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sábado, 1 de noviembre de 2025

Principios imprescriptibles del Tradicionalismo

 

 DOCTRINA O PRINCIPIOS IMPRESCRIPTIBLES E INMODIFICABLES

 (Fragmentos de la carta-manifiesto que la Princesa de Beira, reina en el exilio, dirigió a los españoles (1864). Esta doctrina ha sido ratificada por todos los pensadores carlistas y por todos sus reyes hasta el indiscutido don Alfonso Carlos. ¿Está vigente? SI no lo está, el carlismo ya no tiene razón de existir, pues habrá desaparecido el principio sobre el que se fundamenta. Si lo está, seamos consecuentes).

 Por MARIA TERESA DE BORBON Y BRAGANZA

PRINCESA DE BEIRA

 «Persistiendo (don Juan, hijo de Carlos V, sobrino de la princesa de Beira y considerado como hijo por esta princesa) en sus ideas, incompatibles con nuestra religión, con la Monarquía y con el orden de la sociedad, ni el honor, ni la conciencia, ni el patriotismo permiten a ninguno reconocerle por rey. Pues, desde luego, él proclamó la tolerancia y libertad de cultos, la cual destruye la más fundamental de nuestras leyes, la base solidísima de la Monarquía española, como de toda verdadera civilización, que es la unidad de nuestra fe católica.

 Los reyes, nuestros antepasados, juraron siempre observar, y observaron, esta ley, desde Recaredo, sin interrupción alguna, hasta nuestros días; y Juan no sólo no jura observarla, sino que más bien jura destruirla, no teniendo en cuenta sus catorce siglos de existencia ni los inmensos sacrificios que costó a nuestros padres, que pelearon siete siglos contra los agarenos para restablecerla, ni esa misma unidad de fe católica que es nuestro mayor timbre de gloria, y que, aun políticamente hablando, es el medio más eficaz para que haya unidad y unión en toda la Monarquía.

 No por otro motivo, sino por éste sólo, nos la envidian otras naciones, y por esto la combaten, porque prevén que esta unidad y unión, que da a todos los españoles su fe católica, será su primer elemento de nueva y rejuvenecida grandeza para España.

 El odio que profesan a esta unidad de fe los incrédulos y sectarios de todos los países es un motivo más para que todos los buenos españoles reconozcan su importancia suma y la aprecien en sumo grado. Sin embargo, Juan, por desgracia, parece tener más bien la opinión y la torcida intención de los sectarios incrédulos por encima de los sentimientos de todos los españoles. Y ni aun siquiera repara que dar libertad de cultos sería hacer como leyes para extranjeros (lo cual no le toca a él) y para españoles, profesando todos la religión católica. En fin, olvida que la tolerancia y la libertad de cultos de Inglaterra y de Alemania fue causa de las guerras de que nosotros estuvimos libres.

 Se quiere acaso que las tengamos? Proclamando, pues, tal libertad y tales intenciones, Juan no sólo no jura observar la ley más fundamental de España, sino que se propone destruirla. Ahora bien, para ser rey debe jurar todo lo contrario, y no haciéndolo no puede serlo.

 «E todo omme que debe ser rey, ante que reciba el regno, debe hacer juramento que guarde esta ley, y que la cumpla.» (Fuero Juzgo, título I.).

 No pedimos que nuestro rey jure la observancia de todas las leyes antiguas, pero a lo menos debe jurar la observancia de las leyes fundamentales de la Monarquía. Pero Juan no solamente pretende destruir la unidad de fe católica, sino también la Monarquía misma y la legitimidad, las cuales son incompatibles con la soberanía nacional que él proclama, y de la cual, como él dice, «lo espera todo»... La consecuencia de esto es que Juan abdicó de hecho y de derecho, y que ésta su abdicación formal nos basta para reconocer por rey a su sucesor legítimo...»

 Y en verdad Juan... ha creído conveniente dar un paso decisivo reconociendo al Gobierno de Madrid (el liberal) y haciendo sumisión a su prima Isabel (la reina liberal).

 Hecha ya esta sumisión a Isabel... tuvo ocasión de verse con ésta y besarle la mano...

