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¿QUÉ SE PROPONEN LA CONGREGACION DE LA
DOCTRINA DE LA FE Y LA MASONERIA?
… De momento, que los católicos quedemos a
dos velas
«Los jóvenes son
felices —escribía Voltaire hacia la mitad de su siglo—, ellos verán grandes
cosas...», palabras proféticas en cuanto a su última parte. Lo que dudo mucho
es que aquellas cosas que vieron les hicieran tan felices como pensara el
enciclopedista. Tomando la profecía por nuestra, tampoco creemos que a los
jóvenes actuales, y a los que ya no lo somos, nos vayan a hacer más felices
las que empezamos a ver o a entrever.
Estamos en época
de cambios, y de cambios profundos, que deberían meditarse mucho antes de
llevarlos a la práctica, pues son irreversibles. Situaciones que han
permanecido inmutables durante siglos de más reciedumbre que el actual, están
siendo revisadas por no tener ya cabida en la época que vivimos. Todo está
orientado al diálogo, la comprensión y la componenda, aunque el éxito no
siempre acompañe a la empresa, como se está demostrando en
Inglaterra, donde los bellos propósitos de que oren juntos los de diferentes
religiones, han terminado a manos de la fuerza pública.
Se nos lleva a
dialogar con los que no quieren el diálogo, sino la sumisión; y se nos
invita, en aras de la comprensión, a entregar las armas en vez de velarlas
—oficio de caballeros—, olvidándose que, desde Galba al cura de La Solana, al
que voluntariamente se desarma, le espera el degüello.
Ahora se trata
de dar término, con arte de alta confitería, al grave conflicto que desde
1738 enfrenta a la Iglesia y a la Masonería.
Una noticia de
prensa nos informa de que en los países bálticos, los masones que se
conviertan al catolicismo, quedan autorizados para frecuentar su antigua
logia. No deja de ser extraño que con la misma sencillez con que se decreta
el principio de la doble nacionalidad, se pueda implantar el de la doble
conciencia. ¿Cómo un hombre puede acumular dos conciencias y profesar dos religiones
simultáneamente, la de la Iglesia y la de la contra-iglesia? Con esta
autorización sospechamos que se ha dado realidad a lo que siempre fue la
suprema antinomia: encender una vela a Dios y otra al diablo, olvidando que
si de momento quedamos a dos velas, dentro de poco estaremos a una sola, pues
apagarán la primera quedándonos con la de los «hijos de la luz», de la luz masónica.
Ante tantas
mutaciones como estamos presenciando, que han llegado a agotar nuestra
capacidad de asombro, sospechamos que éste no es más que el primer paso, y que
esta novedad, circunscrita hoy a los países fríos, se extenderá con el tiempo
a otros más templados.
En 1965 se editó
en Francia un libro que no tiene desperdicio. Su autor Alec Mellor, hombre de
las logias, lo titula «La Charte inconnue de la Franc-Maçonnerie chrétienne».
Por él nos enteramos que hay una masonería cristiana, difícil de concebir si
tenemos en cuenta que la logia es la antesala de la Sinagoga. Para que no
falte la debida confusión, el libro ostenta el «Nihil obstat» del jesuíta
padre André Bonnichon, y está prologado por otro sacerdote de la misma Orden,
cuyo nombre nos es ya conocido: P. M. Riquet.
Tanto el autor
como su inefable prologante, especulan con la existencia, no de una
Masonería, sino de varias obediencias masónicas; una irregular, «justamente
condenada por la Iglesia y por las Logias», y otra regular que debe recibir
toda suerte de bendiciones por su sincero cristianismo. A la primera, o
nefanda, pertenece entre otras, el Gran Oriente de Francia, y la «cristiana» o
regular es la Gran Logia Unida de Inglaterra, que se corresponde en Francia
con la Gran Logia Nacional Francesa (Neuilly).
Sirve de
argumento al libro que, según dicen, hubo una masonería jacobita que era
cristiana, pero a continuación nos aclara que Jacobo III, pretendiente
católico al trono inglés, exiliado en Roma, después de haber usado el
instrumento masónico, lo quiso aniquilar por medio de una condena papal, la
de Clemente XII, e impidió a su hijo el príncipe Carlos-Eduardo que fuese
masón, como declaró éste a su consejero áulico Waechter.
