|
RÉQUIEM POR LA ESPAÑA ETERNA
MURIÓ la España católica. Y pongamos ahí todo aquello de
«evangelizados de la mitad del orbe, martillo de herejes, luz de Trento,
espada de Roma, cuna de San Ignacio...» Todo terminó, hoy por hoy.
La literatura de estos años habló mucho sobre «la muerte de Dios»,
expresión usada con irreverencia e impiedad muchas veces. Si nuestra
Constitución no llega a declararlo,-como aquel hombre de la linterna del
antiteísta Nietzsche, por lo menos prescinde de El. Fue positivamente
excluido. La Ley fundamental española no lo quiso ni citar. Para ella. Dios
había muerto. El Rey de España ya no lo es «por la gracia de Dios». Esa
referencia nada tuvo que ver con el derecho divino de los reyes. Nunca
creímos en eso los españoles.
«In God we trust». En Dios confiamos. Muchas veces leímos esa frase
acuñada en las monedas norteamericanas. Aquí la erradicamos. Somos
diferentes. ¡Pobre España!
El 27 de diciembre de 1978, en los discursos que promulgaron la
Constitución, no apareció ninguna invocación a Dios Todopoderoso. La oímos
con agrado a un jefe de Estado musulmán, cuando saludó al Rey Juan Carlos en
su último viaje a Oriente.
Y todos nos preguntamos: ¿qué daño haría el nombre de Dios a esa Ley
fundamental y a su objetivo cumbre como es la «convivencia»? ¡Debemos respetar
la conciencia de los que no lo quieren! ¿Y por qué esa ínfima minoría no
respeta la conciencia de aquellos que lo queremos?
He ahí una nueva contradicción con los principios de la democracia.
En España hoy todo ha de ser frío y laico. Fueron suprimidas tres
solemnidades religiosas. De otras, eliminaron su sentido cristiano. El 12 de
octubre no será Nuestra Señora del Pilar, sino la Fiesta de la Raza. El 1 de
mayo nada tiene que ver ya con San José Artesano: es el día socialista del
trabajo.
VESTIGIOS SECULARES DE RELIGIOSIDAD
Fueron eliminados por los recientes acuerdos del Estado español con
la Santa Sede. Los Papas Pío V y Gregorio XIII, en el siglo XVI, concedieron
que los sacerdotes españoles elevaran preces diarias, durante la misa, por
España y el Jefe del Estado, según la fórmula tradicional. Era una bellísima
plegaria ecuménica, en vigor durante cuatro siglos. El artículo VI del
Concordato de 1953 renovaba esa facultad, que ahora los últimos acuerdos
eliminan. Como también el título de Protocanónigo de la Basílica de Santa
María la Mayor, de Roma, decorada con el primer oro que trajeron de América
nuestros colonizadores. Título concedido al Jefe del Estado español. Fueron
suprimidas también las tres misas solemnes que por las intenciones de este
Monarca se celebraban los días de la Asunción de la Virgen, de la Inmaculada
y de San Fernando, con la ofrenda de ocho mil pesetas oro que nuestro
Gobierno entregaba el día 1 de enero a la misma basílica romana, donde
siempre hubo un canónigo español, desde el año 1593. El artículo XIII del
Concordato reafirmaba estas concesiones. El laicismo de nuestros días las
suprimió todas.
Ha muerto en España el matrimonio indisoluble. La autoridad civil se
arroga la facultad de disolverlo y de permitir otras nupcias. Son legales
también las prácticas y la venta de productos contra la natalidad. La
Seguridad Social se encargará de este tráfico. Es el «nuevo derecho de la
familia democrática», según el programa electoral del PCE.
Réquiem por la moralidad pública y privada. Los espectáculos, libres
y sin frenos, traspasan todas las fronteras impuestas por la más elemental
ética natural. Niñas de EGB se drogan y leen novelas muy escabrosas. Las
arrastra el ambiente. No es posible sustraerse.
«¡TODO ESTA PERMITIDO!»
Con chicle y golosinas, los pequeños son atraídos hacia los quioscos,
y en aquellas vitrinas contemplan las portadas de las revistas corrientes. Y
todos sabemos cómo son. Yo creo que deberían poner allí este letrero: «Para
mayores de 18 años».
¿A quién van a extrañar estas exhibiciones, cuando algunos medios de
comunicación, más responsables, les ofrecen sus páginas y emisiones? Un
conocido escritor dijo tiempo ha: «Si Dios no existe, todo está permitido.» Y
Dios no existe en la Constitución española.
Ante este panorama antirreligioso, brevemente recorrido, se frotarán
las manos de placer los ateos, los impíos, y los anarquistas y comunistas.
Saltarán de gozo los que siempre se llamaron librepensadores y miembros de
las sociedades secretas.
Están de enhorabuena también los concubinarios y adúlteros.
Concubinato es el matrimonio civil, según el recto sentido cristiano. Y el
divorcio abre paso al adulterio. Para la Constitución española constituyen
una unión legítima, decente y legal.
Pingüe negocio se abre ante los que medran al socaire del libertinaje
sexual, del amor libre y de la corrupción de menores.
Pero los españoles, hombres y mujeres de sentido cristiano y
profundamente religiosos están de pésame. Miembros de la Acción Católica y de
asociaciones de actividad y fervor apostólicos, promotores y educadores de
aquella España que respiraba sentimientos de piedad, padres de familia,
responsables de sus hijos, lamenten tanto infortunio y esta «espantosa
liquidación de nuestro pasado».
¡Dios tenga piedad de la España eterna!
V. FELIU
Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario