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jueves, 11 de diciembre de 2025

El “Novus Ordo Missae” (1969)

 Artículo de 1969

 EL NUEVO “ORDO MISSAE”

 Los fieles preguntan sobre el futuro de la Santa Misa. Ha empezado la nueva liturgia en varias iglesias, por vía de ensayo, y la impresión general no es agradable, es extraña. Es posible que, después de algún tiempo, se acostumbren los fieles y se les haga familiar el nuevo rito. Pero no se trata de costumbres, de gustos, de impresiones. Se trata de dar expresión al dogma.

 Liturgia no es otra cosa que la manifestación sensible del contenido revelado. Tiene la liturgia razón de signo y concreta una relación de orden entre la cosa sensible, persona, objeto, acción y la cosa espiritual. Sacrificio y Sacramentos son signos simbólicos, realidades estupendas, “signos eficaces” de la vida divina. Los Apóstoles, antes de dispersarse, formaron su Símbolo; era un catálogo de verdades, pero era, al propio tiempo, un signo sensible de la fe profesada, lo que diríamos hoy “santo y seña” del cristianismo; para reconocerse, exigíanse mutuamente el símbolo: “da signum, da symbolum”. Es de admirar el esfuerzo del cristianismo en sensibilizar la profunda ideología de nuestra Religión.

 Cuando la fe ha sido vivida profundamente, la manifestación simbólica ha sido espléndida. Los siglos de cultura teológica vieron también el florecimiento más asombroso del simbolismo artístico; el genio cristiano había encerrado en él todo el tesoro de la verdad histórica, dogmática y moral, la Biblia y la hagiografía. El rito litúrgico, con sus signos y símbolos, ha templado las austeras lecciones de filosofía y teología cristiana, ha intervenido “en la enseñanza de los humildes, es el punto de unión donde el pensamiento de Dios llega al alma humana por un intermediario material”. El Sínodo de Arrás (1025) había dicho: “Lo que los literatos no pueden comprender por la escritura, se les debe enseñar por la pintura”.

 Cuando me preguntan mi opinión sobre el “Novus Ordo”,“a priori” puedo afirmar que dejará mucho que desear. Y la razón consiste, o radica, en el “vacuum” religioso de nuestros días, que nos hace sufrir al ver el desenfreno ideológico lanzado a la apostasía y al materialismo dialéctico. La verdad revelada tiene que expresarla el cristiano, el católico, con gestos, palabras, símbolos, acciones. Pero si la vaciedad es general, si la Iglesia está enferma, si el dolorido grito de Su Santidad nos habla de falta de oración, de desacralización, de deserciones sacerdotales sin cuento; si una corriente en la Iglesia, a nivel episcopal, se entrega en manos de sociólogos laicos, para los que “la gracia sobrenatural y la presencia vivificante de esa gracia son, si acaso, bellas palabras de un diccionario fantasmal, pero no realidades de luz, sangre y verdad”; si los sacerdotes, aunque en minoría, se avergüenzan de serlo y están en puestos claves, sin excluir altas esferas vaticanas, ¿qué lenguaje será el que traduzca sensiblemente, en el rito, el gran Sacrificio Eucarístico?

 Si se masca la falta de “impetus sacer” en los silencios responsables de Jerarquías indiferentes a las herejías y apostasías; si los cristianos sencillos y, sobre todo, católicos intelectuales se están quedando sin el pan de la doctrina y de la “realidad de Cristo”(Muñoz Alonso), ¿no seríamos muy optimistas si quisiéramos voltear campanas ante la nueva liturgia que empezará en noviembre (1969)? La Iglesia está enferma y, con ella, nosotros. ¿No se reflejará la anemia religiosa en el “Novus Ordo”? Mucho me temo que sí.

 No es extraño que miles y miles de sacerdotes se hayan dirigido al Santo Padre pidiéndole se conserve el rito y liturgia de San Pío V, junto a las nuevas rúbricas de la Santa Misa. El nerviosismo es general hasta el punto de que muchos prelados nos aconsejen “no temer” que el Santo Padre intervendrá e interviene constantemente en los problemas que se plantean en el Sínodo Romano”, etc., etc. Nosotros es lo que queremos de corazón: QUE INTERVENGA CON ENERGÍA TANTO EN LO LITÚRGICO COMO EN LO DOCTRINAL, ANTES DE QUE SEA TARDE.

 No podemos ni debemos criticar el “Novus Ordo” en plan negativo, sino constructivo. Consideramos muy constructivo el mantener la Misa de Pío V, aunque nos sujetamos a lo que diga el mejor criterio de nuestro Santo Padre. Nuestra petición se fundamenta doctrinalmente en los puntos siguientes, entre muchísimos otros que se podrían aducir:

 1º- El Culto Eucarístico es el núcleo central de todas las acciones de la Iglesia, es lenguaje de un contenido infinito, el canal por el que lo divino va configurando nuestra alma, en un proceso santificador constante.

 2º- En épocas de crisis doctrinal, como la presente, se precisa utilizar todos los resortes psíquicos, tanto de la inteligencia como de la voluntad, para conectar con las fuentes reveladas, que nos dan una visión clara de los Principios y Criterios Teológicos Sacerdotales, y fortalecen la voluntad con la virtud sobrenatural que nos proyecta a Cristo. Si claudica el pensamiento, le sostiene la voluntad; si la sensibilidad se extravía, la encauzan, con su luz y su fuerza, la inteligencia y voluntad. Todo el poder de nuestro espíritu debe ponerse en vilo para contener la irrupción del mal por el punto más endeble.

 3º- La Liturgia de la Santa Misa del Papa San Pío V ha educado a generaciones y ha engendrado hábitos para el ejercicio de las virtudes, indispensables siempre pero, sobre todo, en tiempos de claudicación general.

