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domingo, 20 de septiembre de 2026

Subversión jesuítica postconciliar

 Artículo de 1968

 A. M. D. G. (Ad Majorem Dei Gloriam)

 Tenemos ante nosotros la revista «Hechos y Dichos» (Revista de pensamiento y actualidad «cristiana»), que publican los padres jesuítas de Zaragoza en su número actual (383). Mentiríamos al decir que su lectura nos ha dejado asombrados, porque a un católico de la época posconciliar no le asombra ya nada: 

 Un artículo del P. López Dóriga, S. J.: «Impresiones sobre Holanda». Meras impresiones fotográficas —nos dice—, pura descripción «neutralista» de un viaje; ebullición mucha ebullición. Pero buenos chicos, según esas «impresiones»: todos desean mantenerse fieles a la fe católica, y la Iglesia holandesa sigue firme caminando hacia el futuro. Descripción de (supuestas) misas en torno a una elegante mesa de madera, sin mantel alguno, con dos cirios y una esbelta copa de cristal; butacas de teatro para los asistentes, que conversan entre sí y permanecen sentados confortablemente durante toda la ceremonia; manoseo por todos de las sagradas especies; nada de genuflexiones ni de cruces. (¡Ambiente simpaticón!) Alusión igualmente cordial al nuevo Catecismo holandés, «intento laudable y en parte conseguido de poner al alcance de la mentalidad moderna el contenido más auténtico (sic) de nuestra fe». Lo «novedoso» de él es que silencia aquellos puntos que son en Holanda objeto de REVISION y discusión entre los teólogos: entre otros, «la virginidad de María, sentido de la presencia real en la eucaristía (con minúscula), historicidad de los evangelios, significado de la resurrección, preexistencia Y DIVINIDAD DEL MISMO JESUCRISTO».

 Si yo relatase fría y objetivamente cómo en mi presencia dos mozalbetes apalean, para robar, a un anciano, o a mi mismo padre, lo que causaría horror en mis oyentes, no sería tanto el hecho como el relato mismo, la actitud que revela en el relatante. Esta es mi misma sorpresa ante estos DESVERGONZADOS APOSTATAS CON SOTANA Y LICENCIAS.

 La tal revista «Hechos y Dichos» (hoy renovada posconciliarmente) se llamaba hasta hace pocos años —si no recuerdo mal— «Hechos y Dichos en pro de la Iglesia Católica». Era una publicación ñoña, beata y elemental, cuya gracia principal (su «chiste» original) era poner en labios de un imaginario ateo o librepensador una crítica a la Iglesia o sus ministros, y replicarle, por boca del cura ultrajado, una ingeniosísima y contundente respuesta, que lo dejaba corrido y callado.

 ¿Han pasado siglos para que aquel órgano de la beatería y de la cerrazón se convierta en un libelo «informativo»

Que, desde el más neutral racionalismo, nos relate con igual frialdad (o simpatía) el más horrible sacrilegio o la apostasía más evidente? No, no: han pasado unos pocos años. SON LAS MISMAS PERSONAS que ayer bailaban a aun son y hoy bailan a otro. Ejemplo típico, en ese mismo número, el bello artículo del P. De Llanos, un jesuita demócrata que de lo único que no se apea es de ese aristocrático DE antepuesto a su apellido. Aquí se enfrenta con una opinión del P. Danielou, que afirma la necesaria encarnación de la Iglesia en instituciones dentro de cualquier civilización que ella inspire. 

Nuestro P. DE Llanos aboga por una anárquica minoría-testimonio que renuncie a toda relación institucional con la sociedad (abandonada, por supuesto, a sus «organizadores» tecnocráticos y marxistas del «Mundo Moderno»). Sin embargo, no hace falta ser viejo ni tener demasiada memoria para recordar dar al tal P. DE Llanos al frente de las juventudes pro fascistas, marcando el paso de las legiones romanas, comprometiendo a la Iglesia con el mayor entusiasmo en los ensayos totalitarios y en el culto a la Nación que todos recordamos. ÉL MISMO, CON SU MI5MA CARA.

 Y se pregunta el pueblo fiel, el pueblo cristiano, que toma en serio su fe y la disciplina de su Iglesia, ¿qué crédito puede otorgarse a semejantes títeres, a su criterio, a su formación religiosa y humana? ¿QUIENES SON esos que nos hablaron y nos hablan en nombre de Dios y de su Iglesia?

 MENDIBELZA


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Revanchismo renombrando las calles

 Artículo de 1979

 Los nombres de las calles

 La ola de revanchismo que mueve a los políticos a quienes los traidores de Franco regalaron la victoria lograda a costa de tanta sangre se manifiesta en la fiebre de suprimir del nomenclátor callejero cuantos nombres, fechas o hechos puedan recordar o perpetuar la historia de la Cruzada de Liberación y la derrota que ante el mundo infligiera a los rojos Francisco Franco.

 Como una obsesión, la pertinaz insistencia en querer borrar de las mentes un hecho histórico irreversible y la maniobra de querer cambiar la triste y degradante imagen de lo que fuera la dominación roja, sus dramáticas, sangrientas y deplorables consecuencias, la repulsa general del pueblo hacia los símbolos, anagramas y banderas -hoy otra vez en el poder- y, posteriormente, el espontáneo júbilo popular al llegar la tan anhelada liberación, que Cataluña conmemora precisamente estos días (1939-1979).

 Los pueblos y ciudades sufren la oprobiosa imposición de nombres que vienen a hacernos convencer que la guerra civil habría sido una inútil militarada y crear en el ambiente una atmósfera de “provisionalidad” de aquellos años de paz, orden y prosperidad, que tuvimos la dicha de vivir hasta que los partes de la victoria son arrancados de las casas consistoriales y que se toleren las voladuras de los monumentos a los Caídos por Dios y por España o las vejaciones y ofensas a la bandera nacional.

 Las calles que llevaron los nombres de José Antonio, Franco, Calvo Sotelo, Alcázar de Toledo. Mártires de la Tradición, etc. son objeto de cambios parar “democratizarlas” poniéndoles nombres que en no pocas ocasiones nos traen vergonzosos recuerdos, llenos de dramatismo, individuos indeseables y sucesos atentatorios a la Patria.

 Los ajusticiados por sus delitos contra España -o simplemente por delitos comunes- son exaltados como mitos defensores de la libertad y del pueblo, como los que estuvieron al lado del comunismo, la masonería, el marxismo e intervinieron en los expolios, incendios, asesinatos y abusos que sufrimos desde 1936 a 1939, y autores de los sucesos que sumieron a España en la pobreza, la destrucción y el caos del que Franco y sus seguidores lograron sacarnos, gracias al esfuerzo de todos los españoles y al sacrificio de nuestros mejores.

 Ya no se tolera que una calle nos recuerde un nombre glorioso. Y con desmesurada venganza son rotas las lápidas honradas con los nombres de los héroes y las gestas que culminaron con la victoria de aquella Cruzada de Liberación, cuyo solo recuerdo les saca de quicio.

 La hoz y el martillo ha vuelto a enseñorearse de la calle y de la política. El nombre de Dios, borrado de la Constitución. La unidad de España es tema provocativo en las autonomías y “nacionalidades”, como provocación se considera el gritar “Arriba España” o simplemente “viva el honor”.

 ¡Qué pena y qué vergüenza!

 La sangre de nuestros caídos -caídos por amor- clama justicia ante tan graves agravios y olvidos.

 LLUYS


Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Día de los Mártires de la Tradición

 Artículo de 1979

 Día de los Mártires de la Tradición

 Algunas veces, el día 10 de marzo, mi pluma ha dejado sobre las blancas cuartillas el homenaje que los mártires de la tradición merecen a lo largo de la historia; este lema tan nuestro, tan sentido, tan escueto y tan amplio en contenido: “Ante Dios no serás héroe anónimo”, que ha movilizado a tanta juventud gloriosamente caída en nombre de Dios, la Patria, los fueros y el rey. Este lema, que moviliza y agrupa actualmente a los herederos de las guerras carlistas, a los nietos del 18 de Julio, y aun biznietos, en este afán superador a los desalientos y claudicaciones; jamás se rinde un carlista, jamás, y si se rinde, es que no lo era; auténticos guerreros de roja cimera, curtidos en vendavales de más de siglo y medio, saben que su única misión es luchar, y con su “detente” hacer frente en cualquier instante a los huracanes que amenazan la destrucción de España, a la que ven humillada y entregada en manos de los sin Dios y sin Patria, con olvido suicida de los que  la rescataron de hordas sanguinarias, a las que se glorifican porque las temen.

