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EL TRASVASE SIMBÓLICO DE LAS
FIESTAS (1)
En un estudio que alcanza la difusión internacional, «El Trasvase Ideológico
Inadvertido y el Diálogo», el pensador contrarrevolucionario Plinio Correa de
Oliveira ha desenmascarado un proceso psicológico contemporáneo tan sutil
como venenoso. Consiste en actuar
sobre el espíritu de otro, llevándole a mudar de ideología sin que se aperciba.
Sus más importantes etapas son:
a) Encontrar en el sistema ideológico actualmente aceptado por el
paciente puntos de afinidad con el sistema ideológico del que se desea
imbuirle.
b) Supervalorar doctrinaria y pasionalmente esos puntos de afinidad,
de tal manera que el paciente acabe por colocarlos encima de todos los otros valores
ideológicos que admite.
c) Atenuar, tanto como fuere posible en la mentalidad del paciente,
la adhesión a los principios doctrinarios que actualmente acepta y que sean
inconciliables con la ideología de la cual se quiere impregnarle.
Un rasgo de la fisonomía de los españoles es que aquí resolvemos los
problemas religiosos y políticos que afectan a todo el mundo con una cantidad
mínima de literatura y aun ésta, de pocas pretensiones doctrinales y sin
calidad filosófica; al revés que en algunos países próximos, donde los excelentes
trabajos doctrinales florecen y emergen entre la maleza comunista. De no ser por
esta condición nuestra, de España hubiera salido un trabajo similar en
alcance e importancia al de Correa, y afín y precursor del suyo, sobre el
trasvase simbólico de las fiestas litúrgicas.
Porque aquí padecimos un caso de éstos. El de «El Día de la Madre», que se superpuso a la festividad de la Inmaculada.
De todos es sabido el proceso psicológico que acompañó a esta duplicidad:
la atención de las masas de la Iglesia de los pobres, se fue desplazando del
culto a la Santísima Virgen hacia el festejo familiar, hasta amenazar muy
seriamente al primero. Sólo entonces, grandes sectores del clero y de los
religiosos y religiosas dedicados a la enseñanza aceptaron la maniobra de
desglose de las dos fiestas, con la cual no se remedian los estragos ya causados
ni se borra una cierta estela que los prolonga aun así. Pero aún antes de que
el trasvase llegara a levantar un clamor de indignación del pueblo cristiano,
muchos sacerdotes y religiosos y religiosas no sólo no vieron temprana y
oportunamente el engaño sino que colaboraron con él, en su establecimiento,
primero, y en su disimulo, después, durante demasiado tiempo.
La circunstancia de contarme entre los primeros católicos seglares
que desenmascararon aquel mal, al precio de amargas controversias con no
pocos sacerdotes, me da fortaleza para avisar
de otro trasvase ideológico que ha iniciado su desarrollo de acuerdo con
el esquema de Correa, al principio citado. Se ha iniciado la sustitución de la mentalidad de Lepanto por la
mentalidad de la ONU. El trasvase entre los lemas que puso San Agustín al
frente de las dos ciudades: del «Amor a Dios hasta el desprecio del hombre»,
que es fiel reflejo de la guerra santa (Lepanto en nuestro caso), al otro
lema de «Amor al hombre hasta el desprecio de Dios», que con muchas
salvedades respecto de su primera parte, podríamos reconocer como eje
ideológico de las Naciones Unidas.
El trasvase, como es preceptivo para que resulte inadvertido, se ha
iniciado, como siempre, muy bien: con el rezo del santo rosario que hemos
hecho el pasado día 4 de octubre por filial obediencia a Su Santidad el Papa
Pablo VI, para pedir por la paz del mundo. No se ha escogido para ello la
inmediata festividad de la Virgen del Rosario, sino el aniversario del viaje de Su Santidad a la ONU. De manera que con
tres días de separación, quedan
estrechamente avecindados dos binomios semejantes; semejanza y proximidad
propicios para un «Trasvase simbólico inadvertido» que pase luego a ser un
trasvase ideológico ostensible y grave.
Los dos binomios son:
1.°) Un Papa, San Pío V, establece la festividad de Nuestra Señora
del Rosario en conmemoración de una victoria militar cristiana. Lepanto.
2.°) Otro Papa, Pablo VI, establece—¿sólo por este año?— un día del
rezo del santo rosario por la paz en conmemoración de su visita a la ONU. Si
se estableciera la costumbre de conmemorar anualmente esa visita, como alguien
ha propuesto, con el rezo del rosario por intenciones políticas, se iría
labrando un cauce de trasvase de la siguiente manera: Batalla de Lepanto,
primitiva festividad de Nuestra Señora del Rosario, jornada del rosario por
la paz, conmemoración de la visita a la ONU y supuesta aceptación de ésta.
Este cauce sería recorrido de la siguiente manera: el recuerdo del triunfo
cristiano de Lepanto es víctima de una conspiración de silencio, olvido y descrédito,
con omisión de su conmemoración, devolución de sus trofeos, acusaciones de
triunfalismo, constantinismo, militarismo, etc.
3.°) Su correlativa festividad del rosario quedaría desencarnada e
intemporal, sin significación concreta.
4.°) Nada más efectista y tentador entonces que darle un nuevo arraigo
comprensible por las masas. Con ello, la versión tradicional de la festividad
del rosario quedaría en situación competitiva con esta otra, tan próxima, de
un día de rezo del rosario a la intención de problemas humanos variantes cada
año, fácilmente aceptados y estimados por estas gentes sencillas.
5.°) El desplazamiento de la atención de éstas hacia la conmemoración
de la visita de Pablo VI a la ONU se operaría por ser la única explicación de
que esas rogativas no se hicieran el día, tan cercano, de la Virgen del
Rosario, y también por el contraste entre la variación anual de las
intenciones y la permanencia de la conmemoración de la visita.
6.°) Esta visita del Papa a la ONU no será considerada como una
imitación del «Alter Christus» a las visitas de Cristo a los pecadores, ni se
repetirán las salvedades y consejos con que el Papa rodeó sus palabras de
cortesía a esa Asamblea, sino que se
derivará a la creencia popular de que la ONU es una entidad cristiana, cuyos
criterios deben ser aceptados por los católicos.
Un análisis de los principales periódicos y revistas de esos días, del
espacio y comentarios dedicados a cada uno de los puntos enunciados o de sus
omisiones, muestra que el trasvase que denuncio está más adelantado de lo que
a primera vista se puede suponer. Por ello creo que debemos afirmar las
siguientes conclusiones:
1. °) Proclamar en todo tiempo y lugar nuestra filial devoción al
Vicario de Cristo en la Tierra, tanto más cuanto más usemos sus propias
concesiones y enseñanzas de opinar según nuestra recta conciencia en
cuestiones opinables. No siempre es imposible separar el magisterio
espiritual del Vicario de Cristo de la política exterior del Soberano del
Estado de la Ciudad del Vaticano. Esto le entendieron muy bien muchos Reyes
de España.
2. °) Debemos participar devotamente en todas las campañas de
oraciones que se propongan en cualesquiera fechas y circunstancias e
intenciones.
3. °) Debemos celebrar espléndidamente la festividad de Nuestra
Señora del Rosario y la gran victoria cristiana de Lepanto.
4. °) Debemos seguir proclamando que la O. N. U., en su versión
actual, es tan peligrosa para la cristiandad como cuando estableció el
bloqueo diplomático contra España por odio a nuestra fe.
P. ECHANIZ
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967
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