 La renuncia de Juan y su sumisión a Isabel eran una consecuencia legítima y necesaria de haber renegado de los principios monárquicos (la unidad de fe).

 De todo lo cual se infiere legítimamente que habiendo renunciado Juan a sus derechos, no sólo por los principios anticatólicos y antimonárquicos que proclamó, sino también por su reconocimiento del actual Gobierno y por su sumisión a Isabel, nuestro-rey legítimo es su hijo primogénito, Carlos VII. Y con esto me parece haber satisfecho plenamente la pregunta: «¿Quién es, en fin, nuestro rey?»

 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 206, 9-Dic-1967

 

viernes, 31 de octubre de 2025

Demolición espiritual de España desde la “Transición”

Artículo de 1978

 EL ÚLTIMO ACTO  (El Referéndum)

 Ya está anunciado (1978) el último acto del espectáculo de ilusionismo que es la reforma política, el referéndum. En él se piensa escamotear definitivamente, por las artes de magia de la democracia, la televisión y la cibernética las más grandes realidades de nuestra vida y nuestra Historia.

 Se pretende hacer desaparecer en unas horas, haciendo cola, lo siguiente: 1) España como Nación Una, Grande y Libre; 2) Nuestra comunidad fundada en el hombre como portador de valores eternos; 3) La sociedad basada en las instituciones sagradas del matrimonio insoluble y la familia con deberes y derechos anteriores y superiores a los del Estado; 4) Nuestro pueblo unido en un Orden de Derecho respetuoso con las realidades espirituales superiores del bien común, de los principios permanentes del orden social, y de la supremacía absoluta inderogable de la Ley de Dios; todo suprimido por la voluntad y el juicio subjetivos de gobernantes que juraron defenderlo, del Partido Comunista, con Carrillo y la Pasionaria a la cabeza, y de unos pocos diputados, unidos con los anteriores en el consenso que lo ha dispuesto así, tal como aparece en la titulada Constitución 78.

 Las realidades superiores

 Los españoles siempre han entendido las grandes verdades superiores, y han procurado vivir de acuerdo con sus enseñanzas y mandatos. Nuestro pueblo, y nosotros, hemos dado testimonio de que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

 Palabras salidas de la boca divina son los nombres de cada nación y de cada persona humana. Esas palabras misteriosas y profundas, esos nombres, determinan el ser de los hombres y de las naciones. Enseñan la forma propia que les debe distinguir de los demás. Impulsan, con la fuerza del amor, hacia el cumplimiento del destino correspondiente a cada criatura. Dan por todo eso a las naciones y a los hombres, su peso, número y medida. Que es igual que decir: su libertad, su unidad y su grandeza características.

 El lema de la revolución española (*), revolución de signo cristiano, responde por ello completamente a la misteriosa vocación divina del “nombre”, de la palabra eterna que hace ser a nuestra Nación, como lo es, Una, Grande y Libre. En pos de esos ideales, hizo nuestro Movimiento popular y nacional su Guerra de Liberación, que la Iglesia católica, por la voz de altísimos jerarcas consideró Cruzada por la santa Fe. Por todo eso es tan atacada la revolución del 18 de julio, y por eso también es tan odiado el nombre de España por los poderes prepotentes de la tierra y las fuerzas y elementos a su servicio.

 Laicismo revolucionario contra las naciones y la civilización cristiana

 (…) La pretensión destructora es muy antigua, siendo España la primera en la lista de naciones señaladas para ser raída de la Historia. El empeño es lógico, desde que al comienzo de la Edad Moderna las clases dominantes revolucionarias de Occidente se propusieron crear un orden social y un mundo, entera y radicalmente profanos, exclusivamente humanos, sin ninguna referencia a Dios, rechazando la Buena Nueva que no sólo salva a los hombres sino que purifica y eleva incesantemente la moralidad de los pueblos que la aceptan.

 La crónica occidental, a lo largo de esa edad, fue una serie de éxitos en esa tarea, mediante la dominación material, la servidumbre moral y la explotación económica de los pueblos y los hombres rendidos enteramente a esa concepción política y cultural anticristiana. España fue una excepción, por la resistencia popular y el ascendiente del pensamiento y la educación tradicional, gracias a la antigua Iglesia, especialmente.