 En todo carlista hay un alcalde de Móstoles; pero ¿quién nos conoce en realidad? El carlismo, para muchos, es el sesteo de un romántico recuerdo del pasado, con nuestras divisiones, pero esto último ocurre en las mejores familias; ya cuando Aparisi y Guijarro se hablaba de “carlistas viejos y carlistas nuevos”; no puede haber más que un solo carlismo, lo sucedáneo no tiene sabor y ni se digiere. Por esto, tal vez Villoslada escribió un famoso artículo: “El hombre que se necesita”, que puede servir en su integridad para un mejor conocimiento de nuestro rey Carlos VII:

Abogado, a tus pleitos; no busques en los bancos del Congreso la clientela que no has sabido conquistar en el foro”;

“Médico, a tus enfermos; no vengas a matar con discursos políticos a los que no puedes curar con tus recetas”;

“Escritorzuelo, a la escuela; aprende primero lo que te propones enseñar;

“Empleado, a tu oficina: la nación te paga para que sirvas, no para que medres en los bancos del Parlamento;, y a trabajar todo el mundo, que la política está siendo la trampa de la Ley de Vagos”.

 Es un largo y sabroso artículo que no reproduzco en su integridad, pues temo que le democracia al uso nos lo decapitaría.

 Don Carlos VII conocía los límites de la monarquía cristiana, sabía además perfectamente la historia de España y sus famosas palabras “gobernar no es transigir” tienen vivencia actualísima en los momentos difíciles, duros, en que se hace almoneda de la integridad de la Patria, entregada a voceros sin pizca de sentido común ni responsabilidad.

 ¡Cuán dura la lucha de los carlistas para defender la unidad de la Patria! Sabemos de luchas más que nadie y cuando veo a esos muchachos y muchachas defendiendo su boina, sé que ni los desaires ni la persecución podrán con ellos, pues mientras los años pasan, la honrosa rebeldía carlista, que no sabe de claudicaciones, está cada vez más latente; y un nuevo brillo en sus ojos juveniles nos hace recordar a nosotros, los mayores, como se reirían si supieran que por no dar la corona a Carlos VII se la ofrecieron Espartero, de sesenta y siete años, que tuvo, al menos, el buen gusto de no aceptarla. ¡Cuánto desearía se tuviera un conocimiento exacto del carlismo!

 Carlos VII escribió su hermano Alfonso Carlos I (el rey que movilizó a tantos requetés en la Cruzada):

 El pueblo español, amaestrado por una experiencia dolorosa desea en verdad que su rey sea rey de veras y no sombra de rey, y que sean las Cortes ordenada y pacífica junta de independientes e incorruptibles procuradores de pueblos, pero no asambleas tumultuosas y estériles de diputados empleados o diputados pretendientes de mayorías serviles y de minorías sediciosas (…)

 “Mi pensamiento fijo, mi deseo constante es, cabalmente, dar a España lo que no tiene, a pesar de mentidas vociferaciones de algunos ilusos, es dar a España la amada libertad que sólo conoce de nombre; la libertad es hija del Evangelio, no el liberalismo, que es hijo de la protesta; la libertad que es al fin el reinado de las leyes, cuando las leyes son justas, es conformes al derecho de naturaleza, al derecho de Dios”.

 Como catalana, dos veces española, os diré que Carlos VII reconoció los Fueros de Cataluña:

 Hace siglo y medio -decía don Carlos- mi ilustre abuelo Felipe V creyó deber borrar vuestros fueros del Libro de Franquicias de la Patria. Lo que él os quitó como rey, yo como rey os lo devuelvo, que si fuisteis hostiles al fundador y mi dinastía, baluarte sois hoy de su legítimo representante. ¡Dios, Patria, fueros y rey! es el lema sagrado de los carlistas”.

 Jamás vuestros reyes dejaron de servir al pueblo que tanto amaron y así quedó instituida el 10 de marzo la fiesta de los Mártires de la Tradición. Nuestro rey honró en permanente memoria a sus valientes soldados.

 Abrid vuestro corazón a la sin igual raza carlista. No se puede hablar de lo que no se conoce o se desfigura. Inasequibles al desaliento, hombres y mujeres que han aguantado a pie firme los vendavales de la historia de España. Estos son los requetés. Así fueron nuestros mártires. Al rendirles hoy nuestro tributo de respeto, cuando nuestras oraciones se eleven al cielo, nuestros caídos, nuestros mártires nos darán con su ejemplo, a todos los que luchamos por una causa justa, el camino a seguir. Una sociedad materializada, embotada por el apoltronamiento, sin ideales, que es controlada por comunicaciones de masas, no conseguirá que los carlistas abdiquen de la tradición que dio a la Patria los mejores momentos de su historia.

 María Teresa AUBÁ (Presidenta nacional de las Margaritas. Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés)


 Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979


lunes, 14 de septiembre de 2026

Incesante subversión en la Iglesia (3)

 Silencio sospechoso de las altas jerarquías eclesiásticas (1970)

 

 Peor que la pornografía

 La revista “Ecclesia”, del pasado 30 de agosto (1970), ha publicado un editorial,  de tonos enérgicos contra la oleada, nauseabunda e infecta, de la pornografía y el inmoralismo más descarado en nuestra vida pública. No podrá quejarse “Ecclesia”, de que los medios de comunicación no hayan difundido ampliamente los párrafos más sustanciales de su archijustificada indignación. Tampoco nosotros queremos ser menos y dejamos también, en nuestras páginas, constancia de la denuncia del órgano caracterizado de la Acción Católica Española (…)

 La lástima, empero, es que “Ecclesia” trate un problema tan serio con argumentación liviana. No nos sorprendería que, a este paso, en un próximo futuro, se pretendiera cargar al Estado -que también tiene su específica responsabilidad en este terreno- la culpa total de una situación de decadencia moral que, primordialmente, recae, incumbe y es imputable a la perversión de ciertos eclesiásticos, muy bien aupados y al silencio, más que sospechoso, de las más altas jerarquías eclesiásticas, hasta la fecha.

 No gastemos la pólvora en salvas. Aportemos datos indicativos y tremendamente escandalosos.

 ***

La revista “Oriflama”, del pasado mes de julio (1970) publica unas declaraciones del desdichado y pernicioso mosén José Dalmau, miembro del Consejo Presbiteral de Vich. José Dalmau dice textualmente:

 Tenemos, por ejemplo, una idea realmente curiosa del matrimonio indisoluble. Enseguida pensamos en la forma legal. Yo no entiendo de institución indisoluble. Es el amor el que justifica esta exigencia. Pero si los esposos ya no tienen este amor, si lo han rehusado por las causas que sea, ya no tiene ningún motivo mantener sus obligaciones. Se admite que el amor, de hecho, ha desaparecido en muchos matrimonios. Poca gente está dispuesta a desacralizar el vínculo de la institución”.

 ¿Qué le parece a “Ecclesia” esta monstruosidad?...

 Mosén Dalmau pertenece al obispado de Vich y la revista “Oriflama” se publica en Barcelona. Pero ni el doctor Ramón Masnou, obispo de Vich, ni monseñor Marcelo González, Arzobispo de Barcelona, han desautorizado ni suspendido de sus funciones sacerdotales al reverendo Dalmau. Ha sido en virtud de un exhorto del Tribunal de Orden Público, que fueron recogidos, a última hora, unos treinta ejemplares de la revista y está dispuesto un expediente administrativo.

 Comparo esta situación con lo que sucedió en Buenos Aires con un artículo publicado en el diario “La Ley”, en 22 de febrero de 1958, por el padre Benedicto Hancko, S. J. La cancillería del Arzobispado de Buenos Aires, cumpliendo órdenes superiores, publicó en 28 de diciembre del mismo año, una retractación del aludido jesuita, con estas palabras: “Me someto plenamente al juicio expuesto por el Episcopado argentino en sus advertencias y declaraciones sobre mi estudio titulado “Disolubilidad del matrimonio civil y el Derecho Canónico”, las cuales expresan la doctrina de la Iglesia Católica. Por lo cual me retracto de los errores señalados en el documento episcopal”.

