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martes, 22 de septiembre de 2026

El aberrante catolicismo de los nacionalistas vascos

 Artículo de 1970

 “EL CATOLICISMO DE LOS NACIONALISTAS VASCOS”

 Tiene plena actualidad (1970), a pesar del transcurso del tiempo, para nuestros lectores, la lectura del prólogo a la obra “El Catolicismo de los Nacionalistas Vascos”, de don Pedro P. Altabella, escrito por don Javier Lauzurica, Administrador Apostólico de Vitoria (1939), a cuya diócesis pertenecía entonces Vizcaya.

 Naturalmente que nuestros lectores pensarán, tras su lectura, lo mismo que nosotros: Cualquier semejanza entre Administrador Apostólico (mons. Lauzurica, 1939) y Administrador Apostólico (mons. Cirarda, 1970, antifranquista) es pura coincidencia. Y no faltará quien se pregunte también ¿en qué quedamos señores Administradores Apostólicos?

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 Prólogo de Javier Lauzurica, Administrador Apostólico de Vitoria a la obra “EL CATOLICISMO DE LOS NACIONALISTAS VASCOS”, de d. Pedro Altabella (1939)

 “En el problema vasco, tan traído y llevado por toda Europa y América y, por regla general, tan mal comprendido, los hechos son bien patentes y la verdad que de ellos se desprende es, a nuestro juicio, clara.

 En España con la implantación en 1931 de una Constitución laica, lesiva de todo derecho religioso individual y social, con los atropellos y desmanes consiguientes cometidos contra la conciencia católica y, sobre todo, contra la Iglesia, se llegó la perpetración de crímenes y robos sacrílegos, al incendio de templos, al asalto de casas religiosas en tal forma que estos males, lejos de aminorarse con el tiempo, iban en aumento de día en día. A la Iglesia se la iba despojando de todo y, en el Estado español, la injusticia y el libertinaje ocuparon, por asalto, el trono que, en toda nación bien organizada posee pacíficamente la justicia y la verdadera libertad. Difícil es que se dé un caso en que aparezca más justificado un alzamiento.

 “Quien recuerde las listas de vandálicos desmanes leídas o presentadas en el Congreso y, sobre todo, piense en el monstruoso crimen de la madrugada del 13 de julio de 1936 (Calvo Sotelo) verá que el alzamiento fue la única tabla de salvación que flotaba sobre el borrascoso mar de nuestra Patria, y es tanta la verdad de esta afirmación que, por documentos auténticos sorprendidos al enemigo, estábamos por aquella fecha, en vísperas de ver convertida España entera en un cantón de Rusia bajo el tiránico poder de los “sin Dios”.

 “La Providencia nos deparó un hombre que, a su talento militar, unió un espíritu profundamente cristiano, heroicamente patriótico y serenamente recto. A él se adhirieron y debieron adherirse todos los hombres de buena voluntad que sintieran el respeto debido a la religión, el amor a la Patria y la preocupación de ver encuadrada la nación dentro del marco de “la justicia que eleva a los ciudadanos” (Prov. XIV, 34).

 “No lo entendieron así los dirigentes del Partido (católico) Nacionalista Vasco de Vizcaya y Guipúzcoa, a juzgar por la ayuda que desde el primer momento prestaron a la alianza marxista, poniéndose, por otra parte, en abierta contradicción con los sentimientos de su partido, que, al menos en gran parte de Vizcaya fue, en un principio, opuesto, en su casi totalidad, a la unión con los partidos de izquierda.

 “Por eso, hubo de levantar su voz quien tenía poder para ello y a oídos de todos los vascos llegó el documento pastoral de los excelentísimos señores Obispos de Vitoria y Pamplona, que publicaban “para conocimiento de todos y efectos consiguientes”, en él se reprobaba la unión con los enemigos de la Iglesia como ilícita, monstruosa y escandalosa. Poco después dirigía el excelentísimo señor Obispo de Vitoria una locución por radio a todos sus diocesanos, y entre otras graves afirmaciones les decía:

 Católicos vascos… No podéis, de ninguna manera, cooperar, ni mucho ni poco, ni directa ni indirectamente, al quebranto del Ejército español y cuerpos auxiliares requetés, falangistas y milicias ciudadanas que, enarbolando la auténtica bandera española bicolor, luchan heroicamente, por la Religión y por la Patria. Oh, si triunfaran los marxistas, rotos los diques todos de la religión, de la moralidad, de la decencia, la ola arrolladora hundiría a todos en su furioso ímpetu; no habrá salvación para los católicos y procurarán, por todos los medios, borrar hasta el último vestigio de Dios”.

 “El prelado mandaba, pero los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco desoyeron su voz y no le obedecieron. En cambio, se dejaron seducir por los ofrecimientos y halagos del líder socialista Prieto, y por un plato de mentidas libertades vendieron al pueblo vasco e hicieron traición a la primogenitura de la fe católica. Creyeron, sin duda, los dirigentes del Partido Vasco, que, desterrada y aun arrasada la religión del resto de España, podrían ellos conservarla en el rincón de su país. Semejante absurdo tiene una explicación que lo aclara todo. Los dirigente del Partido Nacionalista Vasco prefirieron la política a la religión y su órgano principal de prensa, “Euzkadi” se preocupó más de medrar políticamente que de defender la religión en toda su integridad. Esta subversión de principios ha sellado, con caracteres de catástrofe, gran parte de la región vasca”.

 “Queremos hacer constar aquí, para orgullo de Navarra y Álava, que esas dos provincias hermanas supieron mantenerse a la altura de su gloriosa y no desmentida tradición; en cambio, a gran parte de ciudadanos honrados de Vizcaya y Guipúzcoa hicieron claudicar unos cuantos dirigentes que no supieron apreciar en su justo valor el tesoro de espiritualidad que llegaron a tener en sus manos-

 “Más tarde pretendieron justificar su conducta, equipando los crímenes de la España roja con las ejecuciones de la España nacional. ¡Aberración inexplicable! En la España roja se ha perseguido al sacerdote como ministro de Dios, en la España nacional se le ha respetado siempre en su calidad de ministro de la Religión católica. En la España roja se han destruido, destrozado o inhabilitado los templos del Señor, destinándolos a usos profanos cuando no sacrílegos; en la España Nacional han continuado destinados al culto y, al paso que nuestras armas incorporaban los pueblos a la nueva España, los edificios recobraban su antigua denominación y, consagrados de nuevo al Señor, se abrían al culto. En la España roja, el odio la religión ha sido sistemático; en la España nacional se ha vivido y se vive intensamente la fe católica y se rivaliza en exteriorizar el amor a Dios.

 “Yo espero que este libro, que proyecta hechos importantes a la luz de la verdad, influirá, eficazmente, en los entendimientos oscurecidos por la ignorancia u ofuscados por el error.

 “Como la mejor recompensa a su trabajo, yo deseo al autor de este libro que se propague por todas partes y sea leído, de modo especial, por mis diocesanos, para que, conociendo el problema vasco en toda su significación, amemos todos juntos a la Iglesia con su Cabeza visible, el Papa, y a España con su incorporable Caudillo Franco.

 Vitoria, festividad de Santo Tomás de Aquino, 1939


Revista FUERZA NUEVA, nº 192, 12-Sep-1970

 

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