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domingo, 4 de octubre de 2026

Incesante subversión en la Iglesia (4)

 Artículo de 1968

  La parábola del Hijo Pródigo, a la inversa... Ahora son los padres los que alejan del hogar a los hijos más fieles

 Querido director:

 Independientemente de mis crónicas habituales, creo de interés poner en su conocimiento que le escribo estas letras desde Roma. Una comisión de católicos hastiados del clima progresista que se hace irrespirable ha acudido a la Ciudad Eterna para exponer allí varios asuntos del máximo interés en la confianza de que les será dada la debida solución. Digo confianza porque desde hace algunos años no puede sentirse la certidumbre de la seguridad administrativa.

 Este hecho me ha permitido la ocasión de tomar el pulso a los últimos acontecimientos (1968) más importantes, entre los que destaca la renovación de la Curia Romana. Nunca tendré mejor ocasión para vivir de cerca esta situación que puede calificarse de angustiosa para muchas conciencias católicas que no han sido contaminadas por el virus progresista. Puedo asegurarle que se palpa un clima enrarecido. Tras algunas gestiones de carácter administrativo, he podido captar que no se vislumbra ninguna claridad en el reformismo galopante que nos acosa, ni inspira mucha confianza esta orientación posconciliar que el centro refleja sobre la periferia.

 Es muy humana la desconfianza hacia los cambios. Así las cosas, los católicos están cambiando de tono. Porque son ya demasiados los que se sienten abandonados, prácticamente expulsados, despreciados, y víctimas de una espesa cortina de silencio. Sus conciencias son constantemente agredidas por resultar ser indeseables sus convicciones incambiadas, y en esta época de diálogo se les sigue considerando como rezagados, fósiles, y fragmentos o vestigios de una forma de creer, de razonar y de obrar a la que se está hundiendo socialmente.

 Es, por lo tanto, sobradamente justificado el que muchísimos católicos no hayan querido contribuir en las colectas para la sedicente «prensa católica» que sólo aprovechan a verdaderos «comités de prensa y propaganda» de la Iglesia Conciliar Reformada Vaticanosegunda, que ha tomado a su cargo difundir la doctrina marxista y tributar culto al hombre.

 Que lo que viene sucediendo en el interior de la Iglesia es más que grave nos lo acredita un hecho muy significativo: aquellos que se consideraban «conservadores» frente a los innovadores, que luego se calificaban de «tradicionalistas» frente a los progresistas, y nunca habían admitido el ser «integristas», ya se identifican con este último título. Una postura de esta naturaleza sólo se adopta cuando se llega al convencimiento de que el enemigo sigue obteniendo posiciones tanto en el centro como en la periferia.

 Desde la propia Roma se capta mucho mejor—a poco que se agudice el instinto de observación— (…) Una observación más atenta de los últimos acontecimientos nos sitúa ante una realidad de consecuencias aún imprevisibles, y ésta es el que la gloriosa, la eficacísima Curia Romana se ha suicidado por obediencia y ha sido convertida, prácticamente, en una especie de funcionariado quinquenal cortesano y «obediencialista».

 Queda ya muy lejos—no por el tiempo transcurrido, sino por la rapidez de los acontecimientos—aquel periodo de la vida de la Iglesia en que cada Príncipe de la Iglesia y no pocos altos cargos de la Curia Romana tenían personalísima categoría de papables. Hoy (1968), desgraciadamente, vistas las cosas desde el ángulo humano, esta situación no se da en esta Iglesia que nos presentan como la Conciliar Reformada Vaticanosegunda, que ha «superado», más de lo que podían prever las almas cándidas, la primera idea que impulsó al Papa Juan XXIII a convocar el Concilio «con el propósito de reafirmar el magisterio eclesiástico». 

Después se nos dijo que el Concilio sería «pastoral» sin formulaciones doctrinales, sin condenación de errores, porque sólo era cuestión de «rejuvenecer el rostro de la Iglesia». Y como que con maquillajes no se resuelve nada, así  ha andado la «pastoral», la disciplina. la liturgia y las «formulaciones nuevas de la misma doctrina».

 Eso no se ve con la debida claridad si uno no anda por Roma con el propósito de resolver algún conflicto de los que los progresistas y «conciliaristas» provocan a los católicos que no esperaban que el «aggiornamento» fuese en su realidad práctica el disfraz de la subversión. Y así resulta que la realidad aparece muy distinta del primer propósito del Papa Roncalli.

