DEUSTO La Universidad de los jesuitas de Deusto (Bilbao) ha vuelto a ser
noticia. Decimos “ha vuelto” no sólo por las veces que en los últimos tiempos
ha aparecido en la prensa a consecuencia de incidentes en su recinto, sino
porque, desde más atrás, desde la época en que se inició el lamentable
desenganche de la Iglesia española (de cierta Iglesia española clerical y
teledirigida) del Régimen del 18 de Julio, al que tantos beneficios debía,
incluido el de la propia supervivencia en libertad, la Universidad de Deusto
comenzó a sonar con sucesos poco gratos. Los escribimos con tristeza, pero la
verdad tiene sólo un camino. Ahora (1979) ha sonado, con motivo de un “festejo” celebrado
en la misma por parte del alumnado el 19 de enero, con la denominación de “Día
de San Canuto”. Hubo protestas, condenas, sanciones y huelgas. Pero ¿qué fue
lo que en realidad ocurrió? El rector de la Universidad jesuita se ha creído
obligado a aclarar los sucesos mediante una “nota de información” remitida a
los padres de los alumnos. Redactada con fría objetividad, de llevarse al
cine creemos que merecería la calificación “S”, concedida como premio
propagandístico a películas pornográficas. No obstante, convencidos de la
prudencia con que la nota ha sido redactada, vamos a reproducir los párrafos
que permiten valorar con exactitud los sucesos ocurridos en una Universidad
de la Iglesia, creada, suponemos, para lograr una formación moral de los
alumnos acorde con los principios cristianos. Misa blasfema Dice la nota citada: “El acto comenzó con un simulacro de procesión
por los claustros, portando en andas una figura ataviada con unos pretendidos
ornamentos y a la que habían colocado un gran canuto a modo de pene. En la “procesión”
participaban unos doscientos alumnos, algunos de los cuales iban disfrazados,
destacando uno vestido de franciscano, otro de militar, etc. El desfile iba
acompañado de cantos, música, serpentinas, alumnos portando puerros en las
manos, etc. (…)”. Luego, en el Aula Magna, tuvo lugar, a la luz de unas velas, una
especie de misa blasfema, durante la cual (copiamos textualmente): “Se
celebraron actos tales como la “consagración del porro” y la distribución de
galletas y vino, a modo de comunión; así como entonándose cánticos o salmodias
litúrgicos, con letras conteniendo alusiones sexuales y un diálogo o remedo
de confesión sacramental sexo-cómica”. Según aclara la repetida nota, “no es la primera vez que hechos
semejantes tiene lugar el recinto universitario”. Durante el pasado curso se
celebró el llamado “Día de San Manolo, virgen y mártir”, durante el que se
introdujeron en la Universidad jesuita dos figuras: una masculina con
atributos viriles, como el de “San Canuto”, y otra femenina. “El acto -volvemos
a copiar textualmente- consistió en síntesis en una parodia religiosa en que
se simula el coito entre las dos figuras y se dirigieron al “santo” oraciones
cuyo contenido vamos a omitir, pues creemos que el lector queda
suficientemente enterado de la procacidad y grosería que presidieron los
actos”. Además de otros actos de parecido estilo, la nota nos informa de que,
durante tres años consecutivos, se vienen celebrando burdas parodias del Vía
Crucis y enterramientos “con motivo del aniversario del 20 de noviembre”. Aunque
el rector de Deusto púdicamente no nos dice aqué aniversario se refiere, nos
figuramos que es el de la muerte del Generalísimo Franco, ante cuya memoria
se deberían descubrir todos los jesuitas españoles, por el más elemental
sentido de la gratitud. Interrogantes Ya conocemos suficientemente los hechos, su gravedad y significado. Pero
no desaparecen las interrogantes. Dos principalmente acuden a nuestro
pensamiento. Primera. ¿Qué hicieron el rector y profesores jesuitas de la
Universidad de Deusto para impedir la pública realización de actos blasfemos,
intolerables para un cristiano en cualquier parte y más para algunos
religiosos en su propia casa? Nada, suponemos. Nada por lo
menos nos cuenta la nota informativa del Rectorado, y es de suponer que
de haber hecho algo, con las consecuencias que una intervención enérgica
hubiera supuesto, nos lo relatarían con igual minuciosidad que el aspecto
pornográfico de los muñecos empleados. Y uno se pregunta: ¿Qué hubiera pasado
si el rector y los restantes jesuitas se presentan en el Aula Magna durante
la celebración de la misa blasfema e imitan a Cristo cuando echó a los
mercaderes que profanaban el templo? Segunda. Durante muchos años de ejecutoria gloriosa, la Universidad
de Deusto gozó de envidiable fama entre los católicos españoles por la recia
formación moral que daba a los estudiantes que pasaban por sus aulas. La
dirección de Deusto, mejor que nosotros, podría hacer pública una lista de
ejemplares cristianos, de ejemplares españoles -muchos aureolados por el
martirio- que se formaron en la Universidad. Conocemos con detalle, gracias a
la nota del Rectorado, el cambio producido en los alumnos. Preguntamos: ¿Cuál
ha sido el cambio de los educadores que explica este cambio en los educados? He ahí una pregunta cuya respuesta les gustaría conocer a muchos católicos,
a muchos españoles. R. I.
Revista FUERZA NUEVA, nº 639, 7-Abr-1979
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