Artículo de 1979
Judas era Apóstol de Cristo; Tarancón es sucesor de los Apóstoles. Judas fue elegido por Cristo para ser pilar, quicio o gozne de su Iglesia, es decir, cardenal según su significado etimológico. Tarancón también fue elegido cardenal según el Derecho Positivo Eclesiástico. En ambos concurre, por consiguiente, “en cierto sentido”, la condición de obispos y cardenales. El Sanedrín era entre los judíos un órgano oficial que, aunque tenía como competencia específica una misión de carácter judicial, participaba también ampliamente de competencia normativa y administrativa. El Congreso y el Senado asumen entre los españoles ciertas funciones análogas, especialmente en el campo legislativo. El sumo sacerdote Caifás pronunció en sesión solemne del Sanedrín aquellas palabras lapidarias: “Conviene que uno muera por la salvación del pueblo”. Y de esta manera aquel órgano supremo, presunto representante del pueblo judío, condenó a muerte a Jesucristo. Nuestro Congreso ha sido algo más fino al elaborar la Constitución: no condena a muerte a Dios. Se limita a prescindir de Él, a legislar como si no existiera, y de esta manera, sin negarlo expresamente, construye un Estado, una sociedad y una familia sin Dios. Pero tanto el Sanedrín como el Congreso son deicidas, porque el primero ordenó la muerte de Dios en Cristo, y el segundo ordenó la muerte de Dios en el Estado, en la sociedad y en la familia. Judas, con su intervención activa, favoreció los planes deicidas del Sanedrín, entregó a Cristo y recogió sus treinta monedas, el precio que se daba por un esclavo. El cardenal Tarancón, con su intervención pasiva de simple asistencia, favoreció los planes deicidas de las Cámaras Legislativas: con su presencia oficial y representativa sancionó una Constitución impía y atea. Julián GIL DE SAGREDO Revista FUERZA NUEVA, nº627, 13-Ene-1979 |
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