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Los nombres de las calles
La ola de
revanchismo que mueve a los políticos a quienes los traidores de Franco regalaron
la victoria lograda a costa de tanta sangre se manifiesta en la fiebre de
suprimir del nomenclátor callejero cuantos nombres, fechas o hechos puedan
recordar o perpetuar la historia de la Cruzada de Liberación y la derrota que
ante el mundo infligiera a los rojos Francisco Franco.
Como una
obsesión, la pertinaz insistencia en querer borrar de las mentes un hecho
histórico irreversible y la maniobra de querer cambiar la triste y degradante
imagen de lo que fuera la dominación roja, sus dramáticas, sangrientas y deplorables
consecuencias, la repulsa general del pueblo hacia los símbolos, anagramas y
banderas -hoy otra vez en el poder- y, posteriormente, el espontáneo júbilo
popular al llegar la tan anhelada liberación, que Cataluña conmemora
precisamente estos días (1939-1979).
Los pueblos y
ciudades sufren la oprobiosa imposición de nombres que vienen a hacernos
convencer que la guerra civil habría sido una inútil militarada y crear en el
ambiente una atmósfera de “provisionalidad” de aquellos años de paz, orden y
prosperidad, que tuvimos la dicha de vivir hasta que los partes de la
victoria son arrancados de las casas consistoriales y que se toleren las
voladuras de los monumentos a los Caídos por Dios y por España o las
vejaciones y ofensas a la bandera nacional.
Las calles
que llevaron los nombres de José Antonio, Franco, Calvo Sotelo, Alcázar de
Toledo. Mártires de la Tradición, etc. son objeto de cambios parar “democratizarlas”
poniéndoles nombres que en no pocas ocasiones nos traen vergonzosos recuerdos,
llenos de dramatismo, individuos indeseables y sucesos atentatorios a la Patria.
Los
ajusticiados por sus delitos contra España -o simplemente por delitos comunes-
son exaltados como mitos defensores de la libertad y del pueblo, como los que
estuvieron al lado del comunismo, la masonería, el marxismo e intervinieron
en los expolios, incendios, asesinatos y abusos que sufrimos desde 1936 a
1939, y autores de los sucesos que sumieron a España en la pobreza, la
destrucción y el caos del que Franco y sus seguidores lograron sacarnos,
gracias al esfuerzo de todos los españoles y al sacrificio de nuestros
mejores.
Ya no se
tolera que una calle nos recuerde un nombre glorioso. Y con desmesurada
venganza son rotas las lápidas honradas con los nombres de los héroes y las gestas
que culminaron con la victoria de aquella Cruzada de Liberación, cuyo solo
recuerdo les saca de quicio.
La hoz y el
martillo ha vuelto a enseñorearse de la calle y de la política. El nombre de
Dios, borrado de la Constitución. La unidad de España es tema provocativo en
las autonomías y “nacionalidades”, como provocación se considera el gritar “Arriba
España” o simplemente “viva el honor”.
¡Qué pena y
qué vergüenza!
La sangre de
nuestros caídos -caídos por amor- clama justicia ante tan graves agravios y
olvidos.
LLUYS
Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979
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