 Ha causado estupor la noticia que en Roma se viene divulgando —no confirmada ni desmentida en las esferas de «alto nivel»—, según la cual el progresista Revd. P. Schillebeeckx—uno de los principalísimos fundadores de la IDO-C—será «elevado» al Cardenalato. Debería asombrar la sola posibilidad de que pueda ser noticia el que quien inspirara a la IDO-C, y ha sido el «animador» del Concilio Pastoral de Holanda, sea considerado posible candidato a la Púrpura Cardenalicia.

 Además, no es ningún secreto en los altos estamentos de la Curia Romana el origen e inspiraciones de la IDO-C y sus colaboradores marxistas. Porque aunque no sea noticia del dominio público, tampoco es ningún secreto el que colaboran con la citada ID0-C la organización «católica» inglesa «SLANT», integrada por comunistas y conectada con el movimiento policíaco polaco «PAX»; así como también son miembros influyentes de dicha IDO-C la «ZNAC» polaca, anexa al Frente de Unidad Nacional, dominado por los comunistas. También tiene vinculación influyente con la IDO-C míster Jack Dunnan, miembro del Partido Comunista de Gran Bretaña y «especialista en ecumenismo». Podría extenderme más sobre el particular, pero la atención que les debo a los lectores de ¿QUÉ PASA? me obliga a reseñar lo estrictamente necesario.

 Por lo que al Padre Schillebeeckx se refiere, está en la memoria de todos, y también en los comentarios captados en Roma, su defensa de «cierto pluralismo de la interpretación de la fe» sustentada durante el Sínodo Episcopal que tuvo lugar en Roma el pasado otoño (1967); su condicionamiento de que «lo esencial debe hacerse a través del Pueblo de Dios»; su tesis favorable a convertir al episcopado en «un Consejo Permanente con derecho a decidir» para, a continuación, convertirlo en «el medio para la reintegración del Magisterio de Pedro a la Iglesia total», incluyéndose a las comunidades cristianos no-católicas.

 Una situación similar a la hasta aquí descrita ya fue magníficamente profetizada por Edith Delamare en un artículo que publicó en la revista francesa «Rivarol» el 13 de abril de 1967 con el título «Le Soviet français dans la Curie romaine (…).

 Tampoco estará de más el recordar la declaración que hizo monseñor Paul Poupard, adscrito a la Secretaría de Estado, al presentar a los periodistas la encíclica «Populorum progressio», manifestándoles que «los siete proyectos de la encíclica han sido redactados en francés». De la acogida que se dispensó a la «Populorum progressio» ya tuve ocasión de informarle en su día desde mis habituales crónicas desde Francia, a las que, según se me ha dicho, le prestan su atención la camarilla francesa de la Secretaría de Estado, cuyo «neutralismo» es notorio.

 Quiera Dios que su «pacifismo católico» no resulte contrario a la Verdad Revelada—que es como la quiso Jesucristo y no como la desean las apetencias humanas—ni sirva para los fines que aprovechan a los que en nombre de la «paz» empujan a la humanidad hacia las más espantosas convulsiones por causa de haber desmedulado la capacidad de resistencia y recobro allí donde únicamente ésta es positivamente factible.

 Por si pudiera serle de utilidad, le adjunto fotocopia de un fragmento de «L’Osservatore Romano» del 11 de enero de 1967 que publica el nombramiento de Joaquín Ruiz Giménez como miembro del «Consilium de Laicis», juntamente con la página 88 del DOSSIER DE LA IDO-C, que señala a Joaquín Ruiz Giménez como uno de los principalísimos componentes del grupo de la IDO-C de España.

 Muchas otras cosas podría decirle, querido don Joaquín Pérez Madrigal, pero confío en que ocasión no faltará. Creo que, por el momento, he conseguido poder ofrecerle mis impresiones captadas en Roma, donde, téngalo por seguro, también los hay que leen ¿QUE PASA?

 Sin otro particular por el momento, y con mi sincera para nuestros lectores, reciba un respetuoso abrazo de su sincero amigo,

 A. ROIG

Roma, 14 febrero 1968


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 


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