Es probable,
continúa, que desde 1738, Jacobo III, bien porque la destruyera o porque la
remitió al Santo Oficio por mediación de su amigo el cardenal Corsini, había
hecho desaparecer la documentación masónica. Por lo tanto, la única masonería
que queda en Inglaterra es la hannoveriana, protestante y antivaticanista
llamada la Gran Logia Unida de Inglaterra, madre de todas las masonerías del
mundo, a excepción, según el autor, de la del RITO ESCOCES ANTIGUO Y
ACEPTADO.
Es casualidad
que la autorización hecha a los masones escandinavos esté basada precisamente
en que pertenecen a logias que están bajo la obediencia de la Gran Logia
Unida de Inglaterra, así llamada desde que en 1813 se terminó la escisión de
las dos Grandes Logias reconciliadas, y de la cual el señor Mellor nos da
algunos datos.
En 1962, la G.L.U.I.
contaba con 6.996 logias, con unos 800.000 miembros. Su presupuesto es el más
rico del mundo, su nivel económico no se puede comparar al de ninguna otra
organización privada de Inglaterra. Cuenta entre sus adheridos a los miembros
de la familia real, de la aristocracia, del episcopado anglicano, de la City
y de las figuras más representativas de la política, de la diplomacia, de la
marina y del ejército, del mundo intelectual y del de los grandes negocios.
Sir Winston Churchill fue miembro de la logia «Stundholme» núm. 1.591.
Anteriormente,
el Rey Eduardo VII fue un gran maestre muy amado, y más cerca de nosotros, el
Rey Jorge VI fue un masón de los más «practicantes» (1).
En 1874 se
produjo un acontecimiento en esta Gran Logia. El gran maestre en persona,
lord Ripon, se convirtió al catolicismo, por cuyo motivo hubo de abandonar la
masonería. El «Times» del 3 de septiembre de 1874 (pág. 3, col. 6) relata la
lectura de la carta de dimisión del gran maestre, leída en la Gran Logia. El efecto
producido paralizó a la asistencia hasta el punto de que durante un momento
nadie pudo hablar. Ellos se afirman deístas, es decir, que aunque reconocen a
Dios como autor de la Naturaleza, no admiten la revelación ni el culto
externo.
La Gran Logia de
Inglaterra es la obediencia-piloto de toda la masonería regular. La jerarquía
anglicana ejerce de hecho la capellanía de la Gran Logia. Uno de los últimos
capellanes fue lord Fisher, no ha mucho arzobispo de Canterbury.
El bloque de la
Franc-Masonería regular de patente inglesa comprende igualmente a las tres
masonerías escandinavas, objeto de la excepción, de las cuales, la sueca
tiene por gran maestre al Rey Gustavo VI (2).
No es aventurado
suponer que si las pretensiones de Alec Mellor y el padre Riquet se han visto
confirmadas en este punto antes de los tres años, dentro de poco tiempo igual
suerte alcanzarán sus restantes deseos, que al decir del padre Riquet «transparentan
el voto ecuménico de unir a los hombres, por encima de todo lo que los
divide». ¿No será para unir a todos los hombres en la desgracia, padre
Riquet?
Asegura Mellor
que no es dudoso que la comisión posconciliar, creada para revisar el Código
actual de Derecho canónico, volverá a encontrar en su trabajo los cánones
2.335 y 2.336, que son, en la legislación actual (1968) de la Iglesia,
los textos en vigor en relación con la Masonería. Ellos impiden a los fieles
adherirse «a una secta masónica u otras que se entregan a maquinaciones
contra la Iglesia o los poderes civiles legítimos».
Subraya el autor
que sustraer a esta masonería de la censura eclesiástica es bueno para el
espíritu del Derecho canónico, como lo han sido las instrucciones del Santo
Oficio relativas a la aplicación de la encíclica «Humanum genus», de León
XIII.
No creemos que
tarde mucho en suprimirse los cánones 2.335 y 2.336 del Derecho canónico,
pero buena complicación se les presentará a los católicos, tan legos en estas
cuestiones, distinguir si determinados masones son regulares o irregulares.
Particularmente a mí, los llamados regulares, me parecen de lo peorcito. Pío Cardenal
(1) Alec Mellor:
«La Franc-Maçonnerie á l’heure du choix». págs. 71-72.
(2) Alec Mellor: «La Franc-Maçonnerie á
l’heure du choix». pág. 113.
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968
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