 Despotismo ilustrado para sofocar el espíritu

 Nuestro pueblo creyó siempre en las realidades superiores del espíritu y en las verdades salvadoras de la fe revelada. Las tenía como alimento de su vida -¡no sólo de pan vive el hombre!-, y por eso sentía y entendía los autos sacramentales, donde se personificaban el alma y sus potencias o virtudes. Y es sabido que el despotismo ilustrado de los Borbones suprimieron su representación, pese a la enorme popularidad y el éxito permanente de tales piezas de tales teatrales. Todo lo que en la vida y costumbres de nuestro pueblo fuera ocasión o estímulo para la exaltación de la fe, nobles sentimientos o elevadas creencias, había que extirparlo y enterrarlo. Y así se hizo con los autos sacramentales.

 El inicuo atropello, tan característico de los poderes sectarios y tiránicos, dueños de todo en la Edad Moderna, tiene una profunda significación. Esos poderes no podían tolerar que nuestro pueblo intuyese y saborease las supremas realidades de la vida y del espíritu, porque éstas, percibidas e incorporadas por los hombres a su conciencia, determinan la existencia de obstáculos sociales y humanos capaces de ofrecer resistencia, con éxito, a la dominación absoluta (por los nuevos poderes) de los hombres y los pueblos embocados y humillados con los erróneos principios del humanismo materialista anticristiano y sus sistemas políticos de falsas libertades para la imposición de los fuertes y los ricos.

 Constituciones sin Dios y revolución española

 El mundo no había presenciado otro espectáculo desde la mala Reforma, el Renacimiento paganizante y la Revolución francesa, que el de instituciones, costumbres y pueblos violentados y contrahechos paulatinamente por la acción incesante del empeño racionalista, explicitado por Rousseau, de cambiar la naturaleza humana y transformar a cada individuo en parte de un todo más grande del cual recibe el individuo su vida y su ser, con el designio soberbio de “instituir pueblos” regidos por las voluntades de hombres sin respeto al orden de las cosas creadas y la Creación. Todo por medio de Constituciones; es decir, de leyes hechas para imponer el arbitrario capricho de los imperantes sin acatar ni sujetarse a la Ley de Dios.

 Pero España ofreció al mundo, desde el 18 de julio de 1936, el espectáculo, desconocido hacía siglos, de un pueblo resuelto a exigir respeto a las realidades superiores y unos hombres dispuestos a reconocer el orden de las cosas creadas, porque “ninguna actividad humana, ni siquiera en el orden temporal, puede sustraerse al imperio de Dios”. Porque “por la propia naturaleza de la Creación, todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado”. Y porque “se debe establecer y consolidar la comunidad humana según la Ley divina” (textos del Concilio Vaticano II ignorados y contradichos por obispos o dignatarios eclesiásticos españoles al dar “luz verde” a la Constitución 78, que los atropella).

 Esa fue la gran hazaña de la revolución española del movimiento popular que la impulsó, y del Estado de Justicia que ella estableció sobre el fundamento de los principios permanentes de la Promulgación de 1958.

 La demolición de las instituciones

 Nada de eso se podía consentir por los tiranos del mundo, por los empresarios del único espectáculo autorizado en la Edad Moderna, cuya más genuina representación, en punto a “constituir pueblos” -ideal democrático- haciendo a los individuos “partes de un todo más grande del cual reciban vida y ser” (“El Contrato Social”), corre a cargo de los sistemas comunistas, culminación lógica y perfecta de la de la democracia.

 De ahí que, al estilo despótico que en el siglo XVIII se prohibieron de un plumazo los autos sacramentales”, había que suprimir de varios plumazos, como se ha encargado de hacer el gobierno Suárez, el espectáculo histórico real de todo un pueblo, el español, dispuesto a vivir y a regirse de acuerdo con el orden propio de las cosas, sin violentarlas, esforzándose por “obrar según “aquello” para lo cual hemos recibido el ser para siempre los hombres, y el ser para la Historia las naciones”, ya que las instituciones privadas o públicas deben responder a las realidades espirituales, que son las más profundas de todas” (Concilio Vaticano II). (…)

 Vigencia y ejemplaridad de la revolución española

 Es grande, es bellísima la hazaña de la revolución española. Su vigencia como ideal y su necesidad como fuerza de acción hacia el futuro no es ya que persistan sino que se han agigantado con la brutal imposición de los poderes que han decretado acabar con el magnífico espectáculo que España ha dado al mundo, siendo fiel a su Historia y su misión, igual que lo dan, a los hombres y a los ángeles, todas las personas que se atreven a cumplir con humildad y valentía el plan de Dios acatando sus leyes. Lo dice la Escritura.