 He leído el “Novus Ordo” y noto que el concepto de UNIDAD ha desbordado el campo litúrgico hasta el extremo de que un “hermano” de Taizé, Max Thurian, haya afirmado que con el “Novus Ordo”, los no católicos podrán celebrar la Eucaristía con las mismas oraciones que los católicos. Pero lo primero no es la unidad, sino la doctrina. Por mantener la unidad no se puede claudicar ni ceder en lo doctrinal, aunque sea en parte y no del todo esencial, pero se le acerque. No es el camino para atraer a los “hermanos separados”. Cuando la reforma protestante repudiaba el dogma de la Real Presencia de Cristo en la Eucaristía, mataba, por este hecho, el simbolismo católico; porque si el templo no es la casa de Jesús, podrá ser un museo de curiosidades artísticas en donde estará ausente la verdad y la vida.

 El Concilio de Trento opuso toda la fuerza de la Tradición y todo el empuje de su autoridad al frío protestantismo que intentó hacer tabla rasa al simbolismo litúrgico eucarístico. Con otras palabras: en la confección del “Novus Ordo” ¿no se ha tenido demasiado en cuenta el complacer a los protestantes? Nos pone en guardia la apreciación del “hermano” de Taizé.

 Para que el “Novus Ordo Missae” produzca los efectos espirituales que deseamos, tendremos que partir de principios muy firmes y sobrenaturales de los que hablaremos en otra ocasión.

 Fr. Miguel Oltra, O.F.M.


Revista FUERZA NUEVA, nº 143, 4-Oct-1969 


martes, 9 de diciembre de 2025

Nulidades sobre la que se asentaba el Proceso Constituyente

 Artículo de 1978

 Nulidades sobre la que se asienta el Proceso Constituyente (*)

 (…) Por efecto de la conocida propaganda apabullante hecha en favor de los mitos liberales y democráticos del más rancio y anacrónico constitucionalismo (desastrosamente fracasado en nuestra patria tras siete ensayos del sistema, impuesto desde 1808 hasta este de 1978, para sojuzgarnos, por las potencias imperialistas dominantes), se le han hecho creer a nuestro pueblo varias mentiras; se le han ocultado muchas verdades, y se le ha despojado de grandes bienes con trucos como los que se emplean para engañar a los niños.

 Se hizo crear al pueblo por el referéndum de 1976 que sólo se trataba de perfeccionar el sistema institucional del Estado español. El presidente Arias dejó preparado el terreno hablando siempre de la gigantesca obra de Franco. Todo el aparato reformista del presidente Suárez se montó, como no podía ser de otra manera, tomando y pregonando como fundamento la legitimidad única existente: la de la Monarquía católica instaurada sobre las bases firmes y conocidas del Principio VII de la Promulgación de 1958.

 La Ley para la Reforma política (1977) se planteó, según declaraciones oficiales y promesas solemnes, como una Ley Fundamental sometida a los citados Principios, y como tal la aprobaron las Cortes Españolas ante las que el procurador ponente señor Fernando Suárez recalcó que con ella se reafirmaban los Principios más esenciales. Y el ministro de Justicia, Landelino Lavilla, empeñó su palabra diciendo que no se pretendía con esa ley ninguna derogación del Ordenamiento existente, sino una nueva pieza inserta en el conjunto de las siete Leyes Fundamentales anteriores. Por eso pudo considerarse innecesario el trámite preceptivo -cuya omisión invalida radicalmente dicha ley, según se adujo oportunamente por varios contrafueros- de someter en el proyecto elaborado por las Cortes al Consejo Nacional, para el dictamen sobre si vulneraba no los Principios del Movimiento.

 Después, se ha mentalizado a la gente hasta el extremo de hacer creer gratuitamente que la hueca democracia formalista sea un sistema perfecto al que todos los regímenes deben reconducirse, manteniendo al pueblo en la ignorancia de ser radicalmente incompatibles sus principios con los del sistema implantado por la revolución española (**), que, con su democracia orgánica, son mucho más modernos y perfectos; pero, sobre todo, esencialmente cristianos por basarse en la existencia de realidades históricas, espirituales, religiosas, naturales, sociales e institucionales que todo orden político tiene que reconocer, so pena de insertarse en la trayectoria contrahistórica de los materialismos humanistas antropocéntricos del tipo racionalista sin Dios, adoptados por los sistemas democráticos en pleno fracaso o declive, que culminan necesariamente en los regímenes comunistas por la fuerza lógica de una dialéctica consecuente, sin hipocresías burguesas ni pudibundeces democristianas.

 Por culpa de cultivar esa ignorancia entre el pueblo, ocultando la realidad verdadera de las cosas, han ido pasando inadvertidas las ilegalidades e imposibilidades absolutas derivadas de ese empeño absurdo consistente en suponer realizable dentro de la legalidad (como se decía con perversas intenciones) algo así como una “evolución perfectiva” desde un sistema como el español, de coherencia doctrinal con los principios del Derecho público cristiano, hacia el sistema radicalmente contrario de la titulada “democracia”. 

Se ha usado y abusado del tópico embustero de la soberanía del pueblo -que no es tal, sino la masa de electores, el noventa por ciento engañadizos, convocados a votar un día- reducida por supuesto al “sufragio universal” de meros individuos, para hacer creer a favor de masivas propagandas, que, con votaciones a favor de cualquier cosa esta cosa cualquiera queda convertida en la verdad y en la única fuente de toda autoridad. Lo cual es absolutamente falso.

 De aquí la acumulación ingente de nulidades absolutas sobre la que se asienta todo el proceso llamado constituyente y la titulada Constitución, imposible de sanar por votaciones ni aún por referéndum; ni por regias sanciones, ni por el transcurso del tiempo y el posible uso del poder, que no es más que tiranía cuando se ejerce sin autoridad.

