Artículo de 1970
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¿Es exagerado hablar del
peligro comunista? Jaime TARRAGÓ Revista FUERZA NUEVA, nº177, 30-May-1970 |
LA INFAME TRANSICION POLÍTICA (Y RELIGIOSA) ESPAÑOLA DENUNCIADA DESDE EL TRADICIONALISMO
Artículo de 1970
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¿Es exagerado hablar del
peligro comunista? Jaime TARRAGÓ Revista FUERZA NUEVA, nº177, 30-May-1970 |
Artículo de 1967
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No faltaron los casos—cuenta el autor en el prólogo de las ediciones de posguerra—, de rectos y prestigiosos militares que, en los días de la gestación del Movimiento, se resistían a comprometerse en la insurrección, por razones morales; pero que no dudaron en dar luego su nombre, dispuestos a dar también la vida, cuando alguien, con «El Derecho a la Rebeldía» en la mano, les convenció que podían hacerlo con absoluta tranquilidad de conciencia.» No hace mucho que un grupo internacional de teólogos firmó un dictamen, en el que se declaraba inmoral la guerra ofensiva de los Estados y aún la simplemente defensiva. Esta tan grave resolución, apoyábanla sus autores en el hecho de que, actualmente, la guerra, con el bárbaro progreso de su técnica, ha dejado de ser un medio proporcionado al fin. Y en la existencia de un organismo internacional —la Sociedad de Naciones—, cuyo fallo es suficiente para dirimir las contiendas internacionales y para vindicar el derecho de cualquier Estado, tal vez injustamente agredido. A un enemigo que hace la guerra no está prohibido responderle con la guerra. «Así como el soberano—escribe don Enrique Gil Robles (padre de don José María, en su «Tratado de Derecho Político»— está en el deber y el derecho de rechazar al invasor o al rebelde, al primero, porque atenta a la nacionalidad, por lo menos, y al segundo, porque ataca al orden jurídico y político; así, una vez la usurpación avanzada o triunfante, no se merman, cambian ni alteran aquel derecho y aquel deber en presencia del hecho consumado injusto. A raíz de él, y en lo sucesivo, mientras no sea más que hecho, la reivindicación de la soberanía tiene el mismo título que la posesión y el ejercicio de ella, y la justicia del fin y de los medios no reconoce más límite que la prudencia de no causar mayores daños, por la cuantía o la duración, que el de la usurpación triunfante. Por regla general, la acción armada, y aun la civil contienda, no puede considerarse mal mayor; son per se un medio necesario, aunque doloroso, de coacción legítima, puesta al servicio del derecho.» La desobediencia a las leyes injustas de una autoridad, aun legítima. La desobediencia a las leyes, aun justas, de un poder ilegítimo, mientras una razón de bien común no exija su cumplimiento. La lucha legal, resistencia civil y aun resistencia armada—defensiva—contra la tiranía del soberano legítimo. La violencia armada contra el poder usurpador. El tiranicidio del tirano usurpador, llevado a cabo por la sociedad o por un particular, con autoridad pública. Claro está que la licitud de estas rebeldías está condicionada a los requisitos que hemos ido exponiendo más arriba. DOCTRINA SOBRE LA GUERRA. DE LOS OBISPOS ESPAÑOLES CON MOTIVO DE LA CRUZADA— El Dr. Pla y Deniel, actual Cardenal Primado, era Obispo de Salamanca el 30 de septiembre de 1936; entonces escribió una pastoral en la que afirma: «Si en la sociedad hay que reconocer una potestad habitual o radical para cambiar un régimen cuando la paz y el orden social, suprema necesidad de las naciones, lo exija, es para Nos, clarísimo, el derecho de la sociedad no de promover arbitrarias y no justificadas sediciones, sino de derrocar un gobierno tiránico y gravemente perjudicial a la sociedad, por medios legales si es posible; pero, si no lo es, por un alzamiento armado. Esta es la doctrina claramente expuesta por dos santos doctores de la Iglesia: Santo Tomás de Aquino, Doctor el más autorizado de la Teología Católica, y por San Roberto Belarmino, y, junto con ellos, el Preclarísimo Doctor, el Eximio Francisco Suárez.»
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Artículo de 1979
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(…) Al plantearse el problema del referéndum sobre la Constitución, surgió un clamor de orientación y consejo a la Conferencia Episcopal Española, presidida por el cardenal Tarancón. Pero el Pueblo de Dios ha sufrido una gran decepción, porque la Comisión Permanente de esa Conferencia ha dicho que “no puede dar ningún orientación y que voten según su conciencia”. ¡Valiente contestación! “Para ese viaje no necesitábamos alforjas”, exclama el pueblo llano. ¿No saben los señores de la Comisión que la gran mayoría de los españoles no tiene idea formada ni saben dirimir lo que tiene de bueno y de malo la Constitución? Porque la mayoría no la lee, y si la lee no la entiende ¿Qué juicio se va a formar? Y de ahí se deduce otra consecuencia: que del referéndum no puede sacarse la conclusión de que el pueblo ha aprobado una constitución, ya que vota sobre lo que no sabe. Un voto en el vacío. Vengamos ahora a lo que esa Constitución encierra con la religión. Aquí sí que se han oído cosas peregrinas y graciosas que harían reír si el problema no fuera tan serio. Según Tarancón, “no se pueden esgrimir razones religiosas para tomar una postura determinada” (“Carta cristiana”, 25-XI). Como si la Constitución se hubiese hecho para antropopitecos y no para seres racionales y, por añadidura, cristianos y católicos, en gran mayoría. Creo, por otra parte, que la Conferencia Episcopal siente el catolicismo, en su interior, más profunda y sinceramente que lo ha dicho en sus manifestaciones. Hay en ellas más miedo a oponerse al poder público que sinceridad. Y el poder, que se ha entregado a los sin Dios y seguido sus designios, debiera más bien imitar a los Estados europeos que, como Inglaterra Irlanda, Suecia, Noruega, Dinamarca, Grecia… son confesionales. Y no de los atrasados sino de los más progresivos de Europa. Revista FUERZA NUEVA, nº 626, 6-Ene-1979 |
Artículo de 1970
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Se ridiculiza la hidalguía, el patriotismo, la castidad, el misticismo y todos los ideales que diferencian al hombre del bruto, lapidando a quien los mantiene con epítetos sarcásticos propios de mentes cebolleras: carcas, retrógrados, inquisidores, fascistas, preconciliares tridentinos…Por el contrario, el último grito del buen tono es el salto de la garrocha, faltar a la palabra, cambiar de camisa, pisotear los votos, cubrir de lodo al llegar a la vejez lo que se incensó en la juventud. Revista FUERZA NUEVA, nº177,30-May-1970 |
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A San Pío V, Gran Inquisidor y vencedor de los turcos MENDIBELZA Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967 |