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viernes, 7 de noviembre de 2025

Picasso: personaje libertino, insurrecto, comunista…

 Artículo de 1970

  Picasso y sus legados pictóricos a Barcelona

 A estas horas no vamos a descubrir la personalidad de Pablo Ruiz Picasso, al malagueño afincado en Barcelona, y que después, en Francia, ha alcanzado el cenit de su gloria artística. Digamos, por comenzar, que consideramos a Pablo Ruiz Picasso como un genial pintor. Que reconocemos la valía extraordinaria del autor de “El Arlequín” y de sus épocas azul y rosa principalmente. Anotemos que Picasso, de no extraviarse en sus esquizofrénicas extravagancias, hubiera podido superar a Sorolla, Zuloaga, Anglada Camarasa y Sert, pintores eminentes que no han alcanzado ni la publicidad ni la resonancia popular de Picasso, a pesar de que su obra sea objetivamente muy superior, por no disponer de las cajas de resonancia ni estar al servicio de los sectarismos a que se ha prestado Picasso.

 Dicho esto, somos los primeros que registramos la actitud y los objetivos hábilmente orquestados a que se prestó la entrega de los 58 lienzos pintados por Picasso bajo el título de “Las Meninas”, en memoria de Jaime Sabartés, su íntimo amigo. Recientemente (1970) ha donado otras novecientas obras más con destino a su museo, situado en el antiguo Palacio Dalmases de la calle Montcada. En esta ocasión se han descargado, como es de suponer, los más ditirámbicos elogios, sin matizaciones de ninguna clase -como sucede actualmente en la vida pública española- a lo que conviene sentar unas advertencias si no se quiere o no se desea intencionadamente que la obra de Picasso tenga los efectos disolventes que gravitan en gran parte del mismo.

 Para ello destacamos unos apartados que nos parecen incontestables:

 Picasso, de siempre, ha sido un agitador.-No lo decimos nosotros. Es el testimonio de Joan Sachs -seudónimo de Feliú Elías-, en un escrito inédito hecho en Francia. En el mismo, Joan Sachs recuerda las actuaciones de Picasso en Barcelona y que actualmente ha renovado Santos Torroella. En el mismo se nos dice que Picasso, ya desde su ingreso en LLotja, “fue un conspicuo protestador de las enseñanzas, de los profesores, de la casa y de cuanto concernía a aquella Escuela, que debieron aborrecer todos los miembros de la familia Ruiz Picasso”. Discípulo díscolo a más no poder; constante insurrecto, y no sólo por lo que a la Escuela atañía; “cualquier movimiento social, político, ético, etc., que implicara oposición, revuelta o insumisión tenía al instante la adhesión inflamada de Pablo Ruiz Picasso; en seguida tomaba partido, incluso tomaría las armas en apoyo de tal o cual de dichos movimientos, y ello a pesar de no estar en antecedentes ideológicos de la cuestión que de tal manera le agitaba…El espíritu de revuelta le elevó, seguramente sin convicción, al catalanismo extremista, y con los catalanistas del periodo épico libró algunas batallas contra la policía: asistió con sus camaradas a los actos públicos donde el catalanismo había de manifestarse más ruidosamente y allí aplaudían, voceaban, increpaban y, al son de “Els Segadors” atacaban a las autoridades de S. M.”.

 Picasso no es un modelo personal de moral familiar.-Aparte de otras aventuras más o menos sonadas, Picasso ha convivido matrimonialmente con Fernande Olivier, Eva Gouelt, Alga Khoklova, Marie Therese Walter, Dora Maar, Françoise Gilo, Jaqueline Roqué… De estos “matrimonios” ha tenido varios hijos. Recientemente (1970), en “La Vanguardia”, del 19 del pasado marzo, en primera página, se nos ejemplarizaba que Pablo Picasso se ha opuesto a la demanda judicial formulada por su hijo natural Claude, para que se declare legalmente su paternidad. Lo decimos por aquello del “legado espiritual” de que se nos habla.