 Últimos actos de la fantasmagoría en escena

 Hoy por hoy, esperamos que por poco tiempo, el espectáculo asombroso de España proclamándose Nación católica, pese a la miserable cobardía de muchos clérigos y obispos, ya no produce escándalo al mundo esclavizado por los poderes imperialistas y sangrientos de la Contrahistoria. Con la Constitución 78 se acabará. Ahora ofreceremos dócilmente a ese mundo el espectáculo de ilusionismo con que van escamoteándose las realidades y la Historia de España. Su último acto ya está anunciado con el título de referéndum.

 Los estrépitos que distraen la atención -como en los juegos truhanescos- son los crímenes terroristas y separatistas. El paño bajo el cual se realizan los trucos de prestidigitación viene siendo el escudo bajo el cual se ocultó el de España en nuestras Cortes. Porque tras el prestigio de la monarquía resulta más fácil ocultar sorpresas. Cosa que permite augurar que, en el epílogo del festival ilusionista en escena, baste retirar sus emblemas para que aparezca nuestro pueblo dando el más bajo espectáculo de los sometidos a la tiranía sin rostro de las organizaciones cuyos grandes poderes y medios sin escrúpulos suprimen los ámbitos de libertad, con dignidad, que en el mundo actual son las naciones como España. Somos innumerables, sin embargo, los que esperamos que no sea la fantasmagoría lo que prevalezca sino las grandes realidades de España y su revolución nacional.

 Jaime MONTERO


Revista FUERZA NUEVAnº 621, 2-Dic-1978

 

(*) “Revolución española”: equivaldría a algo como “radicales aspiraciones cristiano-tradicionales del Régimen del 18 de Julio”


miércoles, 29 de octubre de 2025

Acción Española en el recuerdo (E. Vegas Latapie)

 Artículo de 1976

 EUGENIO VEGAS LATAPIE, MAESTRO INCANSABLE (CON “ACCIÓN ESPAÑOLA” AL FONDO)

 Es Eugenio Vegas Latapie. Un pedazo de nuestra historia más inmediata. Un hombre íntegro que ha cumplido sesenta y nueve años el veinte de febrero último, sin variar un ápice de sus ideales y de sus esperanzas desde que, en los tempranos años de su juventud, al acabar el bachillerato, fundase la revista “Cruz y Verdad”. De él ha dejado escrito el ilustre ensayista nicaragüense Pablo Antonio Cuadra: “Su proselitismo hizo posible la agrupación en fe, en ideales y en acción, de mentalidades gloriosas como Calvo Sotelo, Maeztu, Pradera…”

 Vegas Latapie, en 1930 y en el curso de una conferencia que pronuncia en Santander, alude críticamente al general Primo de Rivera, al no haber sabido dar un contenido doctrinal a su obra de Gobierno. Publica su primer libro en el año 1932: “Catolicismo y República”. En sus páginas se combate a quienes propugnaban la incorporación de los católicos al nuevo régimen, planeando, al mismo tiempo, la reconquista de la Academia de Jurisprudencia, baluarte republicano desde hacía varios años.

 Vegas Latapie publica en el periódico “La Época” -madrileño- más de un centenar de editoriales. De él ha dejado escrito José Félix de Lequerica: “Hombre providencial, sin cuyo idealismo pragmático y ejecutivo no tendríamos montado el aparato espiritual la gran revolución reformadora de nuestra Patria”.

