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Día de los
Mártires de la Tradición
Algunas veces,
el día 10 de marzo, mi pluma ha dejado sobre las blancas cuartillas el
homenaje que los mártires de la tradición merecen a lo largo de la historia;
este lema tan nuestro, tan sentido, tan escueto y tan amplio en contenido: “Ante
Dios no serás héroe anónimo”, que ha movilizado a tanta juventud
gloriosamente caída en nombre de Dios, la Patria, los fueros y el rey. Este
lema, que moviliza y agrupa actualmente a los herederos de las guerras
carlistas, a los nietos del 18 de Julio, y aun biznietos, en este afán
superador a los desalientos y claudicaciones; jamás se rinde un carlista,
jamás, y si se rinde, es que no lo era; auténticos guerreros de roja cimera,
curtidos en vendavales de más de siglo y medio, saben que su única misión es
luchar, y con su “detente” hacer frente en cualquier instante a los huracanes
que amenazan la destrucción de España, a la que ven humillada y entregada en
manos de los sin Dios y sin Patria, con olvido suicida de los que la rescataron de hordas sanguinarias, a las
que se glorifican porque las temen.
En todo
carlista hay un alcalde de Móstoles; pero ¿quién nos conoce en realidad? El carlismo,
para muchos, es el sesteo de un romántico recuerdo del pasado, con nuestras
divisiones, pero esto último ocurre en las mejores familias; ya cuando Aparisi
y Guijarro se hablaba de “carlistas viejos y carlistas nuevos”; no puede
haber más que un solo carlismo, lo sucedáneo no tiene sabor y ni se digiere.
Por esto, tal vez Villoslada escribió un famoso artículo: “El hombre que se
necesita”, que puede servir en su integridad para un mejor conocimiento de
nuestro rey Carlos VII:
“Abogado,
a tus pleitos; no busques en los bancos del Congreso la clientela que no has
sabido conquistar en el foro”;
“Médico, a
tus enfermos; no vengas a matar con discursos políticos a los que no puedes
curar con tus recetas”;
“Escritorzuelo,
a la escuela; aprende primero lo que te propones enseñar;
“Empleado,
a tu oficina: la nación te paga para que sirvas, no para que medres en los
bancos del Parlamento;, y a trabajar todo el mundo, que la política está
siendo la trampa de la Ley de Vagos”.
Es un largo y
sabroso artículo que no reproduzco en su integridad, pues temo que le
democracia al uso nos lo decapitaría.
Don Carlos VII
conocía los límites de la monarquía cristiana, sabía además perfectamente la
historia de España y sus famosas palabras “gobernar no es transigir” tienen
vivencia actualísima en los momentos difíciles, duros, en que se hace
almoneda de la integridad de la Patria, entregada a voceros sin pizca de
sentido común ni responsabilidad.
¡Cuán dura la
lucha de los carlistas para defender la unidad de la Patria! Sabemos de
luchas más que nadie y cuando veo a esos muchachos y muchachas defendiendo su
boina, sé que ni los desaires ni la persecución podrán con ellos, pues
mientras los años pasan, la honrosa rebeldía carlista, que no sabe de
claudicaciones, está cada vez más latente; y un nuevo brillo en sus ojos
juveniles nos hace recordar a nosotros, los mayores, como se reirían si
supieran que por no dar la corona a Carlos VII se la ofrecieron Espartero, de
sesenta y siete años, que tuvo, al menos, el buen gusto de no aceptarla. ¡Cuánto
desearía se tuviera un conocimiento exacto del carlismo!
Carlos VII
escribió su hermano Alfonso Carlos I (el rey que movilizó a tantos requetés
en la Cruzada):
“El pueblo
español, amaestrado por una experiencia dolorosa desea en verdad que su rey
sea rey de veras y no sombra de rey, y que sean las Cortes ordenada y
pacífica junta de independientes e incorruptibles procuradores de pueblos,
pero no asambleas tumultuosas y estériles de diputados empleados o diputados
pretendientes de mayorías serviles y de minorías sediciosas (…)
“Mi
pensamiento fijo, mi deseo constante es, cabalmente, dar a España lo que no
tiene, a pesar de mentidas vociferaciones de algunos ilusos, es dar a España
la amada libertad que sólo conoce de nombre; la libertad es hija del
Evangelio, no el liberalismo, que es hijo de la protesta; la libertad que es
al fin el reinado de las leyes, cuando las leyes son justas, es conformes al
derecho de naturaleza, al derecho de Dios”.
Como catalana,
dos veces española, os diré que Carlos VII reconoció los Fueros de Cataluña:
“Hace
siglo y medio -decía don Carlos- mi ilustre abuelo Felipe V creyó deber
borrar vuestros fueros del Libro de Franquicias de la Patria. Lo que él os
quitó como rey, yo como rey os lo devuelvo, que si fuisteis hostiles al
fundador y mi dinastía, baluarte sois hoy de su legítimo representante. ¡Dios,
Patria, fueros y rey! es el lema sagrado de los carlistas”.
Jamás vuestros
reyes dejaron de servir al pueblo que tanto amaron y así quedó instituida el 10
de marzo la fiesta de los Mártires de la Tradición. Nuestro rey honró en
permanente memoria a sus valientes soldados.
Abrid vuestro
corazón a la sin igual raza carlista. No se puede hablar de lo que no se
conoce o se desfigura. Inasequibles al desaliento, hombres y mujeres que han
aguantado a pie firme los vendavales de la historia de España. Estos son los requetés.
Así fueron nuestros mártires. Al rendirles hoy nuestro tributo de respeto,
cuando nuestras oraciones se eleven al cielo, nuestros caídos, nuestros
mártires nos darán con su ejemplo, a todos los que luchamos por una causa
justa, el camino a seguir. Una sociedad materializada, embotada por el apoltronamiento,
sin ideales, que es controlada por comunicaciones de masas, no conseguirá que
los carlistas abdiquen de la tradición que dio a la Patria los mejores
momentos de su historia.
María
Teresa AUBÁ (Presidenta
nacional de las Margaritas. Hermandad Nacional
de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés)
Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979
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