 A ese cúmulo de causas de nulidad radical e insubsanable se refiere, en telegráfico resumen, la manifestación de los alféreces provisionales: carácter ilegal y por tanto faccioso de los partidos políticos autores de la proyectada Constitución ya aprobada por ellos (sólo son válidas las asociaciones ajustadas a la ley que regula las de carácter político); consiguiente invalidez de lo actuado por ellos en las Cortes; carencia de poderes constituyentes ejercidos sin título por a ello por el Congreso y el Senado (dualidad de cámaras incompatible con ese pretendido carácter constituyente); convocados como Cortes ordinarias y para el plazo normal de cuatro años y subsiguiente nulidad de todos los actos y disposiciones del proceso de “ilegitimidad Constituyente” emprendido a partir de la Ley para la Reforma Política -e incluso el anterior-, ahora rematado con tanta irresponsabilidad como torpeza y gravísima frivolidad.

 Sin el riesgo, siquiera, de una acción revolucionaria, sino tras el parapeto seguro y prestigioso de la Monarquía instaurada por el Movimiento Nacional; a la que, con el mito del “pueblo soberano”, la realidad conspiratoria de los partidos, con raíces y apoyos extranjeros e internacionales, ha transformado, bajo el nombre de “La Corona”, en una Monarquía parlamentaria, que es como decir prisionera de los mismos partidos detentadores del poder.

 Como decíamos, se ha despojado al pueblo de grandes bienes. sin que se dé cuenta de ello. Se le ha desmontado el Estado de Justicia, engañándole con la ficción legalista del “Estado de Derecho”, amparador de todas las usuras e injusticias, como se está viendo. Se han atropellado los derechos fundamentales e inviolables de las personas. Se pretende constituir la sociedad española, y ese Estado fantasmal, sobre una legalidad atea con todas sus malas consecuencias negativas de las instituciones básicas del matrimonio, la familia y la propiedad privada con protección e iniciativa. 

Y, en fin, se echan las bases para la desintegración de la unidad de España. Porque en la Constitución aparece claro el evento de posibles apelaciones de los pueblos o “nacionalidades” inventadas por ella ante los organismos internacionales para lograr su “autodeterminación” en ejercicio de los llamados “derechos humanos”, sin más que acogerse a la famosa Declaración Universal, redactada para uso de las grandes potencias, antes descolonizadoras y ahora “desnacionalizadoras” que manejan la ONU y sus conocidas comisiones, tribunales, secretarias o dependencias de alta presión.

 Tan colosal despojo se ha perpetrado con el sencillo truco que se emplea para quitarles a los niños lo que tienen en la mano; enseñándoles otra cosa cualquiera para que suelten aquello que se les quiere arrebatar. Primero se despojó al pueblo, con absoluta arbitrariedad y desafuero de sus poderosas organizaciones, no estatales, de sindicatos y movimiento organizados nacional, con la engañifa de “la democracia en el Estado español”, que ya sabemos lo que ha sido y para lo que ha servido. Ahora, el señuelo se titula “Constitución”: tiene veintitrés veces más artículos y disposiciones que aquella mini ley explosiva, de 4 de enero de 1977. Porque lo que importa es distraer al público, como a los niños. Y mientras se entretienen leyendo tanto, hacerle soltar, sin que se dé cuenta de lo que hace, nada más y nada menos que la totalidad del Ordenamiento Institucional legítimo de España, que estableció sobre las bases de Justicia que constituyen los principios permanentes de la Promulgación de 1958, un sistema de Leyes Fundamentales no cambiables ni aplicables a capricho, sino con sujeción a normas supremas inmutables. Lo cual es la única garantía verdadera y eficaz frente a los excesos o arbitrariedades de los órganos del poder sin límites que se arrogan los partidos políticos en la Constitución 78 para legislar juzgar y ejecutar todo según leyes hechas por ellos solamente y sin Ley de Dios. (…)

 Jaime MONTERO


Revista FUERZA NUEVAnº 623, 16-Dic-1978

 

(*) Título original: La manifestación de los alféreces provisionales”

(**) El llamado “franquismo”


domingo, 7 de diciembre de 2025

Filosofía hispanocéntrica (3)

 El Congreso Eucarístico de la Hispanidad (1934)

  SUGESTIONES PARA UNA FILOSOFIA HISPANOCENTRICA

 El Congreso Eucarístico de la Hispanidad

 Por RAFAEL GIL SERRANO.-Director Central de la Hermandad de Campeadores Hispánicos

 El escritor Gonzalo Fernández de la Mora —alguno de cuyos errores hemos censurado en estas columnas— (1) publica en «ABC» un artículo titulado «¿Amor amargo?», de honda trascendencia hispánica, no tanto por el hecho en sí mismo que relata por cuanto por el ambiente que ha hecho posible su realización. Nuestro escritor se queja amargamente—con toda la razón ele que en el Teatro San Martín, de Buenos Aires «el primero de los teatros oficiales bonaerenses», se representase «Luces de Bohemia», de Valle-Inclán, «un esperpento impreso en 1920 y que hasta ahora no había merecido los honores de las tablas». Y como demostración de que en la obra «el objetivo de la ofensiva dialéctica es la patria» española, copia media docena de frases.

 DIFERENCIA DE AMBIENTE

 Vaya, pues, nuestro aplauso más fervoroso a Gonzalo Fernández de la Mora por la profesión pública y solemne de amor a España, precisamente cuando muchos españoles—más o menos intelectuales—parece como si no tuviesen otro objeto que desvirtuar las esencias y los valores no sólo de España, sino de la HISPANIDAD UNIVERSAL. Y lo más grave es que a veces lo hacen como si lo hispánico viniera a constituir un grave obstáculo para la expansión de la Iglesia y del catolicismo en el mundo (¡!).

 ¡Qué diferencia del ambiente (1967) que refleja el escritor al que se respiraba en la misma capital argentina hace varios decenios...! Fue precisamente en Buenos Aires donde el gigante re-creador de la HISPANIDAD, el por entonces futuro obispo monseñor Zacarías de Vizcarra, acuciado por la necesidad de superar el vocablo RAZA, que no le satisfacía a él ni a ciertos sectores argentinos, elaboró su concepto de HISPANIDAD—, haciendo renacer así la bella palabra de las cenizas en que yacía muerta y enterrada entre las páginas del diccionario, como palabra anticuada equivalente a hispanismo o «giro o modo de hablar propio y privativo de la lengua española», y dándole alas para remontarse hacia insospechadas alturas.

 Fue también en Buenos Aires donde recibió el bautismo de HISPANIDAD otro de sus grandes, RAMIRO DE MAEZTU, el caballero enamorado de la misma, quien salió en su DEFENSA con las armas de su maravillosa pluma, en la palestra de «Acción Española» (2) y de su trascendental libro (3).

 Luego aquel ambiente se proyectaría por toda la República Argentina, de suerte que, a pesar de las muchas vicisitudes porque pasaría la nación hermana—que tantas desviaciones han producido, al igual que ha sucedido en los demás países hispánicos, incluida España—, todavía quedan hombres de temple heroico cuyo amor a la ARGENTINA, a ESPAÑA y a la HISPANIDAD UNIVERSAL parece agigantarse cuanto más pretende asfixiarles el ambiente antihispánico que los envuelve. Sirva como paradigma el poeta y pedagogo JACINTO SALVADOR COSSY ISASI, que allá, en tierra de Misiones, padece locura de amores hispánicos, y cuyo CANTO DE AMOR A ESPAÑA (4) sigue haciendo vibrar nuestro corazón, sintonizado en perfecta armonía con el suyo (5).

 EL CONGRESO EUCARISTICO

 Aquel magnifico ambiente tuvo una eclosión esplendorosa en el XXXIII CONGRESO EUCARISTICO INTERNACIONAL (1934), el cual no dudamos en calificarlo de CONGRESO EUCARISTICO DE LA HISPANIDAD por antonomasia Y para que se vea que no exageramos, he aquí los motivos:

1. ° El Congreso se celebró: a) en un país hispánico, la REPUBLICA ARGENTINA; b) En una de las capitales más florecientes del mundo hispánico, BUENOS AIRES  c) durante una semana plenamente hispánica, del 7 al 14 de octubre de 1934.

2. ° Asistieron: a) grandes masas de gentes hispánicas; b) muchos prelados, en quienes estaban representados TODOS LOS PAISES HISPÁNICOS; c) numerosos representantes de lo más selecto del catolicismo mundial.

3 ° Allí se dieron cita, entre otros: a) el legado pontificio, cardenal EUGENIO PACELLI, futuro Pontífice PIO XII que llegaría a ser designado, por varios conductos, el PAPA DE LA HISPANIDAD (6); b) el cardenal primado de España, doctor ISIDRO GOMÁ Y TOMAS, llamado «Príncipe de la HISPANIDAD» (7) y «Teólogo de la HISPANIDAD» (8), cuya oración pronunciada el día Doce de Octubre de 1934, precisamente en el grandioso Teatro Colón, es la APOLOGIA más hermosa que ha podido hacerse de la HISPANIDAD (9), llamada «Encíclica de la HISPANIDAD» por la prensa argentina (10), aunque más bien «parece como el evangelio de la misma HISPANIDAD» (11); c) monseñor ZACARIAS DE VIZCARRA, el GIGANTE RE-CREADOR de la HISPANIDAD, según hemos dicho, que «es como el Quijote de la HISPANIDAD» (12), «es el orfebre por excelencia de la HISPANIDAD» (13).

 4 ° Monseñor Vizcarra fue realmente el alma del Congreso: a) por sus dotes organizadoras; b) por su intensa labor de propaganda; c) por su dinamismo esforzado; d) por las orientaciones que dio desde la Vicesecretaría de la Junta Ejecutiva.

 5. ° Produjo un impacto enorme: a) en todo el MUNDO HISPANICO en general; b) en otro de los grandes de la HISPANIDAD, MANUEL GARCIA MORENTE en particuIar.

 GARCIA MORENTE

 Y ahora demostrado el alcance específicamente hispánico el Congreso de Buenos Aires vamos a centrar nuestra atención en su proyección sobre el alma de García Morente ya que el impacto debió ser enorme pues aunque nada se diga al respecto en su biografía podemos atisbarlo por los siguientes hechos

 1.° García Morente amó siempre a España, por lo cual despreció cargos y honores que le ofrecieron en Francia si renunciaba a la nacionalidad española. 2.° Aunque en él se diera el fenómeno llamado por el doctor Eijo «deformación religioso-social», esta deformación «no era enfermedad y vicio de la voluntad, sino atrofia

—digámoslo así—de un órgano, falta de un sentido dé percepción. No había, pues, la menor culpa» (15). 3.° Presenció el Congreso Eucarístico y después departió con el ilustre congresista doctor LEOPOLDO EIJO Y GARAY, obispo de Madrid-Alcalá, de regreso a España. 4. ° Se hizo sacerdote bajo las directrices de dicho prelado. 5.° Con motivo del homenaje a Pío XII, pronunció el día 12 de mayo de 1942, en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, las siguientes palabras, con que cerró su discurso:

 «El que os habla presenció hace ocho años el espectáculo indescriptible de un pueblo hispánico deshecho en manifestaciones de un entusiasmo gigantesco. El recibimiento que la población de Buenos Aires tributó en octubre de 1934 al excelentísimo señor cardenal Pacelli, en la ocasión del Congreso Eucarístico, tuvo formas y proporciones tan desusadas y exorbitantes que permanecerán por siempre grabadas en la memoria de los que lo presenciaron. Su Santidad el Papa Pío XII no puede haberlo olvidado. A algunos sorprendieron los hechos hasta el punto de exclamar—yo mismo pude oírlo—: «¡Nunca hubiese creído que en Buenos Aires había tanto católico!» Esta frase caracteriza muy exactamente el fondo inextinguible de hispanidad que palpita vivo en América. Tan pronto como se toca la fibra profunda de la religión, reaparece en la pampa, como en las faldas de los Andes o en las selvas del trópico; el buen caballero cristiano, el buen paladín de la cruz, ofreciendo su brazo y su mente a la causa de Cristo. A esos hermanos nuestros de raza, de sangre, de idioma y de fe podemos confiadamente convocarles con nosotros a la nueva Santa Cruzada, la cruzada de la paz por la oración, la cruzada de la paz de Cristo, que predica en el mundo nuestro Santo Padre Pío XII» (16).

 HACIA LA FILOSOFIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA

 Y ante esas manifestaciones de Morente, nosotros creemos que el CONGRESO EUCARISTICO DE LA HISPANIDAD fue la causa mediata que le conduciría a la formulación de su Filosofía de la Historia de España, de la que hablaremos inmediatamente, como prometimos en el artículo anterior (17).

  

(1) «Un demonio muy singular». ¿QUE PASA?, número 194. 16-IX-67.

(2) Revista dirigida por el Conde de Santibáñez del Rio. El número 1 se publicó el 15-XII-31. El artículo de presentación, sin firma, era de Maeztu y mereció el Premio «Mariano de Cavia».

(3) DEFENSA DE LA HISPANIDAD, por Ramiro de Maeztu, 5.ª edición. Madrid. 1946.

(4) Escrito en Madrid, 1962, e impreso en Posadas (Misiones, Argentina),

(5) Véase el fervor y estilo de Jacinto S. Cossy Isasi: en ¿QUE PASA?, número 194)

 (6) Francisco Gutiérrez Lasanta. Pbro: EL PAPA DE LA HISPANIDAD. PIO XII. Conferencia pronunciada en la Universidad Pontificia e Hispano-Americana de Comillas (Santander), el día 12 de octubre de 1958. Zaragoza. 1959

«Pío XII, Papa de la Hispanidad». Parte cuarta de Juan Terradas Soler. C. P. C. R, UNA EPOPEYA MISIONERA. LA CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE AMÉRICA VISTAS DESDE ROMA. Madrid, 1962. Páginas 141-336, ocupan más de la mitad del libro.

(7) Luis de Galinsoga, en «A B C» de Sevilla, 27-VII-37. y en «Faro de Vigo»

(8) Francisco Gutiérrez Lasanta, Pbro.: TRES CARDENALES HISPANICOS Y UN OBISPO HISPANIZANTE. Zaragoza, 12 de octubre de 1960, páginas 26 y 35.

(9) Id id., id. Págs. 35-48: Breve e interesante estudio de la «Apología de la Hispanidad». Págs. 201-230: Texto íntegro de dicha «Apología», con la extraordinaria novedad de estar subdividida en cien párrafos, cada uno con la su correspondiente título. También figura como Apéndice en DEFENSA DE LA HISPANIDAD y en una EPOPEYA MISIONERA, aquí precedida de breve reseña biográfica.

(10) UNA EPOPEYA... Pág. 145.

(11) TRES CARDENALES... Pág. 35.

(12) Id., pág. 173.

(13) Id., pág. 186.

(14) M. de Iriarte, S. I.: EL PROFESOR GARCIA MORENTE, SACERDOTE, ESCRITOS INTIMOS Y COMENTARIO BIOGRAFICO. 3.» edición. Madrid, 1956.

(16) EL PONTIFICADO Y LA HISPANIDAD, en «Idea de la Hispanidad». 3ª edición. Madrid. 1947. Págs. 143-44. También en «Colección Austral», numero 1.302. Madrid. 1961 Página 128.

(17) «Ensayos filosofales hispánicos» ¿QUE PASA?, núm. 205, 2-XII-67


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 207, 16-Dic-1967 

 

viernes, 5 de diciembre de 2025

Celibato sacerdotal (2)

 

 CELIBATO SACERDOTAL: TODA UNA ESPIRITUALIDAD

 En los años que inmediatamente proceden al Concilio Vaticano II, había ya comenzado una campaña para abolir el celibato sacerdotal, en ciertos ambientes eclesiásticos. En las proximidades del Concilio, esa campaña se acentúa en forma de cartas abiertas patéticas dirigidas a Juan XXIII. Este Papa, repetidas veces, y no obstante el dolor que le causaban, reafirma su propósito de que el Concilio nada cambiaría en este punto.

 Sin embargo, ya en el Concilio, algo empieza a moverse. Se abre la discusión en torno a la institución del Diaconado permanente; y se introduce la cuestión de si debe ir unida al celibato. Y las opiniones se dividen. Hay quien piensa que esa sería la brecha por donde se introduciría el enemigo. En efecto, cuando se llega a la discusión del esquema sobre la formación del clero (octubre, 1965), una carta de Pablo VI al cardenal Tisserant, leída en el Concilio, conjura un evidente peligro: que se ponga a discusión un punto indiscutible. Por ello, el Papa corta toda posibilidad y avoca a sí aquel punto delicado. El Concilio sólo llega a admitir la posibilidad de ordenación de diáconos, en especiales circunstancias, de sujetos casados, excluyendo toda posibilidad de sacerdotes casados. Los Decretos sobre los Presbíteros y la formación del Clero reafirman vigorosamente la doctrina tradicional.

 Algo, sin embargo, de extraño y de malsano flotaba en el ambiente: con los decretos conciliares se había cerrado el paso a tantas ilusorias esperanzas… Estas, con todo, renacían en virtud de no sé qué extraños propósitos: la praxis de concesiones y dispensas se había hecho extremadamente laxa. Y esto, lejos de favorecer lo establecido por el Concilio, parecía hacer tabla rasa de su misma letra. Con ello viene un período en que las defecciones aumentan de un modo alarmante. Y no hay que decir que una terrible iniciativa parece tomar la delantera: los hechos consumados obligarían a Roma a revisar sus rigurosas posiciones. Pablo VI cree ya necesario poner término a tantas especulaciones y promulga su encíclica “Sacerdotalis celibatus” del 24 de junio de 1967. Vale la pena que nos demos cuenta exacta de sus líneas fundamentales en su primera parte, ya que la segunda va dirigida a la formación del joven clero.

 No obstante la transformación cultural y técnica de nuestro tiempo -comienza diciendo la encíclica- la Iglesia sigue estimando como nunca el celibato. Y esto, por más que algunos se inclinen o -por hablar con más verdad-, “expresen una decidida voluntad de que la Iglesia revise esta disciplina, que les parece difícil y hasta imposible en nuestros días” (n.1). Esto perturba la conciencia católica, y nos obliga -dice el Papa- a llevar a efecto lo que prometimos al Concilio y que fue ya sancionado por él: confirmar el celibato. Hemos reflexionado mucho sobre las razones que muchos estudios modernos proponen para revisar esta disciplina (n.4). Por ejemplo: que Cristo propone un celibato libre y elige para apóstoles a hombres casados. Que las razones que urgían a la Iglesia primitiva hoy no urgen. ¿Por qué no distinguir, por lo demás, entre quienes aspiran a sólo el sacerdocio y los que, además, quieren permanecer célibes? (n.7). No hay por qué temer -se añade- que al matrimonio de los sacerdotes se sigan mayores males, ya que también pueden dar ejemplo de familias modelo. Pero, en fin -se acentúa- ¿no se trata de algo contrario a la naturaleza que viene a disminuir el valor de la persona? (n.10). Los jóvenes seminaristas, una vez metidos en el sistema colegial de pedagogía impersonal, aceptan la ley del celibato sin saber lo que hacen (n.11).

 Estas y otras dificultades oponen quienes no acaban de comprender -añade el Papa- el “don de Dios”. Pero a ellas oponemos, ante todo, los innumerables ejemplos -hechos vivientes- de los santos, siempre válidos; y, también hay que decirlo, la inmensa mayoría de los sacerdotes que hoy guardan sus sagrados compromisos. Creemos pues -concluye el Papa- que hay que mantener la unión entre sacerdocio y celibato para honra de aquel; aunque a algunos les sea concedido el segundo sin el primero, la Iglesia sigue pensando que el primero debe seguir sustentando al segundo. Hecha esta introducción, he aquí ahora las ideas maestras de la primera parte.

 Es cierto que no es la misma naturaleza del sacerdocio la que exige el celibato; pero la Iglesia, bajo el Espíritu de Dios, ha juzgado que es sumamente conveniente, y quiere mantener la unión. Las conveniencias son múltiples y han sido siempre vistas por toda la tradición cristiana; hoy, con todo, se nos aparecen con nueva luz (n.18). Por lo demás, el sacerdocio es un misterio que debe ser contemplado desde la fe; sin que por ello, claro está, tenga que sufrir el valor auténtico del matrimonio. Porque está el ejemplo de Cristo, quien une en sí eminentemente la virginidad y el sacerdocio para entregarse sacerdotalmente a los hombres; están sus llamadas evangélicas. Esto ha llevado a sus ministros a una dedicación tal a su seguimiento que excluía las solicitudes naturales del matrimonio (n.23). De este modo, el celibato aparecía sobre todo como “signo y estímulo de la caridad hacia Cristo y hacia los hermanos”. El sacerdote se muestra así entregado a Cristo y a las cosas santas; y no la carne y a la sangre; y goza de la libertad interior y exterior para entregarse plenamente a su ministerio espiritual y a la oración (n. 27 y 28). De este modo su ministerio es eficaz; cumple la difícil ascesis del sacrificio, y da el testimonio del Reino por venir en la resurrección.

 Toda esta doctrina, vivida siempre en la tradición, ha sido mantenida -añade el Papa- por nuestros inmediatos antecesores; por los Concilios, tanto en Oriente como en Occidente; este estado, pues, de cosas, actual, no significa en modo alguno que la Iglesia quiera hoy cambiar lo que admitió siempre. Lo acaba de proclamar solemnemente el Vaticano II; y son precisamente nuestros días los que más necesitan de esta santa disciplina (n.46). Hasta no importaría que descendiera el número de los sacerdotes por ello –lo que por otra parte no es cierto- el Señor mandaría operarios a su viña; y la Iglesia no abandonaría su misión.

 Pero los mismos hechos nos dicen que no es la supresión del celibato el camino verdadero para poner remedio a la falta de sacerdotes (n.49). Ni por ello la Iglesia va a entregarse menos al mundo. Todo lo contrario. La Iglesia sabe que el joven sólo se entrega a los grandes ideales; sabiendo que es la gracia de Cristo la que le sostiene. Debe, sí, conocer las dificultades y saber superarlas; pero es inicuo afirmar que el celibato va contra la naturaleza y que minusvalora al sacerdote, cuando es el mismo Cristo, el hombre perfecto, quien invita a ello; cuando es esa santa institución la que ha obtenido los mayores bienes para la humanidad. El mismo sacerdote, dominando sus apetitos naturales, no los desprecia, sino que los ordena haciéndose superior a sí mismo; y si pospone un bien tan grande como es el matrimonio, esto lo hace solamente para adherirse a un Bien mayor que todos los demás bienes (n.56). Es cierto, sí, que todos estamos obligados a dar testimonio; pero el sacerdote, con su celibato consagrado, da el supremo. No negamos que el sacerdote parece encerrarse en una cierta soledad; pero es él quien debe poblarla con la presencia y amistad de Cristo; y por su entrega al ministerio es él quien debe encontrar en Cristo el amigo de todas las horas, de alegría y de tristeza (n.59).

 He ahí este nuevo y magnífico documento, bien actual, bien meditado, bien cargado de toda la sabiduría sobrenatural de que sólo es portadora la Iglesia. ¿Cómo -volvemos a preguntarnos- ha podido suceder que este documento venerable haya sido tan mal recibido por elementos destacados en ciertas regiones de la Iglesia…?

 Mariano de ZARCO


Revista FUERZA NUEVA, nº 173 ,2-May-1970

 

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Con el Primado (mons. Marcelo González) frente a la Constitución

 Dos artículos de 1978


"HABLÓ CLARO"

 

 Editorial

LOS españoles de bien, los católicos, los que no nos dejamos sorprender en nuestra fe por las palabras y las acciones engañosas de los enemigos de la catolicidad y mucho menos por sus cómplices envueltos en los ropajes de la cristiandad aparente, vimos con alegría, con reconocimiento y con católica complacencia la decisión del arzobispo de Toledo y primado de España, cardenal Marcelo González, de dar a la luz pública para orientación de los fieles de su archidiócesis y, por extensión, a los de toda España, una carta-pastoral en torno al texto del proyecto de Constitución, que los españoles habremos votado ya —afirmativa o negativamente— cuando salga este número de F N a la calle.

 Don Marcelo, afortunadamente y haciendo honor a su historia de pastor de nuestro pueblo, sin ofensas para nadie, pero dentro del más exacto dogma de la Iglesia, habló claro y terminante en torno a la Constitución, dando a su mensaje evangélico toda la importancia que el momento y el documento hacia preciso, pero sin inmiscuirse —como el Gobierno, los enemigos de la Iglesia y los suyos personales le han acusado— en asuntos políticos.

 HA sido una carta-pastoral nítida en la apreciación de los deberes del católico ante un proyecto constitucional que, a través del consenso de unos supuestos cristianos con los marxistas, ha sido elaborado como guía de la nueva democracia que ha de regir la vida futura de la nación. El arzobispo de Toledo rompió el silencio para poner las cosas en su sitio y no permitir que al amparo de una falsa ortodoxia, colegiada y expuesta en la Conferencia Episcopal, se engañase, con clara intencionalidad política, a una gran parte de los fieles españoles carentes, hasta el momento, de guía espiritual con respecto a tan importantísimo documento legal-constituyente.

 POR ello desde ese momento, en razón a la decisión del cardenal-arzobispo de Toledo, ha quedado nítidamente expuesto que, independientemente del resultado electoral de los comicios del día 6, de lo que se nos pueda imponer como ciudadanos del Estado y en cuanto a la debida obediencia a la legalidad que resulte vigente de tal Constitución —que de antemano ya sabíamos resultaría aprobada—, los católicos españoles no podemos sentirnos espiritual y cristianamente identificados con la misma y, por ello, en nuestro corazón y en nuestra fe, seguiremos repudiándola como expresión de un ateísmo impuesto, como norma legal que en lo espiritual- y trascendente para nuestras creencias religiosas, deja abierta las puertas a la destrucción de los valores de la persona humana, en su cristiana interpretación de la palabra, así que continuaremos interpretándolo como texto demoledor de los principios básicos en que debe asentarse la familia conforme a la doctrina de Cristo y al auténtico magisterio tradicional de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

 Habló claro, sin duda alguna, el primado de España y habló a la conciencia de los fieles españoles sin distinción política alguna. Y habló claro para que nadie pudiese ampararse en su posible silencio para acallar sus dudas, para envolver sus perjurios, para hacer buenas sus complicidades con los enemigos del ser católico. Ha sido una carta pastoral en donde todos hemos podido saber dónde estaba la realidad y dónde la irrealidad del pensamiento auténticamente cristiano ortodoxo. Dónde la postura del fiel católico a secas y dónde el que, abanderando un supuesto espíritu de cristiandad, no tiene empacho alguno en colaborar con los enemigos de Dios, con los que tratan de negar Sus glorias y Su presencia en la legislación por la que ha de regirse la vida del pueblo español.


Revista FUERZA NUEVA, nº 622, 9-Dic-1978

 


FALSO ESCÁNDALO 


 Por D. Elías (sacerdote)

 LA carta pastoral del cardenal primado sobre el referéndum ha producido cierto «escándalo» en algunos medios y, como no podía ser menos, en ciertos comentaristas de la actualidad política. Hemos oído a alguno hablar de «nuevo clericalismo», «crear división», «anulaciones matrimoniales sólo para ricos», etc. Imitando el lenguaje de nuestros muchachos, podemos decir que algunos de estos escandalizados «se han pasado».

 Si existe en España un prelado prudente, sensato, equilibrado y con sentido evangélico, es precisamente don Marcelo. Su respeto a la potestad civil, su sentido de responsabilidad y su visión ciara de fas cosas y de los problemas es proverbial. Jamás se ha permitido declaraciones de prensa ni cosa parecida. Nos consta que a la propia Radio Vaticano ha negado entrevistas. Si ahora se ha creído en el deber de orientar a sus diocesanos sobre un tema tan grave como el referéndum, nos consta que lo ha hecho en la más estricta conciencia de cumplir un deber pastoral muy grave y que a él correspondía primariamente.