 Picasso es fundamentalmente un pintor que hace proselitismo marxista. -En una entrevista publicada en el diario comunista “L’Humanité”, del 30 de octubre de 1944, Picasso declara abiertamente: “Mi adhesión al partido comunista es la consecuencia lógica de toda mi vida. Porque estoy orgulloso de decirlo, jamás he considerado la pintura como un arte de simple juego, de distracción: yo he querido, mediante el dibujo y el color, puesto que estas eran mis armas, penetrar siempre más adelante en el conocimiento del mundo y de los hombres, a fin de que este conocimiento nos libre a todos cada día más: yo he tratado de decir, a mi manera, lo que consideraba como lo más veraz, lo más justo, lo mejor,y esto era, naturalmente, lo más bello, bien lo saben los grandes artistas”. (…)

 Asimismo, en “Lettres françaises”, del 24 de marzo de 1945 contestaba a Simone Dery: “(…) No; la pintura no se ha hecho para decorar viviendas. Es un instrumento de guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo”. Así se explica la intervención directa en campañas contra el Estado español y contra España en que ha tomado parte Picasso. Él ha sido uno de los principales de la “Campaña pro-amnistía en España”. Él ha merecido el “Premio Lenin”. Y es el autor de las célebres palomas de la paz soviéticas y del cuadro “Guernica”, entre otros paneles subversivos. (…)

 Dadas las antecedentes referencias sobre la demagogia, intencionalidad, orquestación, filiación marxista concreta del autor, degradación de la figura humana en sus grotescas producciones más celebradas, escándalos eróticos de resonancia mundial en la última exposición londinense, preguntamos: en qué consiste la realidad trascendente del espíritu del arte de Picasso que hemos de cultivar? (…)

 Se ensalza a Picasso, en muchos, por su innegable significación política marxista, pues mejores pintores contemporáneos y artistas mundialmente consagrados yacen en el olvido o en situación precaria en la realización y ponderaciones debidas a sus obras, ya que en este proceso de auto-desmantelamiento ideológico de 18 de Julio que en muchos sectores responsables hoy se respira, recordar ciertos nombres y figuras no interesa.

 Estamos en la contradicción viviente de que, mientras el exilio rojo-anarco-separatista se desintegra y pulveriza (1970), en el interior de España se le hace el caldo gordo -¿acaso en nombre de contraste de pareceres?- a lo que ya se llama “operación retorno” que, para algunos, no sólo debe significar la vuelta de personajes y personajillos nefastos y de mal recordar e imposible olvidar, sino la jubilación vergonzante de los ideales del 18 de Julio de 1936 para convertirlos en letra muerta (…). Ahora, esto se completa -como en un avance más- con el Museo Picasso y sus legados, que nos parece muy bien se acepten y se valoren artísticamente, pero que es inaceptable que con papanatismo más que sospechoso y por lo visto extendido en todas las esferas, se nos haga tragar ahora a Picasso, no sólo como artista en lo que tenga de tolerable, sino como comunista y como enemigo consumado, pertinaz y militante de la España nacional y de su Estado y Leyes Fundamentales.

 Para nosotros, el juicio definitivo sobre Picasso y la filosofía de su fracaso y frustración artísticas, por más que digan lo contrario críticos baratos y vulgares repetidores de refritos y tópicos, nos lo dio Eugenio d’Ors, que en su primera época había mantenido los entusiasmos más ilimitados sobre el porvenir, significación y obra de Picasso; pero, no por política, sino por verdadera y ecuánime catalogación crítica, en su “Diálogo ayer tarde”, Eugenio d’Ors tuvo que exclamar: “¡Adiós al Rafael retardado, que en la figura de Pablo Picasso potencialmente se contenía!”

 Aunque ciertos sectores catalanistas no perdonaron y se vengaron de Eugenio d’Ors por no avenirse a sus bajezas y envidias, como ha demostrado, evidentemente, Guillermo Díaz-Plaja, es probable que los sucesores y discípulos de aquellos viejos políticos no acepten el certero e indesmentible juicio de Xenius. Pero el “legado espiritual” de Picasso sólo es aceptable a través de la filosofía que Eugenio d’Ors definitivamente nos dio sobre Pablo Picasso, el especialista en desfigurar y destrozar la figura humana. Un ayuntamiento de una España no comunista no debe perderlo de vista. Por mucha retórica y propaganda que se monte para envolver una mercancía y un nombre en muchos aspectos más que averiados, inadmisibles.

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº 170, 11-Abr-1970

 

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