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sábado, 24 de octubre de 2026

Visto bueno de la Iglesia a la Masonería

Artículo de 1968

 ¿QUÉ SE PROPONEN LA CONGREGACION DE LA DOCTRINA DE LA FE Y LA MASONERIA?

 … De momento, que los católicos quedemos a dos velas

   «Los jóvenes son felices —escribía Voltaire hacia la mitad de su siglo—, ellos verán grandes cosas...», palabras proféticas en cuanto a su última parte. Lo que dudo mucho es que aquellas cosas que vieron les hicieran tan felices como pensara el enciclopedista. Tomando la profecía por nuestra, tampoco creemos que a los jóvenes actuales, y a los que ya no lo somos, nos vayan a hacer más felices las que empezamos a ver o a entrever.

 Estamos en época de cambios, y de cambios profundos, que deberían meditarse mucho antes de llevarlos a la práctica, pues son irreversibles. Situaciones que han permanecido inmutables durante siglos de más reciedumbre que el actual, están siendo revisadas por no tener ya cabida en la época que vivimos. Todo está orientado al diálogo, la comprensión y la componenda, aunque el éxito no siempre acompañe a la empresa, como se está demostrando en Inglaterra, donde los bellos propósitos de que oren juntos los de diferentes religiones, han terminado a manos de la fuerza pública.

 Se nos lleva a dialogar con los que no quieren el diálogo, sino la sumisión; y se nos invita, en aras de la comprensión, a entregar las armas en vez de velarlas —oficio de caballeros—, olvidándose que, desde Galba al cura de La Solana, al que voluntariamente se desarma, le espera el degüello.

 Ahora se trata de dar término, con arte de alta confitería, al grave conflicto que desde 1738 enfrenta a la Iglesia y a la Masonería.

 Una noticia de prensa nos informa de que en los países bálticos, los masones que se conviertan al catolicismo, quedan autorizados para frecuentar su antigua logia. No deja de ser extraño que con la misma sencillez con que se decreta el principio de la doble nacionalidad, se pueda implantar el de la doble conciencia. ¿Cómo un hombre puede acumular dos conciencias y profesar dos religiones simultáneamente, la de la Iglesia y la de la contra-iglesia? Con esta autorización sospechamos que se ha dado realidad a lo que siempre fue la suprema antinomia: encender una vela a Dios y otra al diablo, olvidando que si de momento quedamos a dos velas, dentro de poco estaremos a una sola, pues apagarán la primera quedándonos con la de los «hijos de la luz», de la luz masónica.

 Ante tantas mutaciones como estamos presenciando, que han llegado a agotar nuestra capacidad de asombro, sospechamos que éste no es más que el primer paso, y que esta novedad, circunscrita hoy a los países fríos, se extenderá con el tiempo a otros más templados.

 En 1965 se editó en Francia un libro que no tiene desperdicio. Su autor Alec Mellor, hombre de las logias, lo titula «La Charte inconnue de la Franc-Maçonnerie chrétienne». Por él nos enteramos que hay una masonería cristiana, difícil de concebir si tenemos en cuenta que la logia es la antesala de la Sinagoga. Para que no falte la debida confusión, el libro ostenta el «Nihil obstat» del jesuíta padre André Bonnichon, y está prologado por otro sacerdote de la misma Orden, cuyo nombre nos es ya conocido: P. M. Riquet.

 Tanto el autor como su inefable prologante, especulan con la existencia, no de una Masonería, sino de varias obediencias masónicas; una irregular, «justamente condenada por la Iglesia y por las Logias», y otra regular que debe recibir toda suerte de bendiciones por su sincero cristianismo. A la primera, o nefanda, pertenece entre otras, el Gran Oriente de Francia, y la «cristiana» o regular es la Gran Logia Unida de Inglaterra, que se corresponde en Francia con la Gran Logia Nacional Francesa (Neuilly).

 Sirve de argumento al libro que, según dicen, hubo una masonería jacobita que era cristiana, pero a continuación nos aclara que Jacobo III, pretendiente católico al trono inglés, exiliado en Roma, después de haber usado el instrumento masónico, lo quiso aniquilar por medio de una condena papal, la de Clemente XII, e impidió a su hijo el príncipe Carlos-Eduardo que fuese masón, como declaró éste a su consejero áulico Waechter.

