanzada.

 El doctor Gregorio Marañón, en pleno fragor de las armas, de las víctimas y de la ruina de España, supo examinar concienzudamente los gravísimos defectos del liberalismo, del que él mismo siempre se había profesado expositor y partidario fanático. En la hora de la verdad, tras sus graves equivocaciones, tan fatales para España, honradamente supo confesar y denunciar las contradicciones y cegueras de su liberalismo.

 El doctor Marañón afirmaba que “en política, el único mecanismo psicológico del cambio es la conversión, nunca el convencimiento. Y debe siempre sospecharse del que cambia porque dice que se ha convencido”. Bien, pero eso será en el orden individual. La sociedad y el Estado no pueden permitir que impunemente se preparen nuevos fosos y caos a plazo fijo porque cierto resentidos no se convencen…

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº177, 30-May-1970

 

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