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viernes, 10 de abril de 2026

Hipocresía democristiana sobre el aborto constitucional

Artículo de 1979

 LLEGÓ LA BATALLA

 El diario “Ya” ha denunciado la existencia de un proyecto de ley para legalizar el aborto. El Gobierno Suárez se ha apresurado a desmentirlo. “Ya” emplaza a los partidos políticos para que se definan en la materia y convoca a los católicos para que no den su voto a los abortistas. Pero olvida algo muy importante que nosotros advertimos en nuestra campaña contra la aprobación del proyecto constitucional que “Ya” defendía: si hoy (1979) hay que convocar a los católicos a luchar contra la legalización del aborto es, simplemente, porque la Constitución lo hace posible

O, lo que es lo mismo, si el aborto se legaliza, la Constitución es culpable. Como culpables son los que con su voto ayudaron a aprobarla. En un referéndum no se puede votar “juxta modum”, como en una reunión eclesial. Hay que decir “sí” o “no”, y para votar “sí” un ciudadano tiene que estar convencido de que con esa Constitución no se abre la posibilidad de que sean establecidas leyes que vayan contra principios irrenunciables de sus creencias.

 Esta tesis es la que sostuvimos nosotros, y a esta tesis se oponía “Ya” y los que como “Ya” pensaban dejando para más tarde, para cuando no tuviera remedio, dar la batalla en defensa de principios como la defensa de la vida, que en la Constitución deberían haber quedado bien claros. Es inadmisible que quienes propugnaron el sí a la Constitución vengan ahora diciendo, como hace “Ya”, que “las ambigüedades que contenía no justificaban por sí solas el rechazo, pero que habrían de ser aclaradas inequívocamente a la hora de las leyes que aplicaría la Constitución”. ¿Por qué la “aclaración inequívoca” había de hacerse luego en leyes de rango inferior y, por tanto, mudables, en vez de antes, en el texto básico que configura una Constitución?

 Nosotros no lo entendemos y nos gustaría que “Ya” lo explicara. Entendemos perfectamente que un partido político que ha surgido y vivido del pacto y el cambalache, como UCD, o que se ha plegado a las exigencias del “consenso” como Alianza Popular, se tragara el sapo, en el toma y daca que exigía el acuerdo sobre el texto constitucional, quizá porque les interesaba más eliminar la ambigüedad en otros apartados que en el de la defensa de los niños que todavía no han salido del seno materno. Pero no lo entendemos, repetimos, en un periódico que pretende representar el pensamiento católico y no tiene, por tanto, por qué subordinar principios cristianos innegociables a las conveniencias políticas.

 DIOS POR MAYORÍA DE VOTOS

 La aceptación de las ambigüedades en el texto constitucional, sin más objetivo que conseguir que ese texto fuera aprobado por la mayoría de los partidos políticos, en función, precisamente, de sus ambigüedades, actualiza la censura que del sistema democrático, en su versión partitocrática, hacia José Antonio, cuando observaba que en cada elección, por una diferencia entre las papeletas de cada signo, los españoles íbamos a saber si creíamos o no creíamos en Dios, si España era o no una nación, si íbamos a tener o no la libertad de educar a nuestros hijos de acuerdo con nuestra conciencia, o si íbamos a poder o no seguir siendo hombres libres.

 Todos estos puntos con los que hoy actualizamos el pensamiento de José Antonio, han quedado lo suficientemente ambiguos en el texto constitucional para que las leyes que deben aclararlo lo hagan no en la forma que a “Ya”, le gustaría sino en la forma que le parezca bien al partido ganador, que puede ser uno abortista, anticristiano, separatista, marxista, o  todo a la vez. Contra eso precisamente debemos luchar, objetará “Ya”, y unirnos todos los católicos. A lo que replicamos: ¿Y por qué no hemos luchado antes, cuando podíamos con nuestro voto evitar una Constitución en cuyo marco fuera posible ese asalto intolerable a nuestras conciencias?

 Cierta vez que, a Sagasta, le hablaban de la responsabilidad ante la historia, repuso: “Ahí me las den todas”. No creemos que los redactores del “Ya” pensaran nada parecido cuando, para lograr el voto afirmativo a la Constitución, dejaban para más adelante (para la Historia) la aclaración de sus graves ambigüedades. En cualquier caso, la Historia está llamando ya a la puerta con ese proyecto abortista y volverá a llamar cada mañana o cada mes o cada cuatro años, con arreglo a la ideología o a los compromisos del partido en el poder. ¿O es que “Ya” conoce por inspiración angélica que los partidos abortistas no van a obtener nunca la mayoría en España? Si algún día ocurre, y el aborto se legaliza en el marco de una Constitución que “Ya” ayudó con todas sus fuerzas a aprobar, a cuantos asumen la línea ideológica de “Ya” no les quedará más que llorar como mujeres lo que no supieron defender como católicos. 

R. I.

Revista FUERZA NUEVA, nº 630, 3-Feb-1979

 

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