 Es probable, continúa, que desde 1738, Jacobo III, bien porque la destruyera o porque la remitió al Santo Oficio por mediación de su amigo el cardenal Corsini, había hecho desaparecer la documentación masónica. Por lo tanto, la única masonería que queda en Inglaterra es la hannoveriana, protestante y antivaticanista llamada la Gran Logia Unida de Inglaterra, madre de todas las masonerías del mundo, a excepción, según el autor, de la del RITO ESCOCES ANTIGUO Y ACEPTADO.

 Es casualidad que la autorización hecha a los masones escandinavos esté basada precisamente en que pertenecen a logias que están bajo la obediencia de la Gran Logia Unida de Inglaterra, así llamada desde que en 1813 se terminó la escisión de las dos Grandes Logias reconciliadas, y de la cual el señor Mellor nos da algunos datos.

 En 1962, la G.L.U.I. contaba con 6.996 logias, con unos 800.000 miembros. Su presupuesto es el más rico del mundo, su nivel económico no se puede comparar al de ninguna otra organización privada de Inglaterra. Cuenta entre sus adheridos a los miembros de la familia real, de la aristocracia, del episcopado anglicano, de la City y de las figuras más representativas de la política, de la diplomacia, de la marina y del ejército, del mundo intelectual y del de los grandes negocios. Sir Winston Churchill fue miembro de la logia «Stundholme» núm. 1.591.

 Anteriormente, el Rey Eduardo VII fue un gran maestre muy amado, y más cerca de nosotros, el Rey Jorge VI fue un masón de los más «practicantes» (1).

 En 1874 se produjo un acontecimiento en esta Gran Logia. El gran maestre en persona, lord Ripon, se convirtió al catolicismo, por cuyo motivo hubo de abandonar la masonería. El «Times» del 3 de septiembre de 1874 (pág. 3, col. 6) relata la lectura de la carta de dimisión del gran maestre, leída en la Gran Logia. El efecto producido paralizó a la asistencia hasta el punto de que durante un momento nadie pudo hablar. Ellos se afirman deístas, es decir, que aunque reconocen a Dios como autor de la Naturaleza, no admiten la revelación ni el culto externo.

 La Gran Logia de Inglaterra es la obediencia-piloto de toda la masonería regular. La jerarquía anglicana ejerce de hecho la capellanía de la Gran Logia. Uno de los últimos capellanes fue lord Fisher, no ha mucho arzobispo de Canterbury.

 El bloque de la Franc-Masonería regular de patente inglesa comprende igualmente a las tres masonerías escandinavas, objeto de la excepción, de las cuales, la sueca tiene por gran maestre al Rey Gustavo VI (2).

 No es aventurado suponer que si las pretensiones de Alec Mellor y el padre Riquet se han visto confirmadas en este punto antes de los tres años, dentro de poco tiempo igual suerte alcanzarán sus restantes deseos, que al decir del padre Riquet «transparentan el voto ecuménico de unir a los hombres, por encima de todo lo que los divide». ¿No será para unir a todos los hombres en la desgracia, padre Riquet?

 Asegura Mellor que no es dudoso que la comisión posconciliar, creada para revisar el Código actual de Derecho canónico, volverá a encontrar en su trabajo los cánones 2.335 y 2.336, que son, en la legislación actual (1968) de la Iglesia, los textos en vigor en relación con la Masonería. Ellos impiden a los fieles adherirse «a una secta masónica u otras que se entregan a maquinaciones contra la Iglesia o los poderes civiles legítimos».

 Subraya el autor que sustraer a esta masonería de la censura eclesiástica es bueno para el espíritu del Derecho canónico, como lo han sido las instrucciones del Santo Oficio relativas a la aplicación de la encíclica «Humanum genus», de León XIII.

 No creemos que tarde mucho en suprimirse los cánones 2.335 y 2.336 del Derecho canónico, pero buena complicación se les presentará a los católicos, tan legos en estas cuestiones, distinguir si determinados masones son regulares o irregulares. Particularmente a mí, los llamados regulares, me parecen de lo peorcito.

Pío Cardenal

 (1) Alec Mellor: «La Franc-Maçonnerie á l’heure du choix». págs. 71-72.

(2) Alec Mellor: «La Franc-Maçonnerie á l’heure du choix». pág. 113.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

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