 Tanto en la preparación del Alzamiento como en la misma guerra, Vegas Latapie participa activamente. Antes, en 1935, ha publicado “Romanticismo y democracia” y, posteriormente, una “Antología de Acción Española”. Después vendrán “El pensamiento político de Calvo Sotelo” y “Escritos políticos” (este último recoge algunos de los editoriales de “Acción Española”), recién acabada la guerra. Es preceptor del príncipe Juan Carlos de Borbón durante una carta temporada en los años 40 en Lausana (Suiza). En 1955, tras múltiples vicisitudes políticas, consigue el reingreso en el Consejo de Estado, del que se le había apartado. En 1958 establece contacto personal con Jean Ousset, fundador de “La Cité Catholique”, que dará como resultado, posteriormente, la fundación de una editorial y una revista en España. El 14 de diciembre en 1965 ingresa oficialmente en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

 ***

-El primer número de “Acción Española” salió el 16 de diciembre de 1931. Por esas mismas fechas estaba en marcha la organización de la Sociedad Cultural del mismo nombre, que inició sus actividades en febrero de 1932, en el mismo local que hoy (1976) ocupa la Sociedad de Autores, con una conferencia de Ramiro de Maeztu.

 -“Acción Española” nació de la confluencia de tres iniciativas distintas, pero de gran semejanza. Ramiro de Maeztu proyectaba la publicación de una revista consagrada a exponer y propagar los ideales que alentaron y forjaron la Hispanidad. El marqués de Quintanar pensaba en una revista declaradamente monárquica, defensora de la persona de don Alfonso XIII y bajo el influjo doctrinal del Integralismo portugués, creado por Antonio Sardinha. Por último, yo venía soñando con una revista doctrinal, de gran nivel científico, que defendiera y propagara los principios básicos del Derecho Público Cristiano, principios que habían sido propugnados casi exclusivamente por los grandes maestros del Tradicionalismo español. Para la defensa y difusión de la doctrina contrarrevolucionaria, se habrían de emplear argumentos estrictamente racionales y científicos, relegando para las concentraciones de masas los alegatos de inflamado lirismo y las remembranzas heroicas y epopéyicas.

 - “Acción Española” nació para salvar a España del abismo a que la arrastraban los falsos principios que desde fines del siglo XVIII venían sustentando sus clases directoras. Los fundadores de “Acción Española” estábamos convencidos de estas dos máximas: una, que las ideas gobiernan a los pueblos y, otra, que los pueblos son lo que quieren sus gobernantes. Por ello, dedicó sus esfuerzos a desintoxicar a las clases directoras de los falsos dogmas que servían de base a su pensamiento, sembrando al mismo tiempo en su lugar los principios salvadores del Derecho Público Cristiano.

 Ideales de “Acción Española”

 -Los ideales de “Acción Española” se compendian en el trilema “Dios, Patria y Rey”, que siempre había defendido la Comunión Tradicionalista. Los tres términos del trilema conservan perpetua validez aunque ocasionalmente pueden ser silenciados y desconocidos. Ahora bien, esos términos no son iguales ni se puede alterar su orden caprichosamente. Dios es lo primero y lo principal, y el Estado debe reconocer y garantizar el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo. Después de Dios está la Patria, conjunto y asociación de familias, municipios, regiones, clases, instituciones, corporaciones, con vida y leyes propias, con sus fueros, libertades y franquicias tradicionales. Después de la Patria está el Rey, que obedezca la voluntad de Dios y respete las leyes y fueros de su pueblo.

 -Para “Acción Española” la verdad y excelencia de la Monarquía se demuestra como teorema, pero rechazaba todo atisbo de regalismo pagano que diviniza al Rey e hizo suyo el aforismo medieval de que “los reyes son para los pueblos y no los pueblos para los reyes”.

 ***

En “Acción Española” colaboraron falangistas, monárquicos, alfonsinos, carlistas, e incluso miembros de la C.E.D.A. ¿Por qué así, siendo que en el ideario de estos grupos había de hecho importantes diferencias?

