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La parábola del Hijo Pródigo, a la
inversa... Ahora son los padres los que alejan del
hogar a los hijos más fieles
Querido
director:
Independientemente
de mis crónicas habituales, creo de interés poner en su conocimiento que le
escribo estas letras desde Roma. Una comisión de católicos hastiados del
clima progresista que se hace irrespirable ha acudido a la Ciudad Eterna para
exponer allí varios asuntos del máximo interés en la confianza de que les
será dada la debida solución. Digo confianza porque desde hace algunos años
no puede sentirse la certidumbre de la seguridad administrativa.
Este hecho me ha
permitido la ocasión de tomar el pulso a los últimos acontecimientos (1968)
más importantes, entre los que destaca la renovación de la Curia Romana.
Nunca tendré mejor ocasión para vivir de cerca esta situación que puede
calificarse de angustiosa para muchas conciencias católicas que no han sido
contaminadas por el virus progresista. Puedo asegurarle que se palpa un clima
enrarecido. Tras algunas gestiones de carácter administrativo, he podido
captar que no se vislumbra ninguna claridad en el reformismo galopante que
nos acosa, ni inspira mucha confianza esta orientación posconciliar que el
centro refleja sobre la periferia.
Es muy humana la
desconfianza hacia los cambios. Así las cosas, los católicos están cambiando
de tono. Porque son ya demasiados los que se sienten abandonados,
prácticamente expulsados, despreciados, y víctimas de una espesa cortina de
silencio. Sus conciencias son constantemente agredidas por resultar ser
indeseables sus convicciones incambiadas, y en esta época de diálogo se les
sigue considerando como rezagados, fósiles, y fragmentos o vestigios de una
forma de creer, de razonar y de obrar a la que se está hundiendo socialmente.
Es, por lo
tanto, sobradamente justificado el que muchísimos católicos no hayan querido
contribuir en las colectas para la sedicente «prensa católica» que sólo
aprovechan a verdaderos «comités de prensa y propaganda» de la Iglesia
Conciliar Reformada Vaticanosegunda, que ha tomado a su cargo difundir la
doctrina marxista y tributar culto al hombre.
Que lo que viene
sucediendo en el interior de la Iglesia es más que grave nos lo acredita un
hecho muy significativo: aquellos que se consideraban «conservadores» frente
a los innovadores, que luego se calificaban de «tradicionalistas» frente a
los progresistas, y nunca habían admitido el ser «integristas», ya se identifican con
este último título. Una postura de esta naturaleza sólo se adopta cuando se
llega al convencimiento de que el enemigo sigue obteniendo posiciones tanto
en el centro como en la periferia.
Desde la propia
Roma se capta mucho mejor—a poco que se agudice el instinto de observación—
(…) Una observación más atenta de los últimos acontecimientos nos sitúa ante
una realidad de consecuencias aún imprevisibles, y ésta es el que la
gloriosa, la eficacísima Curia Romana se ha suicidado por obediencia y ha
sido convertida, prácticamente, en una especie de funcionariado quinquenal
cortesano y «obediencialista».
Queda ya muy
lejos—no por el tiempo transcurrido, sino por la rapidez de los
acontecimientos—aquel periodo de la vida de la Iglesia en que cada Príncipe
de la Iglesia y no pocos altos cargos de la Curia Romana tenían personalísima
categoría de papables. Hoy (1968), desgraciadamente, vistas las cosas desde
el ángulo humano, esta situación no se da en esta Iglesia que nos presentan
como la Conciliar Reformada Vaticanosegunda, que ha «superado», más de lo que
podían prever las almas cándidas, la primera idea que impulsó al Papa Juan
XXIII a convocar el Concilio «con el propósito de reafirmar el magisterio
eclesiástico». Después se nos dijo que el Concilio sería «pastoral» sin formulaciones
doctrinales, sin condenación de errores, porque sólo era cuestión de
«rejuvenecer el rostro de la Iglesia». Y como que con maquillajes no se
resuelve nada, así ha andado la
«pastoral», la disciplina. la liturgia y las «formulaciones nuevas de la
misma doctrina».
Eso no se ve con
la debida claridad si uno no anda por Roma con el propósito de resolver algún
conflicto de los que los progresistas y «conciliaristas» provocan a los
católicos que no esperaban que el «aggiornamento» fuese en su realidad
práctica el disfraz de la subversión. Y así resulta que la realidad
aparece muy distinta del primer propósito del Papa Roncalli.
Ha causado
estupor la noticia que en Roma se viene divulgando —no confirmada ni
desmentida en las esferas de «alto nivel»—, según la cual el progresista Revd.
P. Schillebeeckx—uno de los principalísimos fundadores de la IDO-C—será
«elevado» al Cardenalato. Debería asombrar la sola posibilidad de que pueda
ser noticia el que quien inspirara a la
IDO-C, y ha sido el «animador» del Concilio Pastoral de Holanda, sea
considerado posible candidato a la Púrpura Cardenalicia.
Además, no es
ningún secreto en los altos estamentos de la Curia Romana el origen e
inspiraciones de la IDO-C y sus colaboradores marxistas. Porque aunque no sea
noticia del dominio público, tampoco es ningún secreto el que colaboran con
la citada ID0-C la organización «católica» inglesa «SLANT», integrada por
comunistas y conectada con el movimiento policíaco polaco «PAX»; así como
también son miembros influyentes de dicha IDO-C la «ZNAC» polaca, anexa al
Frente de Unidad Nacional, dominado por los comunistas. También tiene
vinculación influyente con la IDO-C míster Jack Dunnan, miembro del Partido
Comunista de Gran Bretaña y «especialista en ecumenismo». Podría extenderme más
sobre el particular, pero la atención que les debo a los lectores de ¿QUÉ
PASA? me obliga a reseñar lo estrictamente necesario.
Por lo que al Padre
Schillebeeckx se refiere, está en la memoria de todos, y también en los
comentarios captados en Roma, su defensa de «cierto pluralismo de la
interpretación de la fe» sustentada durante el Sínodo Episcopal que tuvo
lugar en Roma el pasado otoño (1967); su condicionamiento de que «lo
esencial debe hacerse a través del Pueblo de Dios»; su tesis favorable a
convertir al episcopado en «un Consejo Permanente con derecho a decidir» para,
a continuación, convertirlo en «el medio para la reintegración del
Magisterio de Pedro a la Iglesia total», incluyéndose a las comunidades
cristianos no-católicas.
Una situación
similar a la hasta aquí descrita ya fue magníficamente profetizada por Edith
Delamare en un artículo que publicó en la revista francesa «Rivarol» el 13 de
abril de 1967 con el título «Le Soviet français dans la Curie romaine (…).
Tampoco estará
de más el recordar la declaración que hizo monseñor Paul Poupard, adscrito a
la Secretaría de Estado, al presentar a los periodistas la encíclica
«Populorum progressio», manifestándoles que «los siete proyectos de la
encíclica han sido redactados en francés». De la acogida que se dispensó a la
«Populorum progressio» ya tuve ocasión de informarle en su día desde mis
habituales crónicas desde Francia, a las que, según se me ha dicho, le
prestan su atención la camarilla francesa de la Secretaría de Estado, cuyo
«neutralismo» es notorio.
Quiera Dios que
su «pacifismo católico» no resulte contrario a la Verdad Revelada—que es como
la quiso Jesucristo y no como la desean las apetencias humanas—ni sirva para
los fines que aprovechan a los que en nombre de la «paz» empujan a la
humanidad hacia las más espantosas convulsiones por causa de haber
desmedulado la capacidad de resistencia y recobro allí donde únicamente ésta
es positivamente factible.
Por si pudiera
serle de utilidad, le adjunto fotocopia de un fragmento de «L’Osservatore
Romano» del 11 de enero de 1967 que publica el nombramiento de Joaquín Ruiz
Giménez como miembro del «Consilium de Laicis», juntamente con la página 88
del DOSSIER DE LA IDO-C, que señala a Joaquín Ruiz Giménez como uno de los
principalísimos componentes del grupo de la IDO-C de España.
Muchas otras
cosas podría decirle, querido don Joaquín Pérez Madrigal, pero confío en que
ocasión no faltará. Creo que, por el momento, he conseguido poder ofrecerle
mis impresiones captadas en Roma, donde, téngalo por seguro, también los hay
que leen ¿QUE PASA?
Sin otro
particular por el momento, y con mi sincera para nuestros lectores, reciba un
respetuoso abrazo de su sincero amigo,
A. ROIG
Roma, 14 febrero 1968
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968
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