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«FALANGE, HOY», A CARGO DE ROBERTO REYES EN EL CIRCULO DOCTRINAL "JOSE
ANTONIO", DE BARCELONA
El Circulo
Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, agrupa a una nutrida selección de
falangistas de la primera hora, así como también a buen número de catalanes
compenetrados con el sentir en catalán a la eterna metafísica española, manera
joseantoniana de sentir la Tradición con soluciones acordes con las exigencias
de cada momento. La ortodoxia católica de sus componentes, la integridad
doctrinal de todas sus actitudes, (en esta hora en que Barcelona vive el más
inconcebible activismo progresista encubridor de un incalificable contubernio
marxista-liberal-separatista) consecuentes con la auténtica proyección
doctrinal que en todos los órdenes impulsara José Antonio en una manera de pensar
y de ser, mantiene en el Círculo Doctrinal «José Antonio» la llama de la
fidelidad inextinguible.
Mi admiración carlista
es el tributo obligado hacia quienes siguen manteniéndose fíeles en la
trayectoria política iniciada en 1933 con la plena adhesión del carlismo combativo
de aquella época, tal como la testificó Víctor Pradera en su artículo
«¿Bandera que se alza?», adhiriéndose plenamente a la doctrina expuesta por
José Antonio en el mitin fundacional de la Falange en el teatro de la
Comedia.
Es oportuno
recordar todo esto precisamente en estos momentos (1968) en que ex ministros,
antiguos importantes cargos, clérigos, institutos religiosos que traicionan
el espíritu de su fundador, adoptan actitudes negativas —como lo es el
defender desde el púlpito el derecho de huelga, etc.— con perfiles grotescos
que les imposibilitan para toda actuación que precise de un espíritu de convocatoria
y que provocan náuseas por sus espectaculares autocríticas de su pasado no
tan lejano para que sus actuaciones —de las que dicen desligarse— no estén en
la memoria de todos. El retorno de tales personas a las decadentes doctrinas
decimonónicas, que fueran causa de que España tuviera que ser salvada de su
desintegración en una gesta gloriosa a la que la Iglesia reconoció su
carácter de Cruzada, contrastan extraordinariamente con esta fidelidad
falangista —enemiga del inmovilismo estéril— que se mantiene en el Círculo
Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, frente a la subversión o al
chaqueteo, y a la traición de un obispo Opas o de un Fernando VII, de los
intelectuales que presentan como nuevas a las doctrinas trasnochadas cuya inoperancia
es origen y causa de la subversión marxista o de los más refinados traidores
que ahora se presentan como «evolucionistas».
Los carlistas
somos quienes tenemos más motivos para admirar la fidelidad de las actitudes
que se mantienen fieles a la eterna metafísica española, magníficamente
expuesta por José Antonio como fundamento doctrinal de la Falange, porque
sabemos de más de cien años de sacrificios, luchas e intransigencias doctrinales
y del enfrentamiento integrista contra el liberalismo y la masonería
infiltradas en las filas de la Iglesia. Y no puede menos que congratularnos
que la proyección social falangista sea la solución de los problemas que
España tiene pendientes de solución, que son muchísimos menos que los que estaban
por solucionar en abril de 1939. Son la prueba más elocuente y positiva de que
el ideario y estilo actualizado por José Antonio no han hecho estéril más de
cien años de fidelidad y sacrificio.
Este admirado y
magnífico Círculo Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, ha organizado un
ciclo de conferencias para el año 1968, la primera de las cuales ha tenido
lugar el día 10 de febrero en la sala del Fomento de Trabajo Nacional con la
disertación del tema «Falange, hoy», a cargo de Roberto Reyes Morales, hacia
el cual todos los elogios que le puedan ser tributados son pocos. La
presencia de Roberto Reyes —que resultó magnífica— estuvo a cargo de Luis de
Caralt.
