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Picasso y sus legados pictóricos a
Barcelona
A estas horas no vamos a
descubrir la personalidad de Pablo Ruiz Picasso, al malagueño afincado en
Barcelona, y que después, en Francia, ha alcanzado el cenit de su gloria
artística. Digamos, por comenzar, que consideramos a Pablo Ruiz Picasso como
un genial pintor. Que reconocemos la valía extraordinaria del autor de “El
Arlequín” y de sus épocas azul y rosa principalmente. Anotemos que Picasso,
de no extraviarse en sus esquizofrénicas extravagancias, hubiera podido
superar a Sorolla, Zuloaga, Anglada Camarasa y Sert, pintores eminentes que no
han alcanzado ni la publicidad ni la resonancia popular de Picasso, a pesar
de que su obra sea objetivamente muy superior, por no disponer de las cajas
de resonancia ni estar al servicio de los sectarismos a que se ha prestado
Picasso.
Dicho esto, somos los
primeros que registramos la actitud y los objetivos hábilmente orquestados a que
se prestó la entrega de los 58 lienzos pintados por Picasso bajo el título de
“Las Meninas”, en memoria de Jaime Sabartés, su íntimo amigo. Recientemente (1970) ha donado otras novecientas obras más con destino a su museo, situado
en el antiguo Palacio Dalmases de la calle Montcada. En esta ocasión se han
descargado, como es de suponer, los más ditirámbicos elogios, sin
matizaciones de ninguna clase -como sucede actualmente en la vida pública
española- a lo que conviene sentar unas advertencias si no se quiere o no se
desea intencionadamente que la obra de Picasso tenga los efectos disolventes
que gravitan en gran parte del mismo.
Para ello destacamos unos
apartados que nos parecen incontestables:
Picasso, de siempre, ha sido
un agitador.-No lo decimos
nosotros. Es el testimonio de Joan Sachs -seudónimo de Feliú Elías-, en un
escrito inédito hecho en Francia. En el mismo, Joan Sachs recuerda las
actuaciones de Picasso en Barcelona y que actualmente ha renovado Santos Torroella.
En el mismo se nos dice que Picasso, ya desde su ingreso en LLotja, “fue
un conspicuo protestador de las enseñanzas, de los profesores, de la casa y
de cuanto concernía a aquella Escuela, que debieron aborrecer todos los
miembros de la familia Ruiz Picasso”. Discípulo díscolo a más no poder;
constante insurrecto, y no sólo por lo que a la Escuela atañía; “cualquier
movimiento social, político, ético, etc., que implicara oposición, revuelta o
insumisión tenía al instante la adhesión inflamada de Pablo Ruiz Picasso; en
seguida tomaba partido, incluso tomaría las armas en apoyo de tal o cual de
dichos movimientos, y ello a pesar de no estar en antecedentes ideológicos de
la cuestión que de tal manera le agitaba…El espíritu de revuelta le elevó,
seguramente sin convicción, al catalanismo extremista, y con los catalanistas
del periodo épico libró algunas batallas contra la policía: asistió con sus
camaradas a los actos públicos donde el catalanismo había de manifestarse más
ruidosamente y allí aplaudían, voceaban, increpaban y, al son de “Els Segadors”
atacaban a las autoridades de S. M.”.
Picasso no es un modelo
personal de moral familiar.-Aparte
de otras aventuras más o menos sonadas, Picasso ha convivido matrimonialmente
con Fernande Olivier, Eva Gouelt, Alga Khoklova, Marie Therese Walter, Dora
Maar, Françoise Gilo, Jaqueline Roqué… De estos “matrimonios” ha tenido
varios hijos. Recientemente (1970), en “La Vanguardia”, del 19 del pasado
marzo, en primera página, se nos ejemplarizaba que Pablo Picasso se ha opuesto
a la demanda judicial formulada por su hijo natural Claude, para que se
declare legalmente su paternidad. Lo decimos por aquello del “legado
espiritual” de que se nos habla.
Picasso es fundamentalmente un
pintor que hace proselitismo marxista. -En una entrevista publicada en el diario comunista “L’Humanité”, del 30
de octubre de 1944, Picasso declara abiertamente: “Mi adhesión al partido comunista es la consecuencia lógica de toda mi
vida. Porque estoy orgulloso de decirlo, jamás he considerado la pintura como
un arte de simple juego, de distracción: yo he querido, mediante el dibujo y el
color, puesto que estas eran mis armas, penetrar siempre más adelante en el
conocimiento del mundo y de los hombres, a fin de que este conocimiento nos
libre a todos cada día más: yo he tratado de decir, a mi manera, lo que
consideraba como lo más veraz, lo más justo, lo mejor,y esto era, naturalmente,
lo más bello, bien lo saben los grandes artistas”. (…)
Asimismo, en “Lettres françaises”,
del 24 de marzo de 1945 contestaba a Simone Dery: “(…) No; la pintura no se ha
hecho para decorar viviendas. Es un instrumento de guerra ofensiva y
defensiva contra el enemigo”. Así se explica la intervención directa en
campañas contra el Estado español y contra España en que ha tomado parte
Picasso. Él ha sido uno de los principales de la “Campaña pro-amnistía en
España”. Él ha merecido el “Premio Lenin”. Y es el autor de las célebres palomas
de la paz soviéticas y del cuadro “Guernica”, entre otros paneles subversivos.
(…)
Dadas las antecedentes referencias
sobre la demagogia, intencionalidad, orquestación, filiación marxista concreta
del autor, degradación de la figura humana en sus grotescas producciones más
celebradas, escándalos eróticos de resonancia mundial en la última exposición
londinense, preguntamos: en qué consiste la realidad trascendente del
espíritu del arte de Picasso que hemos de cultivar? (…)
Se ensalza a Picasso, en
muchos, por su innegable significación política marxista, pues mejores
pintores contemporáneos y artistas mundialmente consagrados yacen en el
olvido o en situación precaria en la realización y ponderaciones debidas a
sus obras, ya que en este proceso de auto-desmantelamiento ideológico de 18
de Julio que en muchos sectores responsables hoy se respira, recordar ciertos
nombres y figuras no interesa.
Estamos en la contradicción
viviente de que, mientras el exilio rojo-anarco-separatista se desintegra y
pulveriza (1970), en el interior de España se le hace el caldo gordo
-¿acaso en nombre de contraste de pareceres?- a lo que ya se llama “operación
retorno” que, para algunos, no sólo debe significar la vuelta de personajes y
personajillos nefastos y de mal recordar e imposible olvidar, sino la
jubilación vergonzante de los ideales del 18 de Julio de 1936 para
convertirlos en letra muerta (…). Ahora, esto se completa -como en un avance
más- con el Museo Picasso y sus legados, que nos parece muy bien se acepten y
se valoren artísticamente, pero que es inaceptable que con papanatismo más
que sospechoso y por lo visto extendido en todas las esferas, se nos haga
tragar ahora a Picasso, no sólo como artista en lo que tenga de tolerable,
sino como comunista y como enemigo consumado, pertinaz y militante de la
España nacional y de su Estado y Leyes Fundamentales.
Para nosotros, el juicio
definitivo sobre Picasso y la filosofía de su fracaso y frustración artísticas,
por más que digan lo contrario críticos baratos y vulgares repetidores de
refritos y tópicos, nos lo dio Eugenio d’Ors, que en su primera época había
mantenido los entusiasmos más ilimitados sobre el porvenir, significación y
obra de Picasso; pero, no por política, sino por verdadera y ecuánime
catalogación crítica, en su “Diálogo ayer tarde”, Eugenio d’Ors tuvo que
exclamar: “¡Adiós al Rafael retardado, que en la figura de Pablo Picasso
potencialmente se contenía!”
Aunque ciertos sectores
catalanistas no perdonaron y se vengaron de Eugenio d’Ors por no avenirse a
sus bajezas y envidias, como ha demostrado, evidentemente, Guillermo Díaz-Plaja,
es probable que los sucesores y discípulos de aquellos viejos políticos no
acepten el certero e indesmentible juicio de Xenius. Pero el “legado
espiritual” de Picasso sólo es aceptable a través de la filosofía que Eugenio
d’Ors definitivamente nos dio sobre Pablo Picasso, el especialista en
desfigurar y destrozar la figura humana. Un ayuntamiento de una España no
comunista no debe perderlo de vista. Por mucha retórica y propaganda que se monte
para envolver una mercancía y un nombre en muchos aspectos más que averiados,
inadmisibles.
Jaime TARRAGÓ
Revista FUERZA NUEVA, nº 170, 11-Abr-1970
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