 Yo, que viví este incidente entre el padre Hancko y el Episcopado argentino, en que las afirmaciones de dicho jesuita eran harto modestas comparadas con el desenfreno brutal de mosén Dalmau, puedo mesurar la caída que, en doctrina moral, se ha perpetrado en el seno de la Iglesia Católica por ausencia de la debida actuación de la misma jerarquía eclesiástica. Y como mosén Dalmau no es sólo un individuo ni un sacerdote solitario sino una legión, avalada por muchos obispos y quizás en alturas insospechables, ¿no es ésta una de las causas de la ambientación pornográfica que lamenta “Ecclesia” y que olvida de señalar en su editorial? (…)

 ***

Suponemos que “Ecclesia” no nos desmentirá si afirmamos que la inmoralidad también procede de la flojedad en la vida piadosa de los fieles, que, en estos días, encuentra sus cauces más deletéreos en los ensayos litúrgicos anómalos que están destrozando la Misa y los sacramentos. Todo esto a sabiendas de la autoridad eclesiástica, que ignoramos qué medidas toma para evitarlos. El 11 de julio de este año, en la iglesia de Vallvidrera (Barcelona), en la Misa de las ocho de la noche sucedieron unas discusiones tremendas en plena celebración entre el padre Matías Padrosa, sacerdote paúl, un grupo de seglares afectos al mismo y otros seglares que le preguntaban por sus maneras arbitrarias de celebrar (…)

 Según nos dicen, los abusos de Vallvidrera y del padre Matías Pedrosa han sido paralizados. Pero, ¡en cuántos lugares siguen sucediendo iguales y peores. Más lo de Vallvidrera ha cesado gracias al celo e indignación de unos seglares que, esporádica e individualmente, coincidieron, casualmente, en una reacción; no por la energía del padre Miguel Piquer, entonces provincial, ni siquiera por la iniciativa, como debía, del Arzobispo de Barcelona, cuyo titular, Marcelo González, a raíz de la “Humanae vitae” estaba muy enfrascado en poner paliativos y distingos a la claridad de la doctrina infalible del memorable documento pontificio. ¿No le parece a “Ecclesia” que la deserción de la autoridad eclesiástica, también en la vida litúrgica, ha dispersado a muchos fieles de sus deberes religiosos y que el incumplimiento de los mismos debilita la voluntad de las muchedumbres cristianas y las precipita a la erotización y al culto de la carne? ¿No lo considera así “Ecclesia”?

 ***

Los escándalos siguen en cadena. Aquí se recuerda que, recientemente, un sacerdote de Barcelona, Juan Llopis, en el “Heraldo de Aragón”, se permitió unas declaraciones disolventes y de una manifiesta incapacidad mental, contra la moral española, el sacerdocio y la propia Iglesia. Recogemos sus propias palabras:

 Quizá sea fruto de la tradición. Nuestra moral, en efecto, es todavía muy legalista. Se aferra, cabezonamente, a lo que está bien y a lo que está prohibido, en lugar de sustituirla por una moral basada en el amor (…)”.

 Nosotros pensamos que el sacerdote de mañana será tan sólo un hombre más. El sacerdocio dejará de ser una profesión y se convertirá en un ministerio intraeclesial. Tendrá entonces, como hombre, una profesión con la que pueda ganarse la vida. Y al margen de esto practicará su propio ministerio (…) “

 “Me duele tener que confesar que, aunque fue instituida por Jesús para dar testimonio de Él, la Iglesia, por culpa de todos, se ha convertido más que en un instrumento, en obstáculo y pantalla. No hemos sabido descubrir el verdadero sentido de Cristo. Se ha fallado en lo fundamental. Desde muy antiguo no hemos sabido dar pruebas de un humanismo positivo. La Iglesia, entonces, se ha presentado como una institución más, desfigurando la persona del Señor”.

 Una aclaración que no aclaraba nada, del propio interesado, y una nota diplomática y modosa Arzobispado de Zaragoza (mons. Cantero Cuadrado), puntualizando que lo afirmado por Juan Llopis en “Heraldo de Aragón”, del pasado 14 de julio, no se ajustaba a las enseñanzas del magisterio eclesiástico y causaban confusión y desorientaciones en el pueblo fiel, no le han privado de que, semanalmente, continúe disparatando en la “Hoja Dominical” de Barcelona y disfrutando de sus cátedras y bicocas para continuar difundiendo sus conocidas teorías, clínicamente publicadas en dicho diario, como continuación de su carrera de ataques al Cardenal Parente como Legado Pontificio y a la misma Eucaristía en la revista “Phase”.

 ***

Planteamos a la consideración de “Ecclesia” el estrago que actitudes, encumbramientos y situaciones de privilegio en puestos oficiales de la Iglesia, como la Universidad Pontificia de Salamanca, la Facultad Teológica y la “Hoja Dominical” de Barcelona, en que está perfectamente ubicado Juan Llopis, no nos explican radicalmente la desmoralización creciente en los seminarios y entre los católicos y pueblo cristiano en general. Lo que viene a aumentar la relajación de las costumbres y la aceptación de la escalada en la perversión social. Aunque no seamos especialistas en la materia, débese recordar que el fundamento de la moral está en el dogma y en la dócil aceptación de la disciplina de la Iglesia. Cabalmente lo que Juan Llopis -y sus números imitadores- vienen destruyendo impunemente.

 Repetimos que “Ecclesia” tiene toda la razón de manifestar su repulsa al ambiente de pornografía, de drogas, de corrupción que no está asaltando.  Pero “Ecclesia” no puede ser ni parcial, ni sectaria ni corta de vista. El mal tiene un abanico de manifestaciones que exigen rectificaciones ineludibles en la misma Iglesia. (…) Porque el tema de la moral para los obispos debe ser más importante que el “cuento” teatral de venderse un palacio episcopal o la intromisión indebida en temas concretos de técnica política, por propia naturaleza reservados a la autoridad civil.

 Algo más grave que la misma pornografía son los culpables morales de la misma, los que permiten atacar la esencia del matrimonio cristiano, los que no defienden el patrimonio de la moral pública, los que toleran los arbitrismos litúrgicos, los que entronizan a los que pervierten las nociones más entrañables del dogma y de la verdad católica. (…) Que no se liquida con unos párrafos condenatorios. Hay que desenmascarar las consignas corrosivas y muy secretas que dimanan de ciertas alturas de las que “Ecclesia” debe tener información. En ellas hallará las trágicas claves eclesiásticas de la pornografía en España.

 Jaime TARRAGÓ


 Revista FUERZA NUEVA, nº 192, 12-Sep-1970

 

sábado, 12 de septiembre de 2026

El 18 de Julio, traicionado por los mass-media del franquismo

 

 ¿El “18 de Julio” en peligro?

 CARLISTAS, UNA VEZ MAS: "¡ALERTA!"

 Cada día aparece más confuso el significado de esta fecha; hombres y mujeres que no vivieron aquellos años, ambientado por una creciente influencia de ciertos «intelectuales», discípulos de  aquellos que nos llevaron al caos y que hubo de ponerse fin el 18 de julio de 1936

 De las publicaciones y obras de todo tipo tendentes a desvirtuar la verdad de la Cruzada podríamos citar, entre otras, «La Herencia», «La paz empieza nunca», «Un millón de muertos», «Las últimas banderas» y otras muchas en las que progresivamente se van eliminando la Cruzada de su contenido esencial.

 También existen otras para rebajar el valor de la Cruzada, publicadas en España por enemigos manchados con delitos de sangre, como «Hombres made in Moscú» y «Mi fe se perdió en Moscú», escritas por el jefe y creador del tristemente famoso quinto regimiento, autor, según propio testimonio, de asesinatos de supervivientes del Cuartel de la Montaña y otros crímenes. A pretexto en un arrepentimiento no explícito, que según parece le sirvió al diario «Ya» para admitirle como colaborador bajo seudónimo.

 Numerosos libros y revistas completan esta sistemática destrucción; citaremos otro libro, «Formas de vida hispánica», su autor el delegado de Orden Público, en Madrid, durante el terror rojo, encargado de la saca de los presos de las cárceles para sus fusilamientos en masa.

 Nadie puede dudar de la existencia de dos diarios de Madrid, «Ya» y «Pueblo», republicanos, aunque de diferentes matices, este último editado con los fondos de los Sindicatos oficiales, y otro, como el «A B C», cuyo liberalismo monárquico no disimula.

 La revista mensual «Cuadernos para el Diálogo», del ex ministro señor Ruiz Giménez, donde recientemente censuraba la detención de estudiantes en Madrid y los riegos con agua colorante, así como las cargas de la Policía, amén de desarrollar una labor socavadora y destructiva de los principios básicos del 18 de julio. (…)

 También son víctimas de esta situación las fuerzas armadas, con su apoliticismo, recibiendo frecuentes ataques más o menos directos; recientemente destaca el hecho de la revista «Proyecciones» editada por la Facultad de Teología de Granada (de los jesuitas) correspondiente al mes de noviembre pasado.