 -En efecto, en la sociedad y revista “Acción Española” colaboraron una serie de escritores que pertenecían a los grupos políticos que menciona. Pero todos estaban unidos en los principios básicos fundamentales. Desaparecidos los partidos políticos de la Restauración, al proclamarse la República el 14 de abril, sus componentes siguieron tres diversas direcciones: uno se adhirieron a la recientemente proclamada República; otros se apartaron de las lides políticas, y por último, otros, siguiendo a Goicochea y a Vallellano, se alistaron en la agrupación fundada por Ángel Herrera con el nombre de Acción Nacional, a las pocas semanas del cambio de régimen. A este recién nacido partido se acogió la masa de los monárquicos alfonsinos, los tradicionalistas de todas las tendencias y elementos católicos y de orden no adscritos a ningún grupo político concreto. Durante los primeros meses de su existencia, Acción Nacional constituyó el único refugio para los elementos de orden; fue una auténtica “unión de derechas”.

 Pronto se desgajaron los tradicionalistas que, a la muerte de su caudillo don Jaime, en octubre de 1931, unificaron sus diversas ramas jaimistas, integristas y mellistas, reconstituyendo el Partido Tradicionalista del venerable don Alfonso Carlos, hermano de Carlos VII. El nuevo caudillo, en carta de octubre de 1931 dirigida a don Alfonso XIII le decía: “Ya que no tengo sucesión y soy tan viejo, no se trataría más que de un corto paso entre nuestra rama y la tuya. Yo no figuro más que como el puente”. En efecto, al extinguirse la línea masculina del carlismo, habría de acudirse, conforme a la Ley Sálica, a la descendencia del Infante don Francisco de Paula, hermano de Fernando VII y Carlos V, cuyo hijo Francisco de Asís fue esposo de Isabel II y padre de Alfonso XII.

 Una vez recaída en Alfonso XII y su descendencia legitimidad de sangre u origen, tan sólo faltaba que también se diera en esa línea la legitimidad de ejercicio, mediante el repudio por sus titulares de los principios liberales y revolucionarios. A la trascendental labor de “monarquizar” y “desliberalizar” a los monárquicos alfonsinos, y en lugar principal al entonces Príncipe de Asturias don Juan de Borbón y Battenberg, dedicó Acción Española atención preferente. Sus intensas campañas hacían presagiar los mejores resultados. En sus filas colaboraban, en comunión de ideales, alfonsinos como el marqués de Quintanar, Ramiro de Maeztu, José María Pemán, José Calvo Sotelo, Pedro Sainz Rodríguez, Jorge Vigón…; tradicionalistas como Víctor Pradera, el conde de Rodezno, Marcial Solana…

 No había discrepancias entre alfonsinos y carlistas de “Acción Española”, pero tampoco con los afiliados a la CEDA que colaboraban con sus trabajos, Ibáñez Martín, Marqués de Lozoya, Fernández Ladreda… cosa que no es de extrañar, ya que la casi totalidad de los afiliados a la CEDA eran y seguían considerándose monárquicos alfonsinos.

 En cuanto a los elementos falangistas, Montes, Sánchez Mazas, Giménez Caballero… que colaboraron en “Acción Española”, también compartían sus ideales fundamentales. Por los días en que se fundaba Falange Española, escribió Eugenio Montes: “En medio de un paisaje desolado, vencido a la intemperie, comenzó “Acción Española” a edificar para lo que todos creíamos un mañana lejanísimo. Desde esta Covadonga de “Acción Española” estamos reconquistando España”.

 José Antonio Primo de Rivera tan sólo asistió a dos banquetes organizados por “Acción Española”: uno, en 1933, en honor de José María Pemán; y otro, en febrero de 1935, el honor de Eugenio Montes, en el que pronunció un inédito y magnífico discurso, cuyo texto taquigráfico conservo. Pero su discurso fundacional de la Falange fue reproducido íntegramente en la revista “Acción Española” bajo el título de “Bandera que se alza” (…).

 -Ramiro de Maeztu, Víctor Pradera y Calvo Sotelo, principales mártires de “Acción Española”

 Maeztu fue, en decir de Montes, quien encendió la zarza mosaica de la Hispanidad: jerarquía, servicio, hermandad, principios capitales en la predicación de Maeztu. También la denuncia y refutación reiterada y contundente de la Revolución y del comunismo. Maeztu era una excepción en el desierto intelectual de los tiempos de Primo de Rivera. Fue gravísimo error de éste el haber enviado a don Ramiro de embajador a Buenos Aires, en lugar de haberle facilitado tribuna y medios abundantes para propagar su pensamiento y sus escritos. El recuerdo que conservo de Maeztu es el de un profeta y mártir de la civilización cristiana, que enardecía a sus jóvenes oyentes impulsándoles a seguir la cuesta arriba hasta alcanzar el Calvario y la Cruz.

