|
LLEGÓ LA
BATALLA
El diario “Ya”
ha denunciado la existencia de un proyecto de ley para legalizar el aborto.
El Gobierno Suárez se ha apresurado a desmentirlo. “Ya” emplaza a los
partidos políticos para que se definan en la materia y convoca a los
católicos para que no den su voto a los abortistas. Pero olvida algo muy
importante que nosotros advertimos en nuestra campaña contra la aprobación
del proyecto constitucional que “Ya” defendía: si hoy (1979) hay que
convocar a los católicos a luchar contra la legalización del aborto es, simplemente,
porque la Constitución lo hace posible. O, lo que es lo mismo, si el
aborto se legaliza, la Constitución es culpable. Como culpables son los
que con su voto ayudaron a aprobarla. En un referéndum no se puede votar “juxta
modum”, como en una reunión eclesial. Hay que decir “sí” o “no”, y para votar
“sí” un ciudadano tiene que estar convencido de que con esa Constitución no se
abre la posibilidad de que sean establecidas leyes que vayan contra
principios irrenunciables de sus creencias.
Esta tesis es
la que sostuvimos nosotros, y a esta tesis se oponía “Ya” y los que como “Ya”
pensaban dejando para más tarde, para cuando no tuviera remedio, dar la
batalla en defensa de principios como la defensa de la vida, que en la
Constitución deberían haber quedado bien claros. Es inadmisible que quienes
propugnaron el sí a la Constitución vengan ahora diciendo, como hace “Ya”, que
“las ambigüedades que contenía no justificaban por sí solas el rechazo,
pero que habrían de ser aclaradas inequívocamente a la hora de las leyes que
aplicaría la Constitución”. ¿Por qué la “aclaración inequívoca” había de
hacerse luego en leyes de rango inferior y, por tanto, mudables, en vez de
antes, en el texto básico que configura una Constitución?
Nosotros no
lo entendemos y nos gustaría que “Ya” lo explicara. Entendemos perfectamente
que un partido político que ha surgido y vivido del pacto y el cambalache,
como UCD, o que se ha plegado a las exigencias del “consenso” como Alianza
Popular, se tragara el sapo, en el toma y daca que exigía el acuerdo sobre el
texto constitucional, quizá porque les interesaba más eliminar la ambigüedad
en otros apartados que en el de la defensa de los niños que todavía no han
salido del seno materno. Pero no lo entendemos, repetimos, en un periódico
que pretende representar el pensamiento católico y no tiene, por tanto,
por qué subordinar principios cristianos innegociables a las conveniencias
políticas.
DIOS POR
MAYORÍA DE VOTOS
La aceptación
de las ambigüedades en el texto constitucional, sin más objetivo que
conseguir que ese texto fuera aprobado por la mayoría de los partidos
políticos, en función, precisamente, de sus ambigüedades, actualiza la
censura que del sistema democrático, en su versión partitocrática, hacia José
Antonio, cuando observaba que en cada elección, por una diferencia entre las
papeletas de cada signo, los españoles íbamos a saber si creíamos o no creíamos
en Dios, si España era o no una nación, si íbamos a tener o no la libertad de
educar a nuestros hijos de acuerdo con nuestra conciencia, o si íbamos a
poder o no seguir siendo hombres libres.
Todos estos
puntos con los que hoy actualizamos el pensamiento de José Antonio, han
quedado lo suficientemente ambiguos en el texto constitucional para que las
leyes que deben aclararlo lo hagan no en la forma que a “Ya”, le gustaría
sino en la forma que le parezca bien al partido ganador, que puede ser uno
abortista, anticristiano, separatista, marxista, o todo a la vez. Contra eso precisamente
debemos luchar, objetará “Ya”, y unirnos todos los católicos. A lo que
replicamos: ¿Y por qué no hemos luchado antes, cuando podíamos con nuestro voto
evitar una Constitución en cuyo marco fuera posible ese asalto intolerable a
nuestras conciencias?
Cierta vez
que, a Sagasta, le hablaban de la responsabilidad ante la historia, repuso:
“Ahí me las den todas”. No creemos que los redactores del “Ya” pensaran nada
parecido cuando, para lograr el voto afirmativo a la Constitución, dejaban
para más adelante (para la Historia) la aclaración de sus graves ambigüedades.
En cualquier caso, la Historia está llamando ya a la puerta con ese proyecto
abortista y volverá a llamar cada mañana o cada mes o cada cuatro años, con
arreglo a la ideología o a los compromisos del partido en el poder. ¿O es que
“Ya” conoce por inspiración angélica que los partidos abortistas no van a
obtener nunca la mayoría en España? Si algún día ocurre, y el aborto se
legaliza en el marco de una Constitución que “Ya” ayudó con todas sus fuerzas
a aprobar, a cuantos asumen la línea ideológica de “Ya” no les quedará más
que llorar como mujeres lo que no supieron defender como católicos.
R. I. Revista FUERZA NUEVA, nº 630, 3-Feb-1979
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario