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De la Iglesia, del mundo, del mando...
Los católicos ajenos al
progresismo están cada día más estupefactos. Es notorio que ni en el mismo
Sínodo fueron aprobadas las propuestas litúrgicas presentadas por los
«reformistas». No alcanzaron la mayoría necesaria para que significase la necesaria
aprobación sinodal que requería las dos terceras partes de los votos. Así fue
con la votación de las estructuras básicas de la «misa normativa», sobre la
introducción de tres lecturas en la misa. Con frecuencia se desaconsejaban
«simplificaciones» demasiado amplias. De todos los continentes se oían quejas
de los excesivos experimentos.
Pero el «Pueblo de Dios» no
cuenta si los votos no son para los «demócratas». El método es viejo. Y la
forma de prescindir de las opiniones mayoritarias es harto conocida.
En discrepancia con la
«democracia sinodal» de los «Pastores del Pueblo de Dios» hubo una mesa
redonda organizada por la progresista ID0C romana—cuya mayoría de asistentes
fueron benedictinos muy favorables a la más acentuada reforma litúrgica—, en
la que se puso de manifiesto la discrepancia con numerosos Padres Sinodales,
y la amplitud y envergadura del esfuerzo reformador actual, así como también
las disensiones que el permanente reformismo litúrgico produce entre los
católicos.
Si la reforma litúrgica no
ha sido aceptada—tal como fue presentada—por el Sínodo, ¿cómo el Secretario
de Estado, en carta al Cardenal Lercaro, le asegura que la reforma irá adelante
en el sentido en que él la ha enfocado?
Los fieles católicos están
asombrados, consternados, porque no comprenden cómo es posible que no se
respete la opinión de los Padres Sinodales, ni la Constitución Litúrgica, ni las
instrucciones posteriores que han hecho polvo a dicha Constitución aprobada
por el Concilio Vaticano II, ni se vislumbre permanencia en ninguna
resolución adoptada en materia litúrgica. Parece como si la carcoma de la
anarquía hubiese penetrado en el «rito latino» que ha desterrado el latín. Al
pueblo se le exige acatamiento intimándole a obedecer al Papa, y al Papa se
le dice que el pueblo la ha aceptado. Eso es «demócrata».
¿Cómo se atribuye la
dimisión de un Cardenal (Ottaviani) a su ceguera, cuando ésta se
citaba ya en dos conclaves como impedimento para su elección al Sumo
Pontificado?
Los católicos están
francamente estupefactos. Se les dice que son adultos, y nunca habían sido
tratados como párvulos hasta que apareció el slogan de la adultez de los
seglares, ¡¡descubierta en el Vaticano II!!
No comprenden cómo es
posible que si los Cardenales habían presentado otra dimisión posterior a la
presentada y rechazada hace más de un año, a uno de ellos—concretamente al eminentísimo
Cardenal Arcadio Larraona—, en carta del Secretario de Estado (insertada en el
«Osservatore Romano» del 19 de enero de 1968), se le diga que sus proyectos
de reestructura de su Congregación no se aceptan. ¿Cómo es que una persona
que desea dimitir se ocupa en reorganizar el
Sagrado Dicasterio del cual es Prefecto?
Tampoco han comprendido mis
amigos cómo es posible que a un Cardenal que dimite de su cargo—por edad—se
le ocupe en varios otros. ¿No será porque no es jubilado? ¿Y cómo es que en
su lugar se nombra a un hombre enfermo desde hace años,como es el caso del
Cardenal Benno Gut?
¿Cómo es que el Papa
felicita a algunos Cardenales, al quitarles el cargo, por su extraordinaria
doctrina, cuando va colocando en comisiones clave a otros que han dicho
públicamente verdaderas herejías, y uno de ellos ha llegado a decir en
público que la Ascensión de Nuestro Señor no ha tenido lugar? Porque eso se comenta
entre los «integristas» de cierta alta personalidad, y nadie lo ha
desmentido.
También se preguntan los
católicos ajenos a toda actitud y doctrina progresista cómo es posible que en
su audiencia del 12 de enero de 1966 haya afirmado Pablo VI que las normas conciliares
son la continuación del Magisterio Pontificio, y, por ejemplo, la
Constitución Litúrgica recogía las normas dadas por Pío XII al Movimiento
litúrgico, pero luego las Instrucciones posteriores deshacen la Constitución.
Y por si esto aún fuera poco, el Secretario de Estado asegura ahora al Cardenal
Lercaro que las reformas litúrgicas seguirán adelante en la dirección que tal
Cardenal les ha imprimido. Esto, los católicos de fe íntegra no lo acaban de
comprender.
Una publicación de mucha
categoría, integrista, especializada en materia litúrgica, titulada «Capella
Sixtina», que se editaba en Italia y tenía amplia difusión en Francia, ha
dejado de publicarse. En su número del pasado diciembre anunció que era el
último ejemplar y que ya no aparecería en lo sucesivo. No daba cuenta de los
motivos de dicha suspensión ni los ha dado ninguna otra publicación. ¿Es por
causa del nuevo giro que puede tomar el tema litúrgico? Eso se comenta, y tal
como lo he captado lo transcribo. A. ROIG
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968
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