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LA
IGLESIA, LA MASONERÍA Y EL CÉSAR
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La Conferencia (Episcopal) ha decidido que cada
obispo local “pueda permitir a los miembros de la orden de los masones
libres, que deseen hacerse católicos, ser recibidos en la IGLESIA sin que
tengan que renunciar por esto a su calidad de miembros activos de la orden” (Del padre Arias, crónica de
"Pueblo", 27-1-1968)
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Los contactos
entre eclesiásticos franceses y masones conspicuos, que el lector encontrará
reseñados en el libro de Pierre Virion, «La Iglesia y la masonería»
(Editorial Acervo. Barcelona), no se interrumpieron después del Concilio, a
pesar del fracaso que en él tuvo la propuesta del obispo de Cuernavaca,
Méndez Arceo, de formular una base oficial de acercamiento. Han continuado
con otras maneras en distintos lugares. Nos informaron de ello desde París, y
por eso publicamos en el número de 12-VIII-67 de esta revista, un artículo
titulado: «¿Qué
hacemos con
la Masonería?» En él, apoyándonos en un libro reciente (1954) del cardenal
Caro, primado de Chile, titulado «El misterio de la Masonería», sosteníamos
la hipótesis de que la secta, que reúne elementos suficientes para poder
presentarse como una religión más, intentaría explotar esta circunstancia
para recabar para sí la libertad formulada en la ley de la libertad de
cultos.
Hoy (1968)
tenemos a la vista el final de una etapa previa de ese plan que corona
públicamente una intensa labor subterránea. He aquí la noticia sensacional:
«La
Conferencia Episcopal de los países nórdicos ha autorizado a los masones que
se convierten al catolicismo a que sigan siendo miembros activos de sus
logias. La decisión, que tiene un carácter local, ha sido expresamente
aprobada por la Congregación para la Doctrina de la Fe. La iniciativa ha sido
adoptada por los obispos de Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia y Finlandia,
en una reunión celebrada en Estocolmo. La Conferencia ha decidido que cada
obispo «puede permitir a los miembros de la orden de los libres masones que
deseen hacerse católicos ser recibidos en la Iglesia sin renunciar por esto a
su calidad de miembros activos de la orden de los libres masones». Esta
decisión ha sido anunciada en el boletín diocesano de Oslo.»
«La Masonería
en los países escandinavos es semejante a la de los países anglosajones:
tendencia deísta con cierto carácter religioso sincretista y un simbolismo de
origen bíblico y cristiano. La logia, fundada en 1735 en Estocolmo, se
mantiene neutral en cuestiones religiosas y políticas y está íntimamente
relacionada con la masonería del Reino Unido, y con las logias americanas de
origen inglés.»
La Masonería
fue condenada por la Iglesia en 1738, siendo Papa Clemente XII, autor de la
Carta Apostólica «In eminenti apostolatus specula». Los Papas confirmaron
desde entonces la condena por medio de siete sucesivos documentos
pontificios, el último de los cuales es de León XIII; se titula «Humanum
Genus» y está enteramente dedicado a la Masonería.» («Ya» 27-1-1968.)
Apenas
aceptada la «dimisión» del cardenal Ottaviani, éste es el primer fruto con
que nos obsequia la Congregación para la Doctrina de la Fe. ¿Habrá habido
alguna relación entre los dos asuntos? El carácter universal de la
jurisdicción de este organismo que ha concedido su «expresa aprobación», nos
pone en guardia, porque en el mejor de los casos no incurrirá en la
contradicción de censurar ni atajar los contactos entre progresistas y
masones en otras partes del mundo; y en el peor, extenderá ese criterio explicito
y público de compatibilidad a otras áreas. Mucho tememos que sea esto último
lo que se intente, porque si no, el enorme escándalo y desorientación que
padece hoy toda la cristiandad con esta noticia no quedaría compensado, ni
remotamente, con la sola facilitación de la conversión, muy relativa, de unos
pocos masones nórdicos. Los cinco países afectados sumaban en 1960 veinte
millones de habitantes, heterogéneos y muy diseminados. De ellos, ¿cuántos
serán masones en trance de conversión?
La noticia
del «Ya» reafirma la relación de la Masonería escandinava con la inglesa y la
americana. Este aspecto internacional, de oculto imperialismo, convoca al
César a combatir el mal, ante el que otro capitula. No es éste el único
asunto que parece sugerir que la salvación de la cristiandad va a venir por
la espada del César. Y quien dice del César dice del poder civil que les
confiera a sus Alcaldes de Móstoles católicos, la fe, la gracia, el heroísmo
y la pureza que Cristo no les negó ni les negará jamás a sus apóstoles y a
los sucesores de sus apóstoles...
Ya no
quedaban apenas hermanos separados, desgajados, amputados de la Iglesia, del
Cuerpo Místico de Cristo, sin haber sido convocados a reintegrarse
comunitariamente al amor, a la piedad y a la gracia en la Santa Casa de
Dios... Sólo no habían sido llamados ni, por lo tanto, habían acudido los
masones. ¡Y ya están ahí! La Masonería, anatematizada, excomulgada por los
Papas, enemiga feroz de la Iglesia al través de los siglos y sus
generaciones, era la que faltaba a participar en el «delirium tremens» en que
han caído ingiriendo un ecumenismo envenenado, ciertas mentes cardenalicias,
episcopales, pastorales y sinodales... Sólo faltaba
eso: LA MASONERIA. ¡Y ya está ahí!
P. ECHANIZ
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968
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