 Víctor Pradera, ingeniero de caminos y abogado, diputado a Cortes varias veces y vocal del Tribunal de Garantías Constitucionales cuando fue asesinado, fue un integérrimo defensor de los ideales tradicionalistas. Su razonamiento era rectilíneo y aplastante y de una ejemplar inflexibilidad. Pese a pequeñas discrepancias, fue total nuestra compenetración. Fue concurrente asiduo a la tertulia de “Acción Española” y todos los presentes nos sentimos un día sacudidos cuando repentinamente Maeztu le interrogó: “Don Víctor, ¿cuándo nos asesinan a Vd. y a mí?” Irreparable desgracia para España ha sido que el general Primo de Rivera diera de lado las ponencias que a su petición le envió Pradera sobre organización del Estado en las primeras semanas del advenimiento de la dictadura militar. Su principal colaboración en la revista consistió en su magistral estudio sobre “Los falsos dogmas” y la serie de artículos que luego se editaron con el título de “El Estado Nuevo”.

 Calvo Sotelo fue el colaborador cuya firma aparece más veces en la colección de “Acción Española”. Aparece en el número uno y también en el último, correspondiente a junio de 1936. Sobre la evolución del pensamiento político de Calvo Sotelo, pronuncié en 1940 una conferencia en la Real Academia de Jurisprudencia, que posteriormente se publicó en un volumen. Calvo Sotelo era el jefe consagrado y reconocido por todos del Movimiento Nacional. En un álbum de homenaje póstumo, alguien escribió:“Nosotros le queríamos para gobernante; Dios lo ha escogido para mártir; los caminos de Dios son siempre los mejores”. En el banquete que le ofreció “Acción Española”, en mayo de 1934, al regresar a la Patria después de tres años de destierro, Calvo Sotelo dijo textualmente que: “Acción Española” ha realizado una labor formidable y precisa. Y añadía: “El milagro de “Acción Española” le hacía merecer un alto título de gratitud de España por haber llevado a las clases intelectuales a las derechas o por haber intelectualizado a las derechas”. De los tres grandes mártires de “Acción Española”, tan sólo me cupo el tristísimo honor de velar el cadáver de este último. Durante una hora permanecí en compañía de Ramiro de Maeztu y otras personas junto al féretro del protomártir, contemplando el impresionante desfile de una multitud de llorosa y sedienta de justicia por la sangre del justo. Esto ocurría en la tarde del martes 14 de julio de 1936.

 -¿Cuáles cree que fueron las causas principales de la caída de la monarquía liberal?

 Como causa remota cabe señalar la difusión en el siglo XVIII de doctrinas enciclopedistas y revolucionarias entre las clases directoras españolas. En el reinado de Carlos III se sembraron las semillas que, al fructificar hicieron triunfar los principios revolucionarios en las Cortes de Cádiz, iniciándose así la era de las revoluciones. Por eso, Ramiro de Maeztu calificaba los siglos XVIII y XIX de “dos siglos traidores”. Tras una serie de luchas, la ideología revolucionaria ha terminado por invadir todos los ambientes. A esta universal intoxicación se refería Menéndez Pelayo en 1910, al exclamar: “Hoy contemplamos el lento suicidio de un pueblo engañado mil veces por gárrulos sofistas…”

 Podrían señalarse causas próximas, como las bases de la restauración canovista, la pérdida de Cuba y Filipinas, la destitución de Maura como jefe de Gobierno en 1909, para aplacar a elementos revolucionarios; pero, en mérito a la brevedad, nos limitaremos a la implantación de la dictadura de Primo de Rivera en 1923.La impopularidad del régimen entonces existente era tan grande que la nación acogió con aplauso el golpe de Estado que puso fin al pistolerismo que sembraba el espanto en Barcelