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lunes, 12 de enero de 2026

Celibato sacerdotal (4): el fondo del problema

 Artículo de 1970

 

  CELIBATO SACERDOTAL: EL FONDO DEL PROBLEMA

 En este oleaje periodístico en que el tema del celibato clerical ha sido tan violentamente zarandeado, existía -por parte siempre de los conocidos grupos progresistas de presión sobre la opinión de la Iglesia postconciliar- el interés innegable de romper la tradición católica en un punto al que instintivamente se aferraba. Las defecciones, las dispensas, las encuestas; los pretendidos argumentos sociológicos y teológicos: todo ha sido puesto en juego hoy como nunca para lograr una desorientación de la fina sensibilidad católica en este punto delicado. Pero intentemos ver claro en el fondo del problema.

En sus declaraciones a “La Croix”, el cardenal Daniélou decía: “cuando un cuerpo está enfermo, existen dos soluciones: o dejarle perecer o restituirle la salud. Ahora bien; nadie puede negar que la cuestión del celibato en su contexto actual está ligado a una crisis de fe y a una crisis de la vida espiritual. La verdadera respuesta a la crisis de la vida sacerdotal es la de Pablo VI cuando afirma que la renovación del sacerdocio va unida al redescubrimiento por los sacerdotes del valor eminente del celibato consagrado. El celibato sacerdotal ha estado siempre, en la historia de la Iglesia, en relación con el ardor de la fe, con el impulso de la vida espiritual. Y la problematización del celibato ha estado siempre relacionada con la debilitación de la fe y de la vida espiritual. ¡Qué lamentable ejemplo daría el sacerdote en un momento en que los fieles tienen que luchar valientemente para mantener su fidelidad a la fe en la vida cristiana, si él se dejara llevar a una tal defección!”

 Crisis de celibato, pues, es crisis de fe y crisis de espiritualidad en la Iglesia. Pero, ¿en qué puntos? El cardenal Bensch lo señalaba así: “la petición de disociar sacerdocio y celibato, que ha sido formulada de manera particularmente explícita -aunque no por primera vez- con ocasión de la 5ª sesión del Concilio pastoral, ha atraído casi exclusivamente el interés de la opinión pública sobre la cuestión del celibato. Pero toda la preparación de los trabajos del Concilio pastoral muestra hasta la evidencia que existe una “asociación” entre su posición sobre el celibato y sus concepciones sobre la institución, las estructuras y la misión de la Iglesia, sin hablar de los dogmas, el sacramento del orden y otros sacramentos, concepciones todas que están muy lejos de las enseñanzas del Vaticano II”.

 Es decir, que el escándalo holandés sobre el celibato se presenta en un contexto dogmático sumamente peligroso. Por ejemplo, sobre la colegialidad, el informe preparatorio no deja lugar a dudas: “Quizás tengamos que acostumbrarnos paulatinamente una imagen del Papa como de presidente o secretario general de todas las iglesias unidas por todo el mundo, manteniendo vivo el contacto con otras figuras similares en las demás iglesias cristianas y movimientos humanos de nivel mundial”.

 El cardenal Danielou ha puesto al descubierto la maniobra diciendo: “Vemos aparecer la maniobra que consistiría en levantar contra Pablo VI la colegialidad episcopal. Ciertos llamamientos han sido dirigidos hábilmente a los episcopados del mundo para solidarizarse con el episcopado holandés. Por ahí se intenta quebrantar la autoridad del Papa, ejercer sobre ella un chantaje y, finalmente, suprimirla. Lo que hay en el fondo de todas estas campañas sucesivas es, finalmente, el odio contra la autoridad de Roma”.

 Pero -todavía más- si se quiere advertir el contexto más próximo en que surge y se explica la crisis del celibato sacerdotal, hay que ir a buscarla en el clima general de secularización que invade como riada incontenible a la Iglesia. No nos referimos ahora a la secularización naturalista que afecta a la crisis más amplia de fe y sobrenaturalismo, sino a esa concepción difusa que hace de la Iglesia Católica una sociedad filantrópica de socorros mutuos para el Tercer Mundo; o la nueva “Internacional” socialista de defensa del mundo obrero; o la panacea universal de la Paz; o la oficina de la prosperidad humana: o, en fin, el lugar donde la humanidad encontrará el paraíso marxista en la tierra. 

Esto influye en la secularización del sacerdote: fuera el hábito clerical; amputaciones litúrgicas; sacerdote sociólogo y demagogo; sacerdotes obreros, entregados a la edificación de la Ciudad Secular; sacerdotes encuadrados en todos los estamentos seculares como un ciudadano más y -última consecuencia- sacerdotes casados, como todo el mundo…

 Schonenberg, en su intervención en el sínodo pastoral holandés, se refería a que la ponencia desatendía la trascendencia propia del ministerio católico. Y el cardenal Bengsch explica: “Un ministerio sacerdotal que ante todo es mirado en función de las normas de las profesiones sociales modernas; una misión de la Iglesia que es vista exclusivamente como una ayuda de la expansión personal del hombre, no pueden, evidentemente, más que hacer desaparecer el “non-sense” del celibato sacerdotal. Mis temores, que comparto con muchos creyentes, no se refieren sólo, o ante todo, a la supresión del celibato: el peligro concreto que yo temo es que el mensaje de Cristo no sea totalmente vaciado de su contenido y laicizado”.

 Pero -respondía Pablo VI- todas esas razones “sociológicas” no parecen convincentes. Parecen omitir en realidad una consideración fundamental y esencial que es necesario absolutamente no olvidar y que es de orden sobrenatural: son una desviación de la concepción auténtica del sacerdocio. El fondo, pues, del problema parece que hay que encuadrarlo en tres círculos cada vez más interiores, pero íntimamente dependientes: la crisis amplia de fe, otra más interior, de Iglesia, y una específica de sacerdocio. Y esta crisis -concluye el cardenal Bengsch- no podría ser resuelta, ni en Holanda ni en ninguna parte, por la supresión del celibato. Como lo muestra la experiencia de otras Iglesias, este medio no podrá remediar la falta de sacerdotes.

 Si esto es así, parece inútil, contraproducente o sumamente peligrosa, hasta esa concesión en torno a la posibilidad de ordenación de sujetos probos, ya casados. Pablo VI no ha ocultado sus graves reservas sobre este punto: “¿No sería en efecto –dice- entre otras razones, una ilusión muy peligrosa el creer que tal cambio en la disciplina tradicional, podría, en la práctica, limitarse a casos locales de verdadera y extrema necesidad? ¿No sería, para nosotros, una tentación para buscar por ahí una respuesta aparentemente más fácil a la insuficiencia actual de vocaciones? 

De todos modos, las consecuencias serían tan graves y plantearían cuestiones tan nuevas para la vida de la Iglesia, que, dado el caso, deberían ser de antemano examinadas atentamente por nuestros hermanos en el episcopado…”. Guitton, contrario a esa solución, decía -citando una respuesta de un seminarista-: “Pero, si dentro de diez años existieran sacerdotes casados, nosotros tendremos necesidad de un heroísmo todavía mayor”. E, igualmente, haciendo hablar al pueblo fiel: “¿Dónde vamos a parar, si, después de haber introducido el matrimonio de los sacerdotes, fuera necesario hablar un día del divorcio de los sacerdotes?”.

 Verdaderamente, la palabra de Newman al sacerdote de hoy, en este tiempo de crisis de fe y de Iglesia, es definitiva: “¿Qué has arriesgado tú por la fe? ¿No eres tú, en verdad, como los demás?” Porque, hoy, los laicos del “pueblo de Dios” una sola cosa pedimos al sacerdote: que sea el “homo Dei” paulino. Que nos dé el testimonio de su sacerdocio consagrado a Cristo y a su Iglesia.

 Mariano DE ZARCO


 Revista FUERZA NUEVA, nº 175, 16-May-1970

 

sábado, 10 de enero de 2026

La Santísima Virgen ¿perdonada?

 Las “maravillas” del año de la Fe (1967)

 La Santísima Virgen ¿perdonada?

 En la «Hoja Dominical», de Barcelona, que se publica por la Oficina de Prensa del Arzobispado (número del día 3 de diciembre) se afirma de la Santísima Virgen, con motivo de la fiesta de la Inmaculada, que Ella la madre de Nuestro Señor Jesucristo, fue LA PRIMERA PERDONADA. Con tan infausto motivo una gran porción de católicos santamente indignados han elevado al excelentísimo y reverendísimo arzobispo de Barcelona una carta-denuncia, ciertamente airada. Se nos ha remitido copia y, desde luego, si participamos en el fondo del inmenso dolor de que brota ese escrito, rechazamos la forma irreverente, directa y ruda, en muchos puntos.

 Para sustancial información de nuestros lectores extraemos algunos períodos de la desgarrada queja:

 Se ofenden nuestros más íntimos sentimientos de católicos al escribir de nuestra Madre, la Santísima Virgen, después de unas frases ambiguas y atenuadoras del entusiasmo mariano de buenos hijos, que Ella «fue la primera perdonada». Señor arzobispo: esto es intolerable. Perdonada, ¿de qué? ¿De qué culpa o pecado perdonada María; Ella, que fue concebida sin mancha de pecado? ¿Es eso lo que se enseña al pueblo de Barcelona en la novena de la Inmaculada?»

 «Por nuestra ciudad anda de mano en mano el libro de «Una religión para nuestro tiempo», del desgraciado sacerdote belga Evely, en el que escribe la blasfema frase de que la Virgen «fue la primera pecadora perdonada». Es indignante que se pueda llamar impunemente en un libro que se presenta como católico, a la Santísima Virgen «pecadora». Pero ahora resulta, por si fuera poco, que en la misma «Hoja Diocesana, aunque se suprime el término de «pecadora», se incluye el de «perdonada», que supone el que ha sido pecadora. Esto en una publicación oficial del Arzobispado.»

 «Esa «Hoja Diocesana», que es el órgano doctrinal del Arzobispado al alcance del pueblo, ha escandalizado gravemente a ese mismo pueblo, y le ha ofendido en sus sentimientos religiosos más queridos, y ha esparcido el error en medio de él. Son cientos de miles los que han recibido ese veneno.»

 ¡Desgraciada ciudad de Barcelona, en manos de los propagadores del error, que desmoronan la fe del pueblo y destruyen el dogma, sin que nadie salga en su sagrada defensa! Esa repugnante Hoja Diocesana» quedará como un baldón permanente».

 Nuestro corresponsal añade:

 «Es ya mucha la indignación que hay en Barcelona. Se recuerda la campaña «Volem Bisbes Catalans», el artículo en «Le Monde» personalmente contra Pablo VI del reverendo José María Montserrat Torrents, la firma del reverendo Joaquín María Martínez Roura, que pertenece a esta Comisión Diocesana para los Medios de Comunicación Social, en el manifiesto clandestino y subversivo de 1 de mayo de este año, capturado por los agentes de la autoridad en Torre Baró, sin que haya rectificado, a pesar del cargo que tiene en dicha Comisión. Por esto se confía en que el señor arzobispo de Barcelona, excelentísimo y reverendísimo doctor don Marcelo González Martin, pondrá fin a tantos desmanes e indisciplinas y sabrá apreciar en todo lo que representa el fondo de fe auténtica que hay en el contenido de esa carta, aunque sea presentada con una vehemencia que nadie mejor que el arzobispo de Barcelona puede comprender y explicar debida y caritativamente».


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 208, 23-Dic-1967

 

jueves, 8 de enero de 2026

Blas Piñar por la Europa cristiana (2)

 Artículo de 1978

 Blas Piñar en Marsella (Francia)

 «LE JOUR DE GLOIRE EST ARRIVÉ»

 (Discurso pronunciado por Blas Piñar en el cine Madeleine, de Marsella —Francia—, el día 10 de noviembre de 1978.)

 Nos duele Europa, camaradas y amigos, y nos duele porque es nuestra y porque la amamos.

 Para nosotros, Europa es más que un continente, un contenido; más que un trozo de geografía inerte, un hervidero de historia; más que un mercado común, un alma colectiva; más que un pasado que se clausura y muere, una semilla que se desgarra en su interior con voluntad de florecer.

 Tales son las razones que justifican nuestra presencia aquí, en la ciudad más antigua de la Francia, construida junto al Ródano cabalgando sobre el «mar nuestro», que surcaron mil veces los navíos abanderados en Marsella, en Génova o en Barcelona, a un tiempo industrial y lírica, francesa y, por ello mismo, europea.

 No es fácil eludir la magia de una región. Aquí, en las viejas comarcas de la lengua del Oc, en la Provenza de los antiguos trovadores, que hicieron de la «domna» la mujer ideal a la que cantaban, y que identificaron los verbos amar y servir, hemos venido a proclamar limpia y varonilmente que Europa, nuestra dama, ha sido víctima de un rapto, y que nosotros, que somos caballeros y no trovadores, queremos rescatarla de su prisión o de su encantamiento.

 Federico Mistral, el que compartió con nuestro Echegaray un premio Nobel, escribió en provenzal su famoso poema «Miréio». Para mí, Mireya es Europa, que mantiene contra todos su amor puro y que rechaza a los poderosos que la solicitan: el capitalismo liberal, la esclavitud marxista, la ruptura con sus propias tradiciones. Hasta quien le dio vida se opone a ese amor. Mireya, es decir, Europa, ante tanta dificultad, temerosa y confusa, abandona su casa y se encamina a pie al santuario de las tres Marías, en la Camarga, allí donde el Ródano desemboca. Durante el viaje, como resume Bonfantini, la daña el sol demasiado ardiente, la oprime la angustia y la aplasta la fatiga. Llega al santuario y muere.

 Pero he aquí que nosotros queremos borrar y sustituir ese epílogo catastrófico. Mireya, es decir, Europa, no puede morir. Es cierto que está oprimida, angustiada y fatigada; es cierto que en parte gime sin honor y sin libertad, allí donde el yugo comunista la atenaza; y es cierto también que llora, convulsa y estremecida, allí donde el terrorismo de la violencia física y el terrorismo de la violencia moral de todo género, la desconciertan y la paralizan.

 Pero también es verdad que las tres Marías, las tres grandes naciones católicas del Mediterráneo, Francia, Italia y España, con puñados de hombres y mujeres elegidos, con gavillas de jóvenes con vocación de héroes, harán el milagro; y Mireya, es decir, Europa, no sólo no morirá, sino que, reconfortada, rejuvenecida y alegre, fiel a sí misma, consumará su desposorio con su tradición y con su destino.

  • • •

Hemos hablado de jóvenes con vocación de héroes. A mi modo de ver, aquí está la clave única de nuestra victoria. Lo que ocurre es que el héroe no es el resultado de una estructura, sino que la estructura es la obra del héroe, lograda con entusiasmo, con fortaleza y con heroísmo.

 De aquí que para nosotros, la revolución tenga un signo diferente al usual, y se plantee a nivel subjetivo, a manera de conversión y no de revuelta, a modo de «metanoia» y no de motín.

 Ya sé que de la campaña difamatoria que nos rodea, forma parte —aunque no integre el más desdichado de los capítulos— la imputación de nuestra nostalgia. Pues bien; lo que nuestros adversarios califican de nostalgia, no debe serlo tanto, cuando a la melancolía que adormece sustituye el espíritu de combate. Lo que ocurre es que la nostalgia se confunde, por los enemigos, con el recuerdo de la propia identidad, con la reflexión sobre el pasado para caminar en el presente y en el futuro, con aquel aforismo permanente y válido de Cicerón, de que la historia es maestra de la vida.

 Nosotros no miramos atrás en justificación de un descanso. Nosotros pensamos en las lecciones de ayer, mientras seguimos la marcha, recios y animosos, en pos de las banderas de un ideal sagrado.

 En ese pensamiento, aquí, en la dulce Francia, se perfilan sus grandes figuras nacionales: Carlomagno, San Luis (el hijo de nuestra Blanca de Castilla) y Santa Juana de Arco; y sus catedrales, que son tratados de teología alzados en medio de la Ciudad terrena; y sus canciones de gesta, que son himnos en los que se exalta al héroe que necesitamos para nuestra empresa; y sus trovas de amor, que forman el salterio íntimo de un corazón enamorado que no necesita del recurso fácil del erotismo.

 Santidad, heroísmo, amor. Es verdad que se entrecruzan, pero lo importante, más que separar o identificar su fuerza, es que incidan en el hombre para transformarlo y convertirlo

 Una orden de caballería, de las que nuestras patrias pueden ofrecernos un muestrario polícromo, no pretendía otra cosa para aquellos que la integraban. Entre vosotros, en 1469, el rey fundó la Orden y milicia del señor San Miguel Arcángel. Codreanu, en Rumania, pueblo de frontera, quiso que así se llamara su legión. San Miguel es el patrono de Alemania. Y en la España que nosotros representamos, hemos querido que San Miguel sea para los hombres y mujeres de Fuerza Nueva nuestro adelantado y nuestro capitán.

 ¿Acaso los movimientos políticos de tan clara significación nacional y tradicional, como los nuestros, no deberíamos ponernos colectivamente bajo el patrocinio del Arcángel y al modo de una nueva milicia cívica, espiritual y europea, invocarle para que nos ayude en el riesgo y nos mantenga firmes en el peligro, para que haga fuerte y segura nuestra vocación y nada ni nadie la esterilice invitándonos a la huida?

 Sólo este modo de enfrentarse con el drama de Europa puede salvarla. No basta un patriotismo natural, hay que levantarlo a cotas de mayor altura. El agua quita la sed. Pero hay ocasiones en que hace falta el vino para que la sangre se anime y el corazón se alegre; como en las bodas de Canaán. Y cuando ello sucede, como ocurre ahora con el patriotismo, es necesario que una palabra divina le toque, para transustanciarlo, para darle el calor y el sabor que precisa para su cometido difícil en la Europa de hoy.

 La mies es mucha y los trabajadores pocos; pero son pocos, no porque no haya trabajadores disponibles, sino porque nadie los llama y, sobre todo, porque al llamarlos no se les da ese vino mejor de las tinajas del milagro.

 A veces hay algo más censurable que el escamoteo de la verdad que salva o que la omisión del llamamiento, y es el paso despectivo y el recreo narcisista que nos impide ver a los que nos buscan con ilusión y con esperanza.

 Zaqueo, entre la multitud, no podía ver al Maestro, y se subió a un árbol. Y el Maestro no se desentendió, ni pasó sin dirigirle la mirada, sino que, fijándose en él, le dijo: quiero estar contigo y en tu casa. Son muchos lo que hoy nos buscan, ocultos o a distancia; pero nos buscan. Seamos nosotros los primeros en romper la muralla o la lejanía para invitarles al encuentro; seguros de que un corazón tocado por la admiración o por la sana curiosidad puede convertirse en un latido isócrono con el nuestro.

 • • •

Hoy es un día feliz en medio de tantos sinsabores. España está en vísperas del colapso o de la revitalización. Nosotros estamos poniendo de nuestra parte todo lo posible para evitar aquél, para conseguir que España no sea víctima del odio, el revanchismo y la frivolidad. Y digo que es un día feliz, porque en medio de nuestro duro combate, saboreamos vuestra amistad, vuestra camaradería, y nos reconforta el aliento fraternal de los franceses e italianos, de los belgas y portugueses de Europa, o de los europeos de Francia, de Italia, de Bélgica y de Portugal.

 Para nosotros tampoco hay Pirineos. La frase tiene un significado distinto del que tuvo cuando fue pronunciada, porque los Pirineos existen, pero no como barrera, sino como vigías.

 ¡Qué bien lo entendió el gran poeta Vasile Aleisandri!:

 Salud, Alpes, Cárpatos, Apeninos, Pirineos,

hermanos gigantes del gran mundo latino.

 Este mundo latino, pieza vital de Europa, tiene una misión que cumplir.

 En la visión total de la historia que tuvo el poeta citado, y que recogió en los versos solemnes de su «Cantacul gintel latine», premiada en los juegos florales de Montpellier, esa visión se dibuja con nitidez asombrosa: 

Cuando ante Dios, Señor de lo creado,

el día del juicio comparezca

la gran raza latina y sea preguntada

¿qué hiciste tú en la tierra, di, qué hiciste?,

ella dirá con voz serena y firme:

¡Señor, mientras viví sobre la Tierra,

yo, a los ojos del mundo estupefacto,

tu espejo fui y a Ti te he representado!

 • • •

Y Francia, Italia, Bélgica, Portugal y España, las naciones que se vinculan para este papel, al que no renuncian, y los movimientos políticos que en nuestras patrias representamos, se ponen en pie, con humildad y con verdad, para ser fieles a su alta misión.

 España va a conmemorar dentro de unos días a dos de sus arquetipos más recientes: a José Antonio, el fundador, y a Franco, el artífice. Uno, entregó su vida, como un mártir, asesinado por la horda marxista; otro, entregó la suya, después de derrotar al comunismo y devolver a los españoles el orgullo de serlo. Os esperamos en Madrid, porque José Antonio y Franco, por españoles, son algo más que nuestros, son símbolos de la Europa auténtica que aún cree y lucha por Dios, por la Patria y por la Justicia.

• • •

Tal es la letra de nuestro quehacer. Pero esa letra necesita una música. Frente a las notas de «la Internacional», que acompañan al odio, en España oponemos la letra y la música de un himno de amor y de combate, en el que se habla de primavera y de rosas, de escuadras y luceros: el «Cara al Sol».

 Vuestro himno nacional, «La Marsellesa», lo sabéis mejor que yo, fue un himno creado en 1792, cuando la guerra con Austria, por un capitán de ingenieros de guarnición en Estrasburgo. Su título inicial era: «Canto de guerra del Ejército del Rhin». La historia quiso que lo cantaran por las calles parisinas los voluntarios marselleses, y de aquí el nombre de «La Marsellesa».

 ¡Cuántas veces no habréis repetido sus estrofas! Al repasarlas, a la altura de nuestro tiempo, parece que en parte fueron redactadas para hoy y para nosotros, porque también contra Europa se ha levantado el estandarte de la tiranía soviética, porque también los tanques, las divisiones armadas hasta los dientes, las avanzadillas del terrorismo y de las agrupaciones comunistas, quieren ahogarnos, atropellarnos, aplastarnos, asesinarnos y destruirnos. Por eso, hoy, en Francia, podemos decir los europeos que amamos y queremos servir a Europa y rescatarla y libertarla (…)

 ¡Franceses, italianos, belgas, portugueses, españoles, europeos, en suma! ¡Hasta Madrid!, «le jour de gloire est arrivé». Por la Europa una, grande y libre. ¡ARRIBA EUROPA!

 (Grandes aplausos cerraron sus palabras, que fueron pronunciadas en francés.)


Revista FUERZA NUEVA, nº 624,  23-Dic-1978


martes, 6 de enero de 2026

Del Vich de Balmes al Vich postconcilar

 Artículo de 1970

 DEL VICH DE BALMES AL DE MOSÉN DALMAU

 De las tradiciones filosóficas y literarias de entonces al negativismo y a la confusión actual

 El nombre de Balmes tiene unas garantías, una autoridad, una aureola, una profundidad y una perennidad indiscutibles. Balmes ha sido el maestro de muchos pensadores y generaciones españolas. Sus obras se estudian y se estudiarán incansablemente. Recuerdo cómo, a raíz de uno de mis viajes a América, el entonces obispo vicense, monseñor Perelló, me urgía para que en mis colaboraciones y corresponsalías en la prensa hispanoamericana diera a conocer cuanto pudiera el nombre y la obra de Balmes. Incluso monseñor Perelló había considerado muy seriamente la conveniencia introducir el proceso canónico de la causa de beatificación de Jaime Balmes.

 Balmes ha mantenido, en sucesivas décadas, su nombre unido disolublemente al de la ciudad de Vich. El vigatanismo es una expresión típicamente nuestra -afirmaba Salarich Torrents-. Ninguna ciudad del mundo puede vanagloriarse de tener un símbolo como el nuestro que personalice la realidad afectiva de un pueblo.

 Esteban Mollet, en un “Pregón”, centraba las características del espíritu de Vich en estas coordenadas armónicamente conjuntadas: “Han actuado cuatro fuerzas distintas: la de carácter religioso, con su preocupación sobrenatural; la tradición jurídica local, originada por los varios señoríos y su colisión de intereses; la de carácter eclesiástico, por la influencia de los estilos, crudos y nuevos de la Curia con el centro humano y social; la cultura, con la doble vertiente de los estudios eclesiásticos y seculares, y de la tradiciones filosófico-poético y literarias”.

 Esta era la vieja Ausona… Pero Vich, desde el progresismo, ha perdido su primogenitura y el vino se ha vuelto vinagre. Aquella Vich que conocimos a través del inolvidable Travería y Puigrefagut -vlmente asesinado por su fe- y tantas viejas casas y nombres de una solera inmarcesible, está pasando actualmente por el calvario de la destrucción de sus tradiciones, y, como un símbolo de las dos épocas, de los dos estilos, de los dos climas, perfectamente quedan contorneadas al evocar el nombre y la obra sublime de Jaime Balmes, junto a las tartarinescas actuaciones y panfletos de mosén José Dalmau Oliver, sacerdote de la diócesis de Vich, en quien concretamos el escándalo de la actual coyuntura eclesiástica y católica del desolado y entrañable Vich.

 También mosén José Dalmau escribe libros. Desde luego, no tantos como Balmes, y de signo totalmente bufonesco, sarcástico y negativo. Sus libros comenzaron a publicarse en 1967. Incluso “Cuadernos para el Diálogo” quiso enriquecer la bibliografía de la literatura pro-marxista vertiendo al castellano el libro “Distensions cristiano- marxistes”. (…)

 Pero los libros de mosén Dalmau, que se han vendido desde 1967 con toda clase de facilidades publicitarias, con todos los trucos propagandísticos y que, a estas horas, sus primeros títulos incluso ya están olvidados, que carecen todos de la censura eclesiástica preceptuada a los libros publicados por sacerdotes; que, incluso, según nuestras noticias, la autoridad civil se prestaba a colaborar con la jerarquía eclesiástica para que algunos de estos libros denigrantes para la Santa Sede y la doctrina católica no se difundieran; ahora, en febrero de 1970, han merecido un divertido informe redactado por los reverendos A. Oriol, A. Pladevall, R. Pou, S. Raguant, C. Riera, R. Sala y R. Torrents, enjuiciando la producción de mosén Dalmau.

 Resumiremos de alguna manera lo que afirman los observadores de tales libros:

 Negativismo de mosén Dalmau

 Terminamos esta reflexiones alrededor del primer libro de mosén Dalmau, recordando brevemente algunos puntos -sin ningún ánimo de ser exhaustivos- que aparecen claramente en la obra y con los cuales estamos en desacuerdo.

 a) Una presentación sistemática y preferente de puntos negativos en la Iglesia, alternada por la mención también preferente y sistemática, de puntos positivos el socialismo-marxismo. El autor se muestra buen técnico en el uso de las medias verdades.

 b) Una presentación predominantemente social-sociológica del misterio de la Iglesia, paralela a una insistencia en formular de manera notoriamente subjetivista los temas de la Fe y de la Religión (“vivencia religiosa”).

 c) Una presentación tal de la Iglesia en los campos económico, político y de la enseñanza que, por un lado, por la falta de las matizaciones más elementales, resulta calumniosa; y, por otra parte, debido a los caminos de solución que propone, resulta manifiestamente simplista, como ya hemos tenido ocasión de mostrar a propósito de la cuestión de la apertura a todas las ideologías”. (…)

 Tras estos juicios que, sumariamente hemos extractado, mosén Dalmau, con fecha del 27 de febrero, ha contestado encajando deportivamente estos ataques con humoradas muy propias de su estilo, temperamento y catadura. Desde luego, puede hacer la digestión tranquilo y dormir la noche enteramente si al cabo de algunos años de haber escrito y divulgado las barbaridades reseñadas, todo se limita a unas páginas de literatura eclesiástica, sin otra particularidad…

 Quizás se pregunte lector cuál es la posición y determinaciones del señor obispo de Vich ante los libros de mosén Dalmau. El propio prelado confiesa que personalmente solicitó el informe publicado. Pero dice textualmente monseñor Ramón Masnou: “MI posición personal y jerárquica ante los casos que judicialmente han afectado a mosén Dalmau ha sido siempre decidida e inequívocamente a favor de mosén Dalmau”. Y esto, con todos los respetos, es lo que menos acabamos de entender del señor obispo de Vich.

 Porque, por ejemplo, en 10 de octubre de 1966, la prensa nacional publicaba esta noticia: “Detenido por intento de abusos deshonestos. –Barcelona, 10 (Cifra). Esta madrugada fue sorprendido el vecino de Gallifa, José Dalmau Oliver cuando, al parecer, realizaba abusos deshonestos con una menor, cuyas iniciales son P.A.N. de diecisiete años, vecina también de Gallifa, en el interior de su coche, en un bosque lindante de la carretera entre Sardañola y Barcelona. El citado señor y la joven fueron conducidos a la Comisaría de Policía de Horta, de esta ciudad”.

 El hombre de la calle se pregunta que, de ser ciertos tales hechos, tuvo lugar el proceso judicial que correspondía. O si la autoridad eclesiástica lo impidió, invocando cláusulas concordatarias. Si en tal caso mosén Dalmau fue sancionado canónicamente. Y si acaso la noticia no fuera exacta, cómo no se exigió, en virtud de la Ley de Prensa e Imprenta, la debida rectificación a la que obligaba la buena fama y prestigio personal de José Dalmau Oliver, incurso nada menos que en una acusación de abuso deshonesto de una menor. Porque la cuestión es de aúpa.

 También mosén Dalmau fue cabecilla principal de la manifestación del 11 de mayo de 1966 en la barcelonesa Vía Layetana. Aquella actuación fue explícitamente condenada por él C.E. de la Conferencia Episcopal Española. También la Secretaría de Estado de Pablo VI, en un documento enviado a la Embajada de España ante la Santa Sede, deploró la actuación facciosa y subversiva. Aquellos acontecimientos son los que, judicialmente sustanciados, merecieron la condena a mosén Dalmau y a otros compadres, que ahora -en virtud de la petición hecha por monseñor Marcelo González, arzobispo de Barcelona, y la propia Santa Sede- el Jefe del Estado español, generosamente, ha indultado.

 Quizás mosén Dalmau habrá tenido todavía otras implicaciones judiciales; pero aquí también cabe preguntar a monseñor Masnou si, frente a la Conferencia Episcopal Española y a la Santa Sede, su “posición personal y jerárquica ha sido siempre “decidida e inequívocamente en favor de mosén Dalmau”. Esperamos que el prelado de Vich informará debidamente a la opinión pública, pues los dos casos más resonantes de asuntos judiciales en los que ha sido envuelto mosén Dalmau abarcan nada menos que su moral personal y la disciplina eclesiástica, en un terreno que la propia Santa Sede ha tenido que justificarse diplomáticamente. Porque lo más grave ya no es mosén Dalmau y sus libros, sino claramente, esta defensa indiscriminada con que el actual obispo de Vich se pone al lado de mosén Dalmau, impune tras sus libros y glorificado episcopalmente por los hechos que lo han llevado a las comisarías y a los tribunales.

 Es muy urgente que el señor obispo de Vich aclare, por caridad, estos extremos. Porque, en un terreno más elevado, ya Jaime Balmes afirmó lo que seguramente será ya familiar a monseñor Masnou, en el texto que a continuación le recordamos: “Hasta los teólogos más adictos al Sumo Pontífice enseñan una doctrina que conviene recordar por la analogía que tiene con el punto que estamos examinando. Sabido es que el Papa, reconocido como infalible cuando habla “ex cathedra”, no lo es, sin embargo, como persona particular, y en este concepto podría caer en herejía. En tal caso, dicen los teólogos que el Papa perdería su dignidad; sosteniendo unos que se les debería destituir, y afirmando otros que la destitución quedaría realizada por el mero hecho de haberse apartado de la fe. Escójase una cualquiera de estas opiniones, siempre vendría un caso en que sería lícita la resistencia; y esto ¿por qué? Porque el Papa se habría desviado escandalosamente del objeto de su institución, conculcaría la base de las leyes de la Iglesia, que es el dogma, y por consiguiente caducarían las promesas y juramentos de obediencia que se le habían prestado”.

 Si esto, en buena doctrina católica concierne al Papa, con más sobrado emotivo alcanza a un prelado. Monseñor Masnou verá lo que le atañe. Y si él no es juez adecuado en la cuestión, invocamos la autoridad del Nuncio de Su Santidad en España, de la Conferencia Episcopal y de la propia Santa Sede. Que estudien los organismos competentes los libros de mosén Dalmau Oliver y que, en conciencia y públicamente, nos digan si esto puede reducirse a un informe a tres años vista, en que prácticamente todo quede en agua de borrajas. Y a esperar nuevos libros de Dalmau con nuevos errores, groserías y absurdos para hacer tambalear la fe del pueblo. Si a los pastores les importa -les debe importar- lo que significa la vida espiritual de millares de católicos, opinamos no pueden cruzarse de brazos y callarse olímpicamente. O simplemente con pensar que en un informe publicado en un órgano inasequible prácticamente a la opinión pública, ya se ha cumplido.(…)

 Desde luego el Vich de Balmes está secuestrado y marginado por el Vich de mosén Dalmau. De lo sublime a lo ridículo. De lo glorioso al escándalo neto y favorecido. Pero lo que sobrepasa toda medida no es el hecho anecdótico de la figura y de la literatura (¿) de mosén Dalmau, sino el impunismo y el mecenazgo que dice su Prelado tenerle. Porque en esto estriba nada menos que continúe arruinándose la antigua diócesis de Vích y que se debilite tanto la fe que, incluso, falta ya el pulso para hacer las aplicaciones concretas que según exposición de Balmes, en este caso podrían ya deducirse.

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº 175, 16-May-1970

 

domingo, 4 de enero de 2026

Las “maravillas” del Año de la Fe

 Artículo de 1967

  ¿DÓNDE ESTÁ EL AÑO DE LA FE?

 Por IJCIS

 (…) Lo que hace España

 La revista «Ecclesia» propone como modelos de mentalidad eclesial a los teólogos que oscurecen los dogmas y combaten las encíclicas.

 La Editorial Católica Nova Terra se encarga de traducir y difundir esa escandalosa y sangrienta diatriba contra la Iglesia que se llama Objetions to Roman Catolicism. A pesar del juicio durísimo y total repulsa de L’Osservatore Romano, se afanan en propagarla, muy apostólicamente, «Incunable».

  Ese mismo periódico sacerdotal nos viene a predicar por la pluma de dos clérigos díscolos y comprometidos «una nueva religión». Es la del hervidero holandés, en cuya vorágine naufragan las encíclicas y… ni las verdades más elementales del Catecismo sobrenadan. 

 «Sal Terrae» y «Ya»  ensayan una canonización anti Vaticano I del apóstata del sacerdocio y de la Iglesia, Charles Davis.

  «Cuadernos para el Diálogo» revista de Ruiz-Giménez, la figura laica española más cotizada (¿?), y, desde luego, más conocida en el ámbito internacional (y la más elevada en el Vaticano), se honra con las colaboraciones de Mosén Dalmáu, desorientador, de posiciones difícilmente conciliables con la doctrina auténtica de la Iglesia, cuya lectura constituye un serio peligro»… (Boletín Arzob. Barcelona). Más de una proposición temeraria, errónea y semiherética (por no decir herética) ha estampado en los Cuadernos el famoso cura (ver ¿Qué PASA, 8-X-66). 

De ahí que sea tan extraña y sorprendente la metódica oposición de la revista al Gobierno español, el que más se esfuerza por adaptar su legislación al pensamiento de la Iglesia. De ahí que no todos comprendan ese tragarse el camello de las herejías doctrinales en su periódico… para después colar el mosquito de discutibles (pero nunca condenables) procedimientos y opciones temporales (del régimen del 18 de Julio).

 Enrique Miret Magdalena, otra figura conspicua de nuestro catolicismo oficial, se había ganado a pulso, semana tras semana, con sus ataques directos e indirectos al juridicismo de la Iglesia esta repulsa inapelable de Pablo VI: «El que siente una aversión preconcebida por las leyes eclesiásticas no tiene el verdadero sensus Ecclesiae, y quien cree hacer progresar a la Iglesia demoliendo simplemente las estructuras de su edificio espiritual, doctrinal, ascético, disciplinar, prácticamente destruye a la Iglesia» (17-VIII-66). Mas, impertérrito, no contento ahora con alabar a los doctores neerlandeses censurados por el Papa, iniciarse en su catecismo y comulgar en sus altares, se revuelve una vez más contra el supremo magisterio… no encontrando nada bueno en la reciente encíclica.

 Los sacerdotes y religiosos de Amistad Judeo-Cristiana, que habían confundido al verdadero Pueblo de Dios con la escandalosa profanación de la iglesia de Santa Rita para «librar de títulos injustificados al buen pueblo de Dios», no se han conmovido ni parecen haber vibrado siquiera ante la increíble blasfemia que en su Boletín (nov-dic. 66) cargan en la cuenta de Juan XXIII y, por eso, y aun con el desmentido oficial de la Santa Sede, ni en este Año de la Fe abjuran de esta sacrílega imputación atribuida a la Iglesia, de “haber crucificado dos veces a Cristo: una en su carne divina; otra en su carne judaica…”

 ¿Quieren ustedes un bello comentario de las apremiantes apelaciones del Vicario de Cristo al sagrado Magisterio? Pues no faltará alguna publicación apostólica y social de los jesuitas (¿?) que escriba (sin que se encienda de vergüenza) en sus páginas: “que la única nota estridente del último Congreso Mundial del Apostolado Seglar en Roma… fue el discurso del Papa” (¡¡!!)

 Como si la confusión fuera pequeña, en la versión castellana del Canon de la Misa se nos dice que la palabra “católica” «estaba en el Canon mucho antes de que existiera como tal la confesión cristiana llamada católica». Se puede desorientar más?

 Por otra parte, las semanas y conferencias sobre ateísmo están radicalmente viciadas de problematismo escéptico, y más parecen encaminadas a turbar a los creyentes que a inquietar a los incrédulos…

 La nueva apologética busca sus argumentos en Nietzsche y Freud, Sartre y Simone de Beauvoir, y no se arredra de llamar traidor al Apóstol, a quien se le ocurrió la peregrina idea de que no teníamos morada permanente: ya que la «idea cristiana -dejarán flotando en el aire- de que el mundo es una peregrinación no es aceptable, porque es una traición al mundo».

 Como ven, es la manera ideal de… orientar nuestras ideas y aspiraciones al cielo.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 208, 23-Dic-1967