 Estimo imprescindible manifestar también el resquebrajamiento de la unidad católica de España que todos conocemos y sentimos (…)

 Muchos, al leer cuanto antecede, no darán importancia a esta táctica que desarrollan los enemigos de España. La realidad es que bajo esas aguas, al parecer tranquilas, corren torrentes impetuosos, que cada día que pasa adquieren mayor fuerza y caudal. Los enemigos del 18 de julio van adquiriendo fuerza y cohesión, amparados por una libertad que, si no se nos niega, al menos se cohíbe y limita a los defensores de la Cruzada. Citaré, por ejemplo, la revista «Montejurra» y al semanario ¿QUÉ PASA? Este último, que enarbola como ninguno la bandera del «18 de julio», carece de toda publicidad. Contra su vida y expansión existen conjuras y maniobras. Ya en varias ocasiones ha estado al borde de la quiebra. Sin embargo, ¿de dónde sale los millones de la prensa del enemigo? Libros, periódicos, emisiones radiadas y televisadas. De signo y tendencias políticas contrarias a los principios fundamentales del Régimen son plato de cada día… Sin embargo, la más absoluta «ley del silencio» cae sobre lo que representa una reafirmación sincera del del «18 de julio», y SU VERDADERO SIGNIFICADO.

 El debilitamiento y disgregación progresiva de Falange y la Comunión Tradicionalista, en cuya Comunión se encuentran infiltrados elementos «muy dudosos», ostentando cargos de RESPONSABILIDAD, realizando una continuada destrucción de sus más puros principios y expulsando a aquellos que son AUTENTICOS CARLISTAS, son realidades que, escenográficamente al menos, dan ambiente a la tragedia.

 En la plancha masónica firmada en Lisboa el 20 de junio de 1943, entre otras cosas, decía...: «Optar como mal menor por una Monarquía democrática y con la que hemos de apechugar en evitación del Carlismo que se nos viene encima. Nada nos divida. Son muchos nuestros hermanos liberales en España. Apoyemos todos la caída de Franco y la subida de Juan III. Hoy es la única oportunidad. La nueva «Vanguardia Obrera» procedente de la III Internacional lo acepta. (Del semanario ¿QUE PASA? del 5 de noviembre de 1964.)

 «La solución liberal sería apoyada por nosotros, los comunistas, y estamos dispuestos a defender esta solución como la más conveniente». (Informe de la Pasionaria ante el IV Pleno del Comité Central del partido comunista español, celebrado en Bélgica los días 13 y 11 de septiembre de 1958.)» (Del libro «Antj-España», de Mauricio Carlavilla.)

 Ante este momento grave DECIMOS NO a los que nos intentan arrebatar la paz tan duramente lograda. (…) 

Juan Luis PACHECO


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

jueves, 10 de septiembre de 2026

El marxismo contra la familia

 Artículo de 1979

 La familia y el marxismo

 En la legislación que ha de nacer de la Constitución del consenso está por ver cómo quedará la institución familiar, independientemente de lo que piensen los españoles. Cuando la teoría y la práctica se distancian; cuando las promesas no se cumplen; cuando se pretende transformar lo que no admite cambio; cuando se olvidan una serie de verdades eternas… se puede temer y esperar cualquier cosa.

 En todas las naciones, ¿por qué el Estado moderno se lanza a una serie de medidas en nombre de la libertad, que van minando la institución familiar?

 El matrimonio civil y su divorcio vincular, fundado sobre una concepción laica e individualista del convenio matrimonial, los anticonceptivos, el aborto, la moral permisiva, la pornografía, la despenalización del adulterio y anunciamiento, la droga y la corrupción de costumbres… ¿son simples consecuencias de una nueva concepción de la libertad?, ¿o son algo más?

 Las teorías de Rousseau, Voltaire, Marx, Engels, Lenin, Marcuse, Kolontai, Mao, etcétera, vienen configurando el Estado moderno. No dejan lugar a dudas acerca de sus propósitos. Tratan de destruir la familia y, a través de esa destrucción, terminar con los principios que informan a la que llaman sociedad tradicional”.

 El socialista Pablo Castellano dijo en la Universidad Complutense: “El matrimonio, la familia; he ahí nuestro enemigo al que hay que combatir”. Y Felipe González, con corbata o sin ella, ha llegado a defender hasta el incesto. El ataque demoledor contra la familia y la religión no ha hecho más que comenzar. Ese ataque seguirá acrecentándose.

 Los marxistas, en todas sus manifestaciones, están actuando de forma maravillosa para conseguir los fines que se han marcado. Están consiguiendo la ayuda de muchos inconscientes. Ayuda que les permite ir minando los pilares de la sociedad para llegar a una concepción de la vida materialista atea: una nueva sociedad en la que todos los hombres han de ser partes, trozos de materia de la que son un mero fenómeno.

 Los inconscientes, ¿seguirán votando a los enemigos en la verdadera libertad? Parece que sí seguirán.

 C. R. FELGUEROSO


Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

martes, 8 de septiembre de 2026

Integración y separatismo (2)

 Artículo de 1970

 Integración y separatismo

 Catalanismo, euskadismo, andalucismo, castellanismo… ¡cuánto se quiera! pero proyectado hacia lo universal y, por lógica, hacia la estirpe hispánica, que es nuestro obligado camino universalista. El catalanismo no se puede parar en Tortosa, ni siquiera en el área geográfica de la gloriosa lengua de Raimundo Lulio y Ausias March… el verdadero catalanista ha de escindir las culturas ibéricas y las civilizaciones hispánicas para imprimir un verdadero significado y significación a su contorno geográfico y dimensión histórica. Hora es ya de darse cuenta de que el catalanismo no se puede hacer “en pijama de estar por casa” y que hay que llevarlo a la integración de todos los pueblos ibéricos. La separación conduce al fracaso y suicidio del separatismo; la integración conducirá al éxito y a la multiplicación de vida hispánica del catalanismo. En estos momentos el catalanismo ya no puede conformarse con dar la batalla en Madrid: hay que ir a Méjico, a Buenos Aires, a las capitales todas de la Hispanidad. Luego el problema vital y vigorizante del catalanismo no es la separación sino la perfecta integración a todos los pueblos ibéricos.

 Los separatistas que intentan arruinar el destino histórico y la posibilidad geográfica de la tierra que los vio nacer, no hacen otra cosa que alimentar el suicidio de la tierra a la que, falsamente, creen defender cuando la aniquilan en la unión de la Geografía y en la responsabilidad de la Historia. El que quiera hacer grande a su singularidad que no la aparte, que no la separe, sino, al contrario, que la integre y la proyecte a la pluralidad a que se debe. Es ley de vida. Hay veinte Españas en América y también hay veinte Cataluñas en América… ¡Catalanes, tomad conciencia de que los más perversos enemigos del catalanismo son los separatistas, que os despojarían de una geografía y de una historia a la que tenéis derecho por la soberana razón de una sangre que disteis junto a la esperanzadora pluralidad de los pueblos ibéricos! Antes de formular un postulado separatista, meditad en los sagrados intereses del verdadero catalanismo que, por un sentido cristiano de la vida, es integracionista con los pueblos de nuestra misma sangre y fe.

 Los españoles hemos de vivenciar esta hora de integración hispánica. Hay que superar los prejuicios históricos, hay que desvanecer los tópicos geográficos. Hemos de revitalizar el concepto de América en nuestra conciencia actual, despejando las incógnitas que interesan a nuestra genuina historia. Lejos de hacer el juego a la celada de una Leyenda Negra que nos tendieron otros pueblos, hemos de catalizar los preciosos valores comunes de la Hispanidad y modificar en aras de la justicia el rumbo histórico desenfocado. La justicia está con la verdad de la sangre.

 Al intentar resolver la ecuación histórica de los pueblos hermanos, resolveremos la dilacerante ecuación Ibérica. La incógnita Iberoamericana es nuestra propia incógnita, la que duele en una misma esperanza común. ¿Por qué Simón Bolívar no repitió el destino de George Washington? ¿Por qué no existen unos Estados Unidos Iberoamericanos? En la América Ibérica se han superado los racismos. Los credos, los pueblos, los hombres, las razas militan en un hermoso orden democrático de igualdad e identidad humana. La “democracia de los genes” es una realidad aplastante en Iberoamérica, donde no existen ni “poder negro” ni “poder indio” ni “poder blanco”, sino simple, sencilla y llanamente, Poder Humano igual ante una manera de vivir y un modo de pensar. Con esta carga espiritual tan hermosa y tan superior a la de otros pueblos ¿cómo no se ha logrado la integración de Iberoamérica?