El
conferenciante inició su disertación exponiendo su preocupación por ciertos
aspectos de la vida española —que están muy lejos del pesimismo y del
desaliento, incompatible con la autenticidad de la camisa azul y del yugo y
las flechas y todo cuanto ello representa— por cosas y casos que están
aconteciendo a todo lo largo y ancho de España. Seguidamente analizó con
concienzudo acierto los graves problemas que se le han planteado a la
Universidad española, que no nacen de una auténtica rebeldía justa, respetable
y legítima, sino de un sucio y subversivo juego político que debe ser atajado
porque es movido por impulsos reaccionarios unos y marxistas los otros,
perfectamente sincronizados, que buscan el desprestigio de la Universidad del
Estado y la consecución de la subversión marxista. Puso de relieve el hecho
de que ha sido y vuelve a ser la Universidad el campo experimental donde, con
impunidad, puede atacarse cualquier régimen, salvo él comunista —claro es,
dijo— como lo estamos viendo, porque
al mismo tiempo que en Madrid y Barcelona se agitan las Universidades de la
Alemania Federal, de Japón, de Hispanoamérica, de Argelia, de Bélgica,
respondiendo a una sincronización táctica perfecta.
Recordó el
concepto de Patria como un ambicioso quehacer de destinos comunes, de
rectificaciones de injusticias históricas dentro y fuera de sus fronteras,
como empieza a demostrarlo España en Gibraltar con el consenso mundial en su
favor. Puso en guardia contra el paro que nuestro Estado, por social y por
católico, no puede consentir ni que se inicie.
Afirmó que se ha
hecho demasiado caso a quienes olvidan que la poesía política ha muerto, lo
cual ha motivado que en España se haya pasado, en muy poco tiempo, de un
acendrado idealismo, de un sentido de servicio, solidaridad y amor inspirado
en el pensamiento, en la vida y en la muerte de José Antonio, a una filosofía
cuya única meta es «vivir mejor». Ello motiva que el saber no sea un medio,
sino un fin; que se diga con Nietzsche que «Dios ha muerto», o como afirmó un
cura belga en el Fórum Vergés —el abbé Louis Evely—, había que rectificar
hasta el Padrenuestro, y claro..., ¿para qué pensar en El?
La tecnocracia
sustituye a la esperanza por la ambición, aparta la confianza hacia toda fe y
se intenta eliminar toda religión, convirtiendo al poder técnico en soberano
y que el dinero sea medida de inteligencia y categoría social. Ello choca con
un notable sector de la juventud, pues la juventud es lo contrario de lo
prosaico y materialista, y por temperamento busca en todo autenticidad y
claridad, en unos tiempos que no se caracterizan por la claridad sino por la
confusión, que resulta ser total, ya que no ha escapado de ella ni la propia
Iglesia con dos mil años de existencia. (…)
También hizo
mención del hecho de que el mundo y especialmente el occidental, y España con
él, está enfermo, minado por ese nuevo y brutal materialismo a que antes se
refirió, más acusadamente en los países que entran como el nuestro en la fase
del desarrollo. Señala cómo hoy han aparecido en España delitos repugnantes
que hace diez años no los concebíamos siquiera, y que se adoptan actitudes
ante desgracias del prójimo que resultan inexplicables en
el pueblo español, que parece comenzar a perder su cordialidad tradicional,
particularmente en las grandes ciudades en cuyas calles se ve a la gente con
el mismo gesto adusto de abstracción y preocupación. (…)
Se refirió, con
conceptos muy claros, a la confusión y a la inquietud con la que se intenta
asaltar la fe católica de los españoles al revuelo de sedicentes personales
interpretaciones conciliares. Hizo mención de los rebrotes de separatismo a
que asistimos, demostrando su carácter trasnochado, desembocando en convertirnos
en cipayos de cualquier «grande», pues si bien es cierto que la Humanidad ha
prosperado en ciencia, no ha prosperado en conciencia.
Expuso
magistralmente el hecho de que no cabe hablar de una «standarización»
política universal, mera utopía, como Franco explicó en las Cortes, pues el
camino de la verdadera libertad es barrer la miseria y la ignorancia, y en
esto, España parece haberse puesto en camino, aunque lenta y difícilmente,
como tenía que ser porque maestra del mundo en muchas cosas, dadora de una
civilización a un continente, cuando perdió su originalidad sólo cosechó
desastres, y verdadero milagro ha sido el que los haya podido superar en sus
aspectos más graves.
La sala repleta
de falangistas, aplaudió las últimas frases del conferenciante, siendo
finalmente cantado por todos el «Cara al Sol». El acto constituyó
una demostración de que al servicio de España y sirviéndose a los ideales del
18 de julio de 1936, permanece intacto en Barcelona el espíritu de
convocatoria.
A. R.
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968
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