 «Ya había hablado la Conferencia Episcopal», dirá alguno. Puntualicemos. La Conferencia Episcopal no ejerce función magisterial sobre los españoles. La función magisterial la ejerce cada prelado sobre sus diocesanos. Por otra parte, la votación hecha en la Conferencia sobre el asunto referéndum dio al menos diez votos en contra sobre el documento. Esto quiere decir que los criterios no eran unánimes, y que al ser cada prelado responsable de sus diocesanos, no podían dejarlos seguir un criterio diferente. La Iglesia católica, lo mismo antes que después del Vaticano II, tiene su propio modo de hacer, que no es precisamente «consensual» ni parlamentario. Dicho de otro modo: el criterio de los que en la Conferencia aprobaron el documento es muy respetable, pero el criterio concreto de la jerarquía es el de cada prelado en su diócesis.

 «Ya tenemos nuevo clericalismo.» Pues no, señor. A lo largo de los años hemos oído hablar de la denuncia profética y de la Iglesia como «conciencia crítica» de la sociedad, etc. Y ahora, porque un prelado prudente y responsable ejerce suave y respetuosamente esa conciencia crítica, se arma el «escándalo». Vamos a ser formales, señores. Aquí nadie pretende gobernar desde su mitra, dignamente llevada: se trata, simplemente, de dar luz a las conciencias, y que después esas conciencias actúen con su voto como mejor crean obrar.

 • • •

«Se crea división», dicen algunos. Esto es falso. La división entre los católicos españoles, clérigos y laicos, viene de atrás. Como muy bien ha dicho don Marcelo, es el mismo proyecto de Constitución el que lleva la división en sí.

 La más elemental prudencia aconseja que se analicen las posibles consecuencias de un SI o un NO con serenidad y sin apasionamiento. El eco de la propia fe religiosa debe llegar a todas las facetas y momentos de la vida de la persona creyente. Lo que no puede hacer la persona creyente es, sistemáticamente, crear una barrera entre su fe y su vida sociopolítica. «Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres.» Las palabras de don Marcelo, con todo el escándalo farisaico que puedan producir en algunos, no son otra cosa que el eco de estas palabras de San Pedro ante quienes, desde su autoridad, le querían hacer callar.

 «El NO llevaría a una guerra civil», pretenden decir algunos. No hay derecho a ese chantaje. La presión ejercida en forma múltiple sobre el pueblo ya es bastante; no se añada ahora el chantaje del miedo.

 Pero cuando estas líneas lleguen a tus manos, ya la suerte estará decidida. De todo este pataleo por la pastoral de don Marcelo, y por las adhesiones de otros prelados más, debemos sacar unas conclusiones que nos valgan para el futuro.

 I. Con Constitución o sin ella. Dios es Señor tanto de los individuos como de las comunidades, sean éstas las que fueren. El católico no puede renunciar a la Ley de Dios, natural y revelada, en su actuación comunitaria, aun a costa de su daño personal. La Ley de Dios le obliga «semper et pro semper». y el creyente no puede actuar en el orden político en desacuerdo con la Ley de Dios.

 II. Hemos de estar preparados para los mayores absurdos, e incluso al insulto y la calumnia a la Iglesia y sus obispos. Es cosa de tiempo más o menos, pero indefectiblemente llegará. La otra noche se decía en una emisora de radio que algunos obispos habían quedado «con las tonsuras al aire» por adherirse a don Marcelo.

 III. La realidad de la división entre nuestros obispos no admite discusión. Este es un problema gravísimo que está siendo muy bien explotado, y lo será más aún en el futuro. No es menester insistir en el desconcierto que tal división crea en el pueblo de Dios. Pero, a pesar de ello, no debemos escandalizarnos nosotros: el tiempo nos ha enseñado a superar ese problema, a mirar hacia Roma y a ser adultos en nuestra fe.

 IV. En las altas esferas políticas ha causado muy seria impresión la pastoral de don Marcelo; esto es buena señalen orden al futuro. No hemos perdido la memoria del famoso cardenal Segura, que supo ser todo y solo un príncipe de la Iglesia con la Monarquía, con la República y con Franco, en una independencia total y absoluta, aunque tuvo que verse en el destierro. Este es un buen aviso de navegantes para hacerse a la idea de que los nuevos demócratas no van a ser con la jerarquía tan respetuosos como lo fueron Franco y sus gobiernos.

 V. El futuro próximo nos dirá, con los hechos, las directrices que vaya marcando Roma. Esperamos que se acentúe la independencia para no caer en trampas económicas ni de otra clase, aunque suponemos con fundamento que en España cualquier Gobierno, aun marxista, tratará de ganarse para su ideología a cuantos obispos pueda.

 VI. La siembra ideológica marxista realizada entre el clero a lo largo de los años está dando sus frutos de diversos modos. Será necesario absolutamente que uno o varios obispos, plenamente entregado a su grey evangélicamente, sirva de punto de referencia y quite miedos y falsas prudencias.

 Las coordenadas de la Iglesia de España han cambiado. De hecho, desde arriba, se la tratará como a una confesión religiosa cualquiera, aunque ahora en los comienzos, por razones tácticas, no se haga así. Los que años pasados se titulaban la «voz de los que no tienen voz», ahora callarán cuidadosamente.

 En nuestra humilde opinión, en más o menos tiempo, hemos de aceptar:

• leyes contrarias a la Ley de Dios, tanto natural como positiva;

• supresión de los tan traídos y llevados haberes del clero;

• imposición del matrimonio civil a todo el mundo;

• control férreo de la educación —no sólo la enseñanza— en todos los niveles;

• reducción de lo religioso al recinto de los templos.

Más adelante, según los gobiernos, se llegará más lejos. De momento, la falta de un fundamento trascendente y aun ético en la Constitución, lo hará posible.

 Esta es nuestra realidad, que hemos de aceptar con realismo, y dispuestos a un futuro de lucha diaria.


 Revista FUERZA NUEVAnº 622, 9-Dic-1978