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¿DÓNDE ESTÁ EL AÑO DE LA FE?
Por IJCIS
(…) Lo que hace España
La revista «Ecclesia»
propone como modelos de mentalidad eclesial a los teólogos que oscurecen los
dogmas y combaten las encíclicas.
La Editorial
Católica Nova Terra se encarga de traducir y difundir esa escandalosa y
sangrienta diatriba contra la Iglesia que se llama Objetions to Roman Catolicism. A pesar del juicio durísimo y
total repulsa de L’Osservatore Romano, se afanan en propagarla, muy
apostólicamente, «Incunable».
Ese mismo periódico sacerdotal nos viene a predicar por la pluma de dos
clérigos díscolos y comprometidos «una
nueva religión». Es la del hervidero holandés, en cuya vorágine naufragan las
encíclicas y… ni las verdades más elementales del Catecismo sobrenadan.
«Sal Terrae»
y «Ya» ensayan una canonización anti
Vaticano I del apóstata del sacerdocio y de la Iglesia, Charles Davis.
«Cuadernos para el Diálogo» revista de Ruiz-Giménez,
la figura laica española más cotizada (¿?), y, desde luego, más conocida en
el ámbito internacional (y la más elevada en el Vaticano), se honra con las
colaboraciones de Mosén Dalmáu, desorientador, de posiciones difícilmente
conciliables con la doctrina auténtica de la Iglesia, cuya lectura constituye
un serio peligro»… (Boletín Arzob. Barcelona). Más de una proposición
temeraria, errónea y semiherética (por no decir herética) ha estampado en los
Cuadernos el famoso cura (ver ¿Qué PASA, 8-X-66). De ahí que sea tan extraña
y sorprendente la metódica oposición de la revista al Gobierno español, el que
más se esfuerza por adaptar su legislación al pensamiento de la Iglesia. De
ahí que no todos comprendan ese tragarse el camello de las herejías doctrinales en su periódico…
para después colar el mosquito de discutibles
(pero nunca condenables)
procedimientos y opciones temporales (del
régimen del 18 de Julio).
Enrique Miret
Magdalena, otra figura conspicua de nuestro catolicismo oficial, se había ganado a pulso, semana tras semana, con sus
ataques directos e indirectos al juridicismo
de la Iglesia esta repulsa inapelable de Pablo VI: «El que siente una
aversión preconcebida por las leyes eclesiásticas no tiene el verdadero sensus Ecclesiae, y quien cree hacer
progresar a la Iglesia demoliendo simplemente las estructuras de su edificio
espiritual, doctrinal, ascético, disciplinar, prácticamente destruye a la
Iglesia» (17-VIII-66). Mas, impertérrito, no contento ahora con alabar a los
doctores neerlandeses censurados por el Papa, iniciarse en su catecismo y
comulgar en sus altares, se revuelve una vez más contra el supremo magisterio…
no encontrando nada bueno en la reciente encíclica.
Los
sacerdotes y religiosos de Amistad Judeo-Cristiana, que habían confundido al
verdadero Pueblo de Dios con la escandalosa profanación de la iglesia de Santa
Rita para «librar de títulos injustificados al buen pueblo de Dios», no se han conmovido ni
parecen haber vibrado siquiera ante la increíble blasfemia que en su Boletín (nov-dic.
66) cargan en la cuenta de Juan XXIII y, por eso, y aun con el desmentido
oficial de la Santa Sede, ni en este Año de la Fe abjuran de esta sacrílega
imputación atribuida a la Iglesia, de “haber crucificado dos veces a Cristo:
una en su carne divina; otra en su carne judaica…”
¿Quieren
ustedes un bello comentario de las apremiantes apelaciones del Vicario de
Cristo al sagrado Magisterio? Pues no faltará alguna publicación apostólica y social de los jesuitas (¿?) que escriba (sin
que se encienda de vergüenza) en sus páginas: “que la única nota estridente
del último Congreso Mundial del Apostolado Seglar en Roma… fue el discurso
del Papa” (¡¡!!)
Como si la
confusión fuera pequeña, en la versión castellana del Canon de la Misa se nos
dice que la palabra “católica” «estaba en el Canon mucho antes de que
existiera como tal la confesión cristiana llamada católica». Se puede
desorientar más?
Por otra
parte, las semanas y conferencias sobre
ateísmo están radicalmente viciadas de problematismo escéptico, y más
parecen encaminadas a turbar a los
creyentes que a inquietar a los incrédulos…
La nueva
apologética busca sus argumentos en Nietzsche y Freud, Sartre y Simone de
Beauvoir, y no se arredra de llamar traidor
al Apóstol, a quien se le ocurrió la peregrina
idea de que no teníamos morada permanente: ya que la «idea cristiana -dejarán
flotando en el aire- de que el mundo es una peregrinación no es aceptable,
porque es una traición al mundo».
Como ven, es
la manera ideal de… orientar nuestras ideas y aspiraciones al cielo.
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 208, 23-Dic-1967
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