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DESTRUIR DESDE DENTRO
Muchas veces hemos pensado ¿qué
sentirán los hombres que, bajo el comunismo, han sufrido persecución por la
fe, cuando llegan Occidente y pueden apreciar la degradación doctrinal y
disciplinaria de ciertos medios eclesiásticos?
El “Periódico de la Iglesia
que sufre” nos facilita un testimonio impresionante de esta situación. Se
trata del diario de un sacerdote checoslovaco, que padeció doce años de
prisión en las cárceles comunistas. El 8 de febrero de 1960, al ser puesto en
libertad, expresa la tristeza en que se ha transformado la alegría de su
liberación, al serle comunicado por la policía que no puede ejercer su función
sacerdotal. En 14 de marzo, anota su angustia al comprobar que, después de la
dura jornada de trabajo manual, no es capaz de realizar un esfuerzo
espiritual. “Sé, dice, que el sacerdote sólo tiene obligación de celebrar la
misa algunas veces en el año. No tengo, pues, la obligación de celebrarla
todos los días. Pero ¿se puede hablar de obligación cuando yo siento que se
trata de una necesidad de mi alma? Así no puedo continuar. Corro peligro de
convertirme en un ex sacerdote”.
Peligro que, al parecer, no
inquieta a esos sacerdotes que, con toda libertad para cumplir su ministerio
sacerdotal, se encuentran absorbidos por el afán de “encarnación” en el mundo,
y subordinan la misa, la oración o los sacramentos al mitin, la reunión del comité,
la manifestación subversiva y la propaganda política. A estos no les preocupa
convertirse en ex sacerdotes y muchos lo son, de hecho.
El sacerdote checoslovaco
consigue pasar a Occidente. Por fin vuelve a la Iglesia de la libertad. Su
desconcierto ante el panorama eclesial que encuentra es angustioso. En la
anotación del 13 de mayo de 1968 lo describe así: “Los sacramentos
considerados signos mágicos y no realidad; la busca de un Jesús histórico del
cual no alcanzamos a saber nada; la desmitización de la Sagrada Escritura. Cualquier
observación acerca del “magisterio intrigante disipado” obtiene siempre un
aplauso estrepitoso… En mi patria, en Checoslovaquia, con la mitad de
semejantes ataques al Papa y contra nuestros reverendísimos obispos me
hubiera ganado inmediatamente la liberación de la cárcel y hasta es posible
que hubiera llegado a miembro del Gobierno. De cualquier forma hubiera tenido
la vida fácil”.
En 1969 se traslada a Holanda.
Allí es alojado en una casa del clero con otros 24 sacerdotes. Se celebra una
sola misa al día, en una capilla que le parece un crematorio. Mucho menos
acogedora que las habitaciones de los sacerdotes. Se le dice que puede
celebrar la misa cada quince días. ¿Para eso el sacerdote checoslovaco ha
sufrido persecución durante tantos años? En el diario añade un comentario que
dejo a la valoración de los lectores: “Qué torpes son nuestros perseguidores
comunistas con su violencia. En Occidente, con otros métodos que no alcanza a
comprender, Satanás ha logrado un éxito mayor…”
Hacer apóstatas, en vez de
hacer mártires… ¿Qué tolerancias son las
culpables?
Juan Nuevo
Revista FUERZA NUEVA, nº169, 4-Abr-1970
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