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domingo, 4 de enero de 2026

Las “maravillas” del Año de la Fe

 Artículo de 1967

  ¿DÓNDE ESTÁ EL AÑO DE LA FE?

 Por IJCIS

 (…) Lo que hace España

 La revista «Ecclesia» propone como modelos de mentalidad eclesial a los teólogos que oscurecen los dogmas y combaten las encíclicas.

 La Editorial Católica Nova Terra se encarga de traducir y difundir esa escandalosa y sangrienta diatriba contra la Iglesia que se llama Objetions to Roman Catolicism. A pesar del juicio durísimo y total repulsa de L’Osservatore Romano, se afanan en propagarla, muy apostólicamente, «Incunable».

  Ese mismo periódico sacerdotal nos viene a predicar por la pluma de dos clérigos díscolos y comprometidos «una nueva religión». Es la del hervidero holandés, en cuya vorágine naufragan las encíclicas y… ni las verdades más elementales del Catecismo sobrenadan. 

 «Sal Terrae» y «Ya»  ensayan una canonización anti Vaticano I del apóstata del sacerdocio y de la Iglesia, Charles Davis.

  «Cuadernos para el Diálogo» revista de Ruiz-Giménez, la figura laica española más cotizada (¿?), y, desde luego, más conocida en el ámbito internacional (y la más elevada en el Vaticano), se honra con las colaboraciones de Mosén Dalmáu, desorientador, de posiciones difícilmente conciliables con la doctrina auténtica de la Iglesia, cuya lectura constituye un serio peligro»… (Boletín Arzob. Barcelona). Más de una proposición temeraria, errónea y semiherética (por no decir herética) ha estampado en los Cuadernos el famoso cura (ver ¿Qué PASA, 8-X-66). 

De ahí que sea tan extraña y sorprendente la metódica oposición de la revista al Gobierno español, el que más se esfuerza por adaptar su legislación al pensamiento de la Iglesia. De ahí que no todos comprendan ese tragarse el camello de las herejías doctrinales en su periódico… para después colar el mosquito de discutibles (pero nunca condenables) procedimientos y opciones temporales (del régimen del 18 de Julio).

 Enrique Miret Magdalena, otra figura conspicua de nuestro catolicismo oficial, se había ganado a pulso, semana tras semana, con sus ataques directos e indirectos al juridicismo de la Iglesia esta repulsa inapelable de Pablo VI: «El que siente una aversión preconcebida por las leyes eclesiásticas no tiene el verdadero sensus Ecclesiae, y quien cree hacer progresar a la Iglesia demoliendo simplemente las estructuras de su edificio espiritual, doctrinal, ascético, disciplinar, prácticamente destruye a la Iglesia» (17-VIII-66). Mas, impertérrito, no contento ahora con alabar a los doctores neerlandeses censurados por el Papa, iniciarse en su catecismo y comulgar en sus altares, se revuelve una vez más contra el supremo magisterio… no encontrando nada bueno en la reciente encíclica.

 Los sacerdotes y religiosos de Amistad Judeo-Cristiana, que habían confundido al verdadero Pueblo de Dios con la escandalosa profanación de la iglesia de Santa Rita para «librar de títulos injustificados al buen pueblo de Dios», no se han conmovido ni parecen haber vibrado siquiera ante la increíble blasfemia que en su Boletín (nov-dic. 66) cargan en la cuenta de Juan XXIII y, por eso, y aun con el desmentido oficial de la Santa Sede, ni en este Año de la Fe abjuran de esta sacrílega imputación atribuida a la Iglesia, de “haber crucificado dos veces a Cristo: una en su carne divina; otra en su carne judaica…”

 ¿Quieren ustedes un bello comentario de las apremiantes apelaciones del Vicario de Cristo al sagrado Magisterio? Pues no faltará alguna publicación apostólica y social de los jesuitas (¿?) que escriba (sin que se encienda de vergüenza) en sus páginas: “que la única nota estridente del último Congreso Mundial del Apostolado Seglar en Roma… fue el discurso del Papa” (¡¡!!)

 Como si la confusión fuera pequeña, en la versión castellana del Canon de la Misa se nos dice que la palabra “católica” «estaba en el Canon mucho antes de que existiera como tal la confesión cristiana llamada católica». Se puede desorientar más?

 Por otra parte, las semanas y conferencias sobre ateísmo están radicalmente viciadas de problematismo escéptico, y más parecen encaminadas a turbar a los creyentes que a inquietar a los incrédulos…

 La nueva apologética busca sus argumentos en Nietzsche y Freud, Sartre y Simone de Beauvoir, y no se arredra de llamar traidor al Apóstol, a quien se le ocurrió la peregrina idea de que no teníamos morada permanente: ya que la «idea cristiana -dejarán flotando en el aire- de que el mundo es una peregrinación no es aceptable, porque es una traición al mundo».

 Como ven, es la manera ideal de… orientar nuestras ideas y aspiraciones al cielo.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 208, 23-Dic-1967 

 

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