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viernes, 30 de octubre de 2026

Escándalos blasfemos en universidad jesuita

 Artículo de 1979

  DEUSTO

La Universidad de los jesuitas de Deusto (Bilbao) ha vuelto a ser noticia. Decimos “ha vuelto” no sólo por las veces que en los últimos tiempos ha aparecido en la prensa a consecuencia de incidentes en su recinto, sino porque, desde más atrás, desde la época en que se inició el lamentable desenganche de la Iglesia española (de cierta Iglesia española clerical y teledirigida) del Régimen del 18 de Julio, al que tantos beneficios debía, incluido el de la propia supervivencia en libertad, la Universidad de Deusto comenzó a sonar con sucesos poco gratos. Los escribimos con tristeza, pero la verdad tiene sólo un camino.

 Ahora (1979) ha sonado, con motivo de un “festejo” celebrado en la misma por parte del alumnado el 19 de enero, con la denominación de “Día de San Canuto”. Hubo protestas, condenas, sanciones y huelgas. Pero ¿qué fue lo que en realidad ocurrió? El rector de la Universidad jesuita se ha creído obligado a aclarar los sucesos mediante una “nota de información” remitida a los padres de los alumnos. Redactada con fría objetividad, de llevarse al cine creemos que merecería la calificación “S”, concedida como premio propagandístico a películas pornográficas. No obstante, convencidos de la prudencia con que la nota ha sido redactada, vamos a reproducir los párrafos que permiten valorar con exactitud los sucesos ocurridos en una Universidad de la Iglesia, creada, suponemos, para lograr una formación moral de los alumnos acorde con los principios cristianos.

 Misa blasfema

 Dice la nota citada: “El acto comenzó con un simulacro de procesión por los claustros, portando en andas una figura ataviada con unos pretendidos ornamentos y a la que habían colocado un gran canuto a modo de pene. En la “procesión” participaban unos doscientos alumnos, algunos de los cuales iban disfrazados, destacando uno vestido de franciscano, otro de militar, etc. El desfile iba acompañado de cantos, música, serpentinas, alumnos portando puerros en las manos, etc. (…)”.

 Luego, en el Aula Magna, tuvo lugar, a la luz de unas velas, una especie de misa blasfema, durante la cual (copiamos textualmente): “Se celebraron actos tales como la “consagración del porro” y la distribución de galletas y vino, a modo de comunión; así como entonándose cánticos o salmodias litúrgicos, con letras conteniendo alusiones sexuales y un diálogo o remedo de confesión sacramental sexo-cómica”.

 Según aclara la repetida nota, “no es la primera vez que hechos semejantes tiene lugar el recinto universitario”. Durante el pasado curso se celebró el llamado “Día de San Manolo, virgen y mártir”, durante el que se introdujeron en la Universidad jesuita dos figuras: una masculina con atributos viriles, como el de “San Canuto”, y otra femenina. “El acto -volvemos a copiar textualmente- consistió en síntesis en una parodia religiosa en que se simula el coito entre las dos figuras y se dirigieron al “santo” oraciones cuyo contenido vamos a omitir, pues creemos que el lector queda suficientemente enterado de la procacidad y grosería que presidieron los actos”.

 Además de otros actos de parecido estilo, la nota nos informa de que, durante tres años consecutivos, se vienen celebrando burdas parodias del Vía Crucis y enterramientos “con motivo del aniversario del 20 de noviembre”. Aunque el rector de Deusto púdicamente no nos dice aqué aniversario se refiere, nos figuramos que es el de la muerte del Generalísimo Franco, ante cuya memoria se deberían descubrir todos los jesuitas españoles, por el más elemental sentido de la gratitud.

 Interrogantes

 Ya conocemos suficientemente los hechos, su gravedad y significado. Pero no desaparecen las interrogantes. Dos principalmente acuden a nuestro pensamiento.

 Primera. ¿Qué hicieron el rector y profesores jesuitas de la Universidad de Deusto para impedir la pública realización de actos blasfemos, intolerables para un cristiano en cualquier parte y más para algunos religiosos en su propia casa?

 Nada, suponemos. Nada por lo menos nos cuenta la nota informativa del Rectorado, y es de suponer que de haber hecho algo, con las consecuencias que una intervención enérgica hubiera supuesto, nos lo relatarían con igual minuciosidad que el aspecto pornográfico de los muñecos empleados. Y uno se pregunta: ¿Qué hubiera pasado si el rector y los restantes jesuitas se presentan en el Aula Magna durante la celebración de la misa blasfema e imitan a Cristo cuando echó a los mercaderes que profanaban el templo?

 Segunda. Durante muchos años de ejecutoria gloriosa, la Universidad de Deusto gozó de envidiable fama entre los católicos españoles por la recia formación moral que daba a los estudiantes que pasaban por sus aulas. La dirección de Deusto, mejor que nosotros, podría hacer pública una lista de ejemplares cristianos, de ejemplares españoles -muchos aureolados por el martirio- que se formaron en la Universidad. Conocemos con detalle, gracias a la nota del Rectorado, el cambio producido en los alumnos. Preguntamos: ¿Cuál ha sido el cambio de los educadores que explica este cambio en los educados?

 He ahí una pregunta cuya respuesta les gustaría conocer a muchos católicos, a muchos españoles.

 R. I.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 639, 7-Abr-1979


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