 No hemos de oponer el espíritu del libertador al espíritu de España. No se pueden separar ni la fe, ni la sangre ni la estirpe. Lo que se fusiona, en apretada familia, ante el altar de la raza es la verdad más trascendente del ser humano. Se pueden equivocar todas las contingencias y limitaciones del hombre. pero lo que menos se equivoca es la mera biología. Y la biología está a favor de España pues la exótica belleza de las mujeres iberoamericanas pregona, contra el racismo, el éxito de la fusión de razas y pueblos.

 No debemos oponer el espíritu del libertador al espíritu de España. Muy al contrario, la nueva España, la España actual (1970) ha de fomentar el ideario del libertador para que se unan y confederen los pueblos de nuestra estirpe americana. La integración de España se da en función de la integración americana. El destino histórico que se ate y hermane en América se hermana y ata en España.

 España tiene que cumplir su destino de hermandad en América si quiere resolver una ecuación socioeconómica digna del concierto mundial. Tal es la verdadera magnitud de la perspectiva española que, a marchas forzadas, ha de convertirse en perspectiva hispánica.

 El destino de todos los pueblos ibéricos ha de integrarse en América. ¿Hemos tomado conciencia de la tremenda intensidad de este mandato? Aquel que reniega de esta misión universalista por una aberración comarcal es, sin duda, un amputador de la geografía y un miope de la historia. Y ataca tanto a España como a la Hispanidad. En una era de naves espaciales epicentradas en la civilización y cultura occidentales, la arcaica carretilla lugareña esconde, tras una máscara romántica, el auténtico genocidio histórico de la minoría que cree defender, a la que aparta del cumplimiento de su destino y la despoja de la posibilidad de la geografía y de la perspectiva de la historia, al amparo del concierto mundial de los pueblos y hombres de una misma estirpe.

 “Ínclitas razas ubérrimas” - profetizó el poeta. Apartarnos de Iberia y de nuestro destino universal con esas razas, más que separatismo es “suicidismo”, término que gana en impacto gráfico lo que pueda perder en gramática.

 Todos los pueblos ibéricos, frente al separatismo, han de imponer un poderoso esfuerzo de integración hispánica, A una era cósmica ha de responder un nuevo afán de integración universalista. Separarse del concierto de la gloriosa pluralidad de pueblos, a la que pertenecemos, es la más horrible, ciega y sorda forma de la languidecer y morir.

 Ricardo HORCAJADA


Revista FUERZA NUEVA, nº189, 22-Ago-1970

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Insidias periodísticas contra el carlismo

 Artículo de 1968

 ¿”Nobleza obliga”? … Pues noblemente repliquemos

  Al reportero de «S. P.» que se ha encargado del reportaje «Nobleza obliga» en el número 381 de la revista, de 14 de enero, a primera vista, se le podría conceder la palma de este nuevo deporte que se ha puesto de moda, no sólo en España, sino en el mundo, y consiste en «no comprometerse» en decir las cosas como quien no dice nada, de manera que no oscile lo más mínimo ninguno de los platillos de la balanza; pero da la casualidad que a mí me gusta meterme en honduras (con minúscula) y bucear en profundidad, aunque sea sin equipo especial de «super woman».

 En este juego dificilísimo, al que hago mención, se ha metido el reportero a quien me refiero, y se ha debido aburrir, a juzgar por algunas inexactitudes y cierta desgana en algunos de los párrafos, lo que le hace recurrir a los buenos oficios del «gallito» de Emilio Romero, para dar realce a su crónica, aunque, dicho sea de paso, tampoco Emilio Romero se mostró muy convencido ni ufano después de «Por la cuenta que nos tiene», cuando se entrevistó, en el Palacio de la Zarzuela, con el descendiente de la «Reina de los tristes destinos» y nieto del Rey cuyo barco se perdió de vista en Cartagena, en 1931 (Juan Carlos de Borbón).

 Hace un comentario raro: «Las reuniones carlistas no solían causar sorpresas en España (primero, ¿por qué hablar en pasado?, y segundo, ¿por qué tendrían que sorprender las concentraciones de Montejurra, Quintillo, Montserrat y otras, que unas veces se celebran y otras no, y no por falta de entusiasmo en acudir a ellas, sino... por otras razones?), pero no ha ocurrido lo mismo en este caso». Se refiere a la peregrinación a Fátima. Bueno, no parece que sea la concentración en sí lo que ha causado sorpresa, y esto supongo será porque Fátima es un lugar de peregrinación abierto a todo cristiano, y, a más fuerte razón, a representantes de una ideología tradicional católica, pueblo carlista con su abanderado a la cabeza!

 Pero ha sorprendido bastante la entrega de unas condecoraciones, ¿por qué? Todos los Reyes o Pretendientes carlistas han distribuido Medallas de la Legitimidad Proscrita. En cuanto a la Medalla de la Lealtad, creada para premiar los servicios prestados durante la Cruzada por el voluntariado carlista (Requetés y Margaritas), se viene distribuyendo en España, y particularmente en Navarra, sin que ello sorprenda a nadie, y si sorprende, no lo dicen.

 También parece sorprender lo que el cronista llama «la formación dé unas Cortes». Si le gusta la palabra, se la aceptamos, pero teniendo en cuenta que el idioma castellano es lo suficientemente rico en términos adecuados, lo dejaremos en Consejo, y aquí, una pregunta: Si no sorprende (¡o, si sorprende, no nos hemos enterado!), que Don Juan de Borbón tenga un Consejo Privado, ¿por qué tiene que sorprender que Don Javier de Borbón desee disponer de un asesoramiento similar?

 Y aquí viene una sorpresa grande, aunque no se llega hasta rasgar las vestiduras. Don Javier de Borbón-Parma ha concedido a don Manuel Fal Conde el título de duque (no de conde, como señala el reportero) de Quintillo —nombre de la finca donde se concentraron en 1936 los primeros requetés andaluces—, según indica el cronista. Esta es una inexactitud enorme. Los requetés andaluces no esperaron el año 36 para concentrarse en Quintillo (¡hubiese sido demasiado tarde!), y don Manuel Fal Conde tuvo el valor y el heroísmo de reunirlos e instruirlos militarmente, en la citada finca sevillana, durante los años de persecución y de anarquía criminal de la república... ¡¡desde el año 34!! ¿Es acaso demasiado premiar, ¡tan tarde!, aquella sublime locura del Delegado Nacional de la Comunión Tradicionalista, sin la cual es muy posible que toda Andalucía hubiese sido «zona roja» al estallar el Alzamiento, en cuyo caso no le hubiera sido factible al General Queipo de Llano utilizar tan elocuente como habilidosamente el micrófono de Radio Sevilla, ni tampoco hubiese sido posible el desembarco de refuerzos de Africa en aquellos días tan inciertos como decisivos?

 A pesar de los buenos propósitos del cronista, aquí puede notarse que se rompe el equilibrio de la balanza. Si él mismo reconoce que se han otorgado títulos de nobleza premiando actuaciones antes de, y durante la Cruzada, ya sea personalmente, a los héroes que sobrevivieron a la gesta, Moscardó, Yagüe, Kindelán, etc., o a allegados, cuando ellos sucumbieron, como es el caso en las familias Calvo Sotelo, Primo de Rivera, Sanjurjo, Mola, etc., y se han concedido también a personalidades relevantes por servicios prestados, como Bilbao-Eguía, Arruga, Arteche, etc., no es justo que se saque del olvido a quien reúne en su persona heroísmo, amor patrio, lealtad... y tanta discreción… que algunos parece que no le recuerdan? Y si se alega que el título lo ha concedido un Príncipe no reinante, ¿será preciso recordar que no se le preguntó a este mismo Príncipe qué poder tenía para ordenar la movilización de más de cien mil hombres del Requeté, sin los cuales no se hubiera ganado la guerra? Y será preciso decir que otro Príncipe no reinante concedió el año pasado a su hija doña Pilar el título de duquesa de Badajoz, con motivo de su matrimonio?

 Y ya que, como dije antes, el cronista recurre al «gallito» de Emilio Romero para esmaltar su tesis, y que, según el director de «Pueblo», «Estoril y Fátima no pueden ser dos campamentos que vivaquean extramuros del país, para el asalto, le diré que no viene al caso esta llamada al «gallito»,  porque él mismo alude, un poco antes, a las reuniones carlistas en España, lo cual demuestra que el Carlismo no alude «vivaquear» en el territorio nacional, que con su sangre y su heroísmo contribuyó a rescatar del abismo donde cayó por culpa de una monarquía que lo regaló a la república. El carlismo no vivaquea extramuros, vive dentro de la Patria, que ha servido y sirve con lealtad y en su vivencia tienen puesta su esperanza muchos españoles que no desean que vuelva hacia las costas españolas el barco de Cartagena, con un navegante de la misma familia del que huyó. ¡Aquella aventura costó demasiado cara! (…)

 Se evoca, finalmente, en el reportaje, el «Gotha» español con estadísticas; el inglés, con sus modalidades, etc., para terminar en que es IMPROBABLE que se reconozca oficialmente el ducado (aquí ya hemos caído en cuenta que es ducado, y no condado!) a don Fal Conde. ¿Por qué? ¿No reúne, como digo antes, el que dio vida al Requeté andaluz, con riesgo de la suya, las mismas condiciones que las demás personas que ostentan títulos nobiliarios por méritos contraídos en la Cruzada de Liberación? ¡Nunca es tarde para reparar un lamentable olvido!

 Concretemos, señor cronista de «S. P.». Ha creído ser usted muy hábil, pero uno de los platillos de la balanza ha perdido el equilibrio. Y los Carlistas ya nos hemos modernizado tanto que usamos balanzas automáticas, que dan el peso exacto. Pesamos primero los globos, y por muy grandes que sean, vengan de Estoril, de la calle de Serrano, de los cocoricós del «gallito» de Emilio Romero o de la habilidosa prosa de «S. P.», ¡la aguja medidora indica sólo gramos!

 Ahora bien, si ponemos Quintillo, 1934; Navarra (Sierra Urbasa, Sierra Andía y demás campamentos —éstos sí eran campamentos, pero no fuera, sino dentro de España—), más 18 DE JULIO (con 67 Tercios de Requetés formados en lugares como los antes citados), y Somosierra, y Alto de los Leones, y Guadalajara, y liberación de Guipúzcoa, Vizcaya y Santander, y Teruel, y batalla del Ebro, y mártires asesinados en todos los lugares de España, con ejemplos como un Antonio Mollé y una Agustina Simón, y luego añadimos los Montejurras, Quintillos, Villarreal de los Infantes, Cerro de los Angeles, Montserrat y otras conmemoraciones, unas a fecha anual... y otras... cuando se puede..., resulta que tenemos que ir a la báscula pública, donde se pesan los camiones.

 El Carlismo no es una partida de bandoleros dispuesta al asalto, desde extramuros; lo único que ha asaltado el Carlismo han sido los parapetos de la anti-España, y lo hizo cara a cara, y muchas veces, a pecho descubierto, porque llevaba, según frase del desmemoriado don José María Pemán, «¡la vergüenza de España en su Boina Roja!» Y el Carlismo, ahora, como siempre, está vigilante, porque le arde la sangre en el corazón y le atenaza las entrañas el temor, al pensar que el sacrificio del 18 DE JULIO haya sido inútil. Al Carlismo le duele el alma cuando ve que a la Religión Católica, por la que ha luchado siempre, en primer lugar, se la quiere convertir en un mito, y cuando nota que soplan aires que, bajo pretexto de modernizar el ambiente y de poner España «á la page», dejan penetrar el aliento putrefacto y venenoso de obras de Sartre, lucubraciones del «pobrecito Arrabal», tolerancias premiadas, como «Las últimas banderas», y ve que un Miret Magdalena se lamenta de ciertas palabras pronunciadas por el Papa, y oye hablar del juego en San Sebastián, del divorcio, de la «píldora» (algunas cartas de lectores de «S. P.» hablan en sentido positivo de estas «cosas»), y, ¿por qué no?, de cabarets con «streap-tease», de clubs para sodomitas y otras «cosas tan naturales».

 La sociedad española, la familia española, se dice, tienen que ponerse a tono con los vientos del mundo civilizado (!!!); el turista no debe tener que decir «España es diferente», y los españoles que aprovechan su estancia en la frontera para ir a Biarritz a buscar «ambiente», no tienen por qué molestarse en el desplazamiento; es mejor que lo encuentren «todo» sin salir de la Patria, con lo cual, además, aumentará el erario público, y ¡todos contentos, si se puede ir aflojando el cinturón de la austeridad! Para conseguir «todo esto», no hay más que girar hacia un régimen liberal —¡como el que ya conocimos!—, y al que se ha opuesto siempre el Carlismo (…)

 Estos parapetos de la descristianización de la sociedad, de la disolución de la familia y de la tolerancia ciega, que son a los que conduce el materialismo liberal-masónico y el progresismo desenfrenado, que tanto preocupan al Santo Padre, son los que vigila el Carlismo, desde dentro, y no porque le guste «armarla», sino, precisamente, para no tener que «volverla a «armar», que no es lo mismo.

Por Pilar Roura Garasoaín

 Desde Irún, a 19 de enero de 1968


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

  

viernes, 4 de septiembre de 2026

España en permanente proceso constituyente

 Artículo de 1979

 España volvió a entrar en el sorteo

 (...) El término “nacionalidades” recogido en la Constitución y al que, sin duda, hacen referencia los partidos nacionalistas, representa un atentado claro, rotundo y tajante contra la unidad indisoluble de España. Dicho en otras palabras: no hay tales partidos nacionalistas, sino, para llamar a las cosas por su nombre, separatismo más o menos encubierto.

 Otro apariencia tiene el regionalismo. Si se trata de exaltar la rica multiplicidad de las regiones, bien está; la descentralización administrativa es no sólo de justicia, sino de necesidad. Pero mucho me temo que tras el regionalismo se esconda el nacionalismo, es decir, el separatismo. Y ninguna duda puede caber en cuanto a que el separatismo está en contra de España: dicho en otras palabras, es antiespañol. De ahí el título de estas líneas y su valor de síntesis.

 Pero aún hay que aclarar otra cosa a este respecto: cuando decimos que el separatismo y el regionalismo (tal como ahora se entiende) son antiespañoles, no queremos significar que sean “antiestatales”. Porque una cosa es España y otra el Estado en que la comunidad se constituye. Esta precisión es importante, porque el hecho de que estos grupos estén representados en el Parlamento español y mantengan -por el momento- relaciones de subordinación respecto al poder central, sólo indica que toleran al Estado español: es decir, la forma política. El fondo, la esencia de España nada tiene que ver con la forma que, según parece, van a imponerle cada cuatro años las urnas y las papeletas.

 Y ésta es otra característica de la democracia liberal que nos ha tocado padecer. En cualquier sitio “normal”, la renovación del Parlamento o el cambio del Gobierno no repercute en el edificio estatal. Sin embargo, aquí, cualquiera de estos sucesos trae consigo la variación de los cimientos -principios- que informan el Estado, aun cuando sea el mismo partido el que obtenga la mayoría, dado que no podemos considerar la Constitución, debido a su ambigüedad, como el principio que informa el Estado. Así es que, en definitiva, será el programa electoral del partido vencedor -en caso de que se cumpla, claro- el que dé forma externa a nuestra patria. ¡Buen porvenir nos espera, camaradas!

 Conste que todo esto no es una divagación sin sentido, sino un razonamiento -que trato sea lógico- para demostrar que la aceptación del Estado por los partidos separatistas no puede ser utilizada como prueba de que no son antiespañoles, aunque las corrientes liberales de opinión traten de identificar España (la patria, la nación, como unidad de destino en lo universal) y el Estado español (la forma, lo accesorio, lo meramente adjetivo en el discurso histórico). (…)

 Rafael C. ESTREMERA


Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Sinrazón del separatismo

 Artículo de 1970 

 SINRAZÓN DEL SEPARATISMO

 España es el primer pueblo que despierta al mañana de Europa y a la conciencia de Occidente.

 La unidad nacional francesa, casi contemporánea de la española, fue mucho más forzada y sin ese elemento de cohesión heroica que supone la Reconquista. La Reconquista no sólo creaba un anhelo de engrandecimiento nacional sino que también desplazaba, hacia el Sur, a muchas gentes del Norte. Siglos más tarde, el progreso industrial de Cataluña, las Vascongadas y Asturias impone un movimiento a la inversa (emigración) que cruza y entrecruza las sangres y los pensamientos de todos los pueblos ibéricos.

 Cuando en España se produce el feliz acontecimiento de la unidad nacional, persistirán Clanes en las Islas Británicas, Ciudades-Estado en Italia y Principados en Alemania. A mi modo de ver, la gloriosa realidad precursora de los pueblos ibéricos se inspira en nuestra abierta oposición a la agonía feudal; oposición nutrida en una tradición universalista, que luego seguirán e imitarán todos los pueblos de Europa.

 Es lógico que el Derecho político y administrativo común lograra, por su plural y humanista dinamismo, el desplazamiento de los fueros. No hubo sensibles rupturas, por cuanto la conciencia de la Monarquía nacional superaba a todas luces la inercia del feudalismo: la Monarquía implicaba justicia y grandeza y, por tanto, apoyo y esperanza populares.

 Ha existido y existe una españolización espontánea. La generalidad de los pueblos ibéricos ha aceptado un Poder Central mucho más justo -casi siempre- que los desafueros propios del Medievo. Han asimilado, de muy buen grado, una lengua común de cultura que sirve de instrumento de expresión a todos los españoles, que se universalizó con las 20 Españas de América y que es y debe ser perfectamente compatible con todas las lenguas de la Hispanidad: desde el docto catalán de Lulio, Ausías March y Maragall, hasta el acento precolombino de las lenguas indias.

 La libre expresión nacional sancionada por los pueblos ibéricos armoniza la sinfonía de nuestras comunidades regionales. Se eligió libremente, por denominador común, el acento y talante de Castilla, directa descendiente de la milenaria Celtiberia que ya fue maestra en fusionar a los nerviosos iberos con los equilibrados celtas. La integración posee una dilatada tradición histórica -y subhistórica- de la que carece el separatismo: integrar es tan hermoso como suicida el dividir.

 La fusión sentimental de la Patria es una realidad aplastante. Castilla no es una Prusia española. El pobre y áspero centro sólo, por convicción, podía escindir la ubérrima Periferia. Darse será siempre la mejor manera de recibir.

 La unidad española tiene lugar por la concurrencia de determinadas facultades espirituales y una singular visión radical de la vida, que, de manera impensada y con la mera biología del insistematismo político, aceptan y hacen muy suya la generalidad de los pueblos ibéricos. Es una verdadera pena que los extranjeros aprecien, mucho mejor que nosotros, esa compacta y monolítica homogeneidad espiritual de los españoles. He podido comprobar –yo, que siempre fui castellano en Cataluña y catalán en Castilla- que es muy parecido el viejo orgullo ibérico de estas dos grandes comunidades nacionales. Y que los hombres de España se pueden separar por sus vicios en la misma medida que se pueden unir por sus virtudes. Ciertamente no son virtudes ni la intransigencia castellana ni la cerrazón catalana; el que no transige se cierra y el que se cierra no transige.

 La unidad española es fruto de todos los españoles. No podemos aceptar el supuesto histórico de que Fernando el Católico fue absorbido por la recia personalidad castellana de la Reina Isabel. Todos los historiadores del tiempo del gran Rey Fernando y, luego, Gracián,  ofrecen una visión muy precisa del talento político de este Rey para que la leyenda desplace al rigor histórico. La unidad española es una empresa común de los reyes y de los pueblos de España.

 La unidad española no puedo ser impuesta por los labradores, pastores y comerciantes del Centro, habitantes ayer y hoy, todavía, de pequeñas ciudades, villas y pueblos, cuya pobreza y falta de recursos salta a la vista si se compara con la prepotencia de los núcleos demográficos de la periferia española. La unidad española se produce en el espíritu de los pueblos ibéricos a través de la convicción y de una perspectiva de la esperanza en oposición a la moribundia feudal.

 Es muy difícil deslindar lo que Castilla aporta la Periferia y lo que la Periferia aporta al Castilla. Los instrumentos de unión pueden ordenarse así:

 1º- Impera en todos los pueblos ibéricos una persuasión espiritual que, de manera voluntaria, unifica el pensamiento de nuestras comunidades. El hombre del Centro asimila las corrientes de la Periferia, del mismo modo que el hombre de la Periferia asimila las corrientes del Centro.

 2º- Se acepta un idioma común, como elemento conveniente y necesario al desarrollo general del país. Y ese idioma no se impone por la vía política sino que se extrae de la vida práctica.

 3º- Surge, de modo espontáneo, un tono medio de vida que dibuja la sociedad española.

 Castilla es unificadora, pero la unidad nacional cristaliza de propia manera, mediante el concurso de todos los pueblos ibéricos. En la Era Moderna, en la que todos los pueblos se aglutinan para formar los grandes Estados, Castilla aporta al valioso instrumento de la Convicción Nacional. De no existir realmente el imperativo categórico de esta convicción, jamás el pobre páramo del Centro hubiera podido unificar la ubérrima Arcadia de la Periferia. El insistematismo político -tan representativo del milenario espíritu celtibérico- ha creado la unidad española sin sistemas ni programas y sí movido por el humanista dinamismo de la intuición general del país, que incidía en una misma perspectiva nacional en la que lo universalista desplazaba a lo comarcal y la grandeza de la Monarquía a lo anémico del fuero.

 Es posible que influyera una promoción de grandes humanistas: Cervantes, Quevedo, Lópe, Calderón, Tirso, pero la españolización es otra de obra de todos los españoles, no sólo de los castellanos que son una parte del todo.

 El concepto de América también influye decisivamente en la unificación de los pueblos ibéricos. Y tanto es así que, cuando se pierde el concepto de América, se flagela el sentimiento de la unidad nacional. Si, en un principio, la Reconquista fue un vehículo de homogeneidad nacional,  el Descubrimiento de América, después, universaliza el destino español y contribuye a vigorizar la unidad entre los hombres y las tierras de España.

 Así como en el pueblo español existe una constante histórica de unidad nacional y destino universalista, no existe (1970) una genuina tradición separatista. Lo único que puede alentar -de una manera larvada- son los gérmenes suicidas de una agonía feudal. Buena prueba de ello es la pugna antañona que media entre casi todos los pueblos colindantes. Sobre estos resortes, en apariencia tan leves, obra y maniobra, con habilidad, el morbo separatista.

 No hay ni puede haber una verdadera tradición separatista, ya que el separatismo se produce, siempre, por brotes minoritarios que oscilan de la derecha a la izquierda y de la izquierda a la derecha, sin lograr jamás homogeneidades compactas. Un buen ejemplo de esta falta de homogeneidad y de estas asombrosas oscilaciones la tenemos en el Partido Carlista Vasco que si, en un principio, defendió a ultranza los fueros, es, hoy (1970), acérrimo defensor de unidad patriótica de España, lo que ciertamente es una evolución que le honra.

 Los dirigentes y los creadores del separatismo catalán, como los del vasco, fueron hombres de tipo conservador. Y en el tiempo de esos creadores y fundadores, los izquierdistas (unionistas) fueron los defensores de la unidad nacional española. Después se produjo un cambio radical, y los partidos de extrema izquierda (a excepción de la CNT) pasan a las filas separatistas, mientras que los conservadores representan la unidad nacional. Esta falta y carencia de continuidad y homogeneidad revela que no existe una auténtica tradición separatista. El separatismo sólo priva merced al influjo de minorías suicidas, minorías, tan oscilantes como sus propias convicciones de derecho o de izquierda, y cuya única convicción es el asesinato de la Patria.

 El separatista -desde que Prat de la Riba “se quitó la careta” y atacó ya a los españoles de los tiempos de los Reyes Católicos- se unirá indistintamente a las izquierdas o a las derechas, al creyente o al ateo, al blanco o al negro, por cuanto su única y real trayectoria es la de asestar ataques a la unidad nacional por las rendijas de más cómoda y  rápida filtración e infiltración. La Historia nos demuestra que, cuando “están en candelero” los marxistas, el separatismo es marxista y que, cuando, gracias a Dios, reina el sentido cristiano de la vida, el separatista puede incluso vestir sotana.

 Ricardo HORCAJADA


Revista FUERZA NUEVA, nº191, 5-Sep-1970

 

domingo, 30 de agosto de 2026

Perspectiva de los Diez Mandamientos tras el Vaticano II

 Artículo de 1968

 LOS DIEZ MANDAMIENTOS  (PERSPECTIVA DE 1968)

 Si por las noticias que se han filtrado acerca del secreto de Fátima, una gran catástrofe se cierne sobre la Humanidad en la segunda mitad del siglo XX, ahora (1968) que ya llevamos transcurridos más de la tercera parte de dicho cincuentenario, y que estamos precisamente en un año que puede ser crucial, toda vez que la nación rectora del mundo occidental se ve sujeta a los avatares de unas elecciones presidenciales, creo que es bueno echar un vistazo a las perspectivas del año que acaba de empezar y que Dios quiera que lo veamos terminar sin que los nubarrones que nos rodean lleguen a estallar; antes al contrario, que lo veamos con un más claro horizonte.

 Veamos, pues, la situación como miembros de la Iglesia de Dios, como habitantes de este planeta y como ciudadanos españoles. En el primer supuesto, si, como dice San Ignacio, el hombre ha sido creado para alabar, reverenciar y servir a Dios y, mediante esto, salvar nuestra alma, nuestra conducta ha de estar guiada por las leyes de Jesucristo, o sea, del Nuevo Testamento, conservando del Antiguo solamente el Decálogo, ya que lo demás tuvo su cumplimiento precisamente con la venida de Cristo.

 Y la verdad es que la situación del catolicismo ante los diez mandamientos deja mucho que desear. En el primero, amar a Dios sobre todas las cosas, lo lógico es que ya que le tenemos presente en el Santísimo Sacramento, se manifieste este amor honrando dignamente su presencia en el Sagrario; pero eso era antes del Concilio. Ahora, unos vientos de fronda han perturbado muchas cabezas de las que ha desaparecido la señal del sacerdote, la tonsura, y así vemos con gran dolor la desaparición de muchos y muy bonitos altares, sustituidos por una mesa de centro, de los que el Sagrario ha desaparecido para que no se interfiera entre el celebrante y los fieles, mientras la Residencia de Dios es puesta en un altar secundario, empotrada en una pared lateral o bien oculta detrás de una imagen; todavía no la han suprimido del todo, pero ya falta muy poco para ello. Y la misma suerte ha corrido el símbolo divino de la Cruz, pues además de no haberse puesto de acuerdo acerca de si ha de estar de cara al pueblo o de cara al celebrante (problema insoluble), en unos sitios lo han suprimido. en otros han puesto la Cruz a un lado, en otros la han suspendido del techo y en algunos sigue figurando sobre el altar, pero en mini tamaño para que no estorbe la vista del sacerdote. No ya el amor, pero ni siquiera el respeto, se manifiesta en muchas iglesias

 Y si del primer mandamiento pasamos al segundo, los malos ejemplos continúan. Por dos veces se repite en la Misa: «Palabra de Dios», pero la verdadera palabra de Dios es el Evangelio, y ese ha sufrido un corte del 50 por 100, pues se ha suprimido el segundo Evangelio, e incluso cuando en una misma festividad coinciden dos fiestas señaladas, una de ellas se suprime por completo; pero, en cambio, se añaden antes del ofertorio unas plegarias a gusto del celebrante, que en algunas ocasiones resultan francamente tendenciosas, rozando temas de los que la Iglesia considera ajenos a sí misma, pues no son de su incumbencia temas económicos, sociales, ni políticos. Y si de la Iglesia salimos a la calle vemos que el nombre de Dios es puesto en cuarentena en su filiación y en su origen, pues a bombo y platillo en muchas librerías sedicientes católicas se exhiben obras de Teilhard de Chardin, Evely, y compañía, hablando del Universo, de la Naturaleza, del Cristo cósmico, etc., que ponen en tela de juicio la Divinidad manifiesta de la segunda persona de la Santísima Trinidad, sin que ninguna autoridad eclesiástica ponga orden en tanta confusión.

 Lo de santificar las fiestas también es un asunto que va de capa caída. Se llega al colmo de trasladar, con aprobación superior, fiestas de primera clase al domingo siguiente, para incrementar así los días laborables (caso Hispanoamérica), lo cual si se analiza bien es un absurdo económico, pero la economía está en manos judías y tienen mucha riqueza y muchos medios de propaganda para presentar las cosas en forma convincente para solapadamente contribuir a la descristianización del pueblo. Y en nuestro país, donde AUN no se ha descendido tanto, con el pretexto de «facilitar» la asistencia a la Iglesia, se adelanta la función a la víspera del día anterior, celebrando una o dos misas vespertinas, las cuales ciertamente se ven bastante concurridas, pero cabe preguntar: ¿Realmente, los asistentes a estas misas tienen verdadero impedimento para oírla el domingo, o es que desean estar más sueltos? ¿Ya tienen presente que el domingo hay que «santificarlo» y no aprovecharlo para otros fines?

 Eso de honrar padre y madre es también, gracias al Concilio, una antigualla mandada retirar de la circulación. El anuncio a bombo y platillos también de jubilaciones, dimisiones, y retiros nada menos que entre altas Jerarquías eclesiásticas, que en muchos casos vemos que están en plenitud de facultades, ha desencadenado una ola de euforia juvenil, que ya estaba muy elevada de temperatura, para que los padres y todas las personas mayores se retiren de la circulación y les dejen paso. El desprecio a la vida de los mayores es absoluto, hacen estorbo, y cuanto antes desaparezcan se considera mucho mejor, con lo cual nos vamos acercando a las costumbres de los caníbales. Vale la pena considerar, por parte de los inventores de las jubilaciones eclesiásticas, que de tener efectos retroactivos Juan XXIII no hubiese sido Papa y, por tanto, ni el Concilio estaría en marcha ni el diablo andaría suelto por el mundo.

 No hay quinto malo, por lo que eso de no matar debe ser bueno, y, efectivamente, no se predica el matar sin más ni más; pero así como en nuestro teatro clásico hay una obra titulada «Reinar después de morir», actualmente se representa con mucha abundancia un crimen nefando que lleva por título «Morir antes de nacer», y el lector ya sabe por dónde vamos. En la vida cotidiana, además, el respeto a la vida ajena brilla por su ausencia y las crónicas de sucesos llevan noticias a escala mundial que demuestran absoluta falta de conciencia imperante, pues los móviles que se indican no son de personas sensatas, sino desequilibradas, y si a esto añadimos las víctimas de una motorización muy rápida, pero sin ton ni son, las numerosas de las guerras que hay en circulación, y la frialdad con que la humanidad se encamina hacia un suicidio atómico, hay que pensar que este mandamiento ha caído también en desuso.

 El sexto, en cambio, es de rigurosa actualidad. Lo ha puesto «de moda» nada menos que un jesuíta, Teilhard de Chardin, precisamente un miembro de la Orden religiosa de disciplina más severa, el cual afirma que desde que ya mayorcito tuvo conocimiento práctico de «lo femenino», toda su actuación y todas sus actividades han sido orientadas en este sentido O sea, que sus elucubraciones sobre el Cristo cósmico y demás herejías han sido escritas pensando precisamente «en la fémina». Valiente desvergüenza, que en vez de cubrir con un piadoso silencio, sus hermanos en religión (no todos), parece que se esfuercen en propagar e imitar. Le hace pareja el escolapio Fullat, sosteniendo que la prostitución no tiene importancia ni es ninguna falta (?) y, por tanto, para estar «al día» y en «línea conciliar» hay que considerar cosa buena los placeres solitarios, y los colectivos en pareja, aunque sean de igual sexo, como se estila en países a imitar. Al noveno mandamiento, que puede considerarse como ampliación y concreción del sexto, se impone darlo también por «desfasado».

 El séptimo, y su continuación el décimo, aunque, son de claridad meridiana, se les da un sentido tan amplio que prácticamente han pasado a mejor vida. Eso de hurtar y codiciar los bienes ajenos es una cosa de países subdesarrollados; lo moderno es la gran empresa controlada, y si puede ser internacional mucho mejor, para así estar a salvo de contingencias, todo lo cual es perfectamente legal, aunque en muchos casos sea una confabulación protegida. La Orden de los Templarios, disuelta por Clemente V, no puede decirse en verdad que no tenga continuadores bajo otros nombres harto conocidos que, hoy por hoy, «cortan el bacalao»

 Y queda solamente por examinar el octavo, cuya interpretación es tan casuística que a pesar de lo que se escribe sobre los medios de información y comunicación, podemos decir en verdad que estamos completamente a oscuras de muchas cosas. No es que se mienta descaradamente, no, pero sí que la confabulación del silencio está a la orden del día y la sociedad Auto Bombo, Coba y compañía campa por sus respetos con vía libre. Esto no es propiamente mentir, pero es embaucar, que es peor, y en la práctica es embrutecer al pueblo, a la gran masa, no muy ilustrada por desgracia, y, por lo tanto, sin fuerza mental para discernir con criterio propio la bajeza de muchas propagandas ilustradas y auditivas basadas en el incienso y el cepillo, con la mira interesada de «situarse» de cara al futuro, para continuar en el mangoneo.

 Ante el olvido práctico de los Mandamientos Divinos, las perspectivas no pueden ser muy optimistas que digamos, acerca de lo que nos espera en el año que acabamos de empezar. Pero en otros Mandamientos tampoco estamos mejor situados, cosa que D. m. seguiremos considerando…

 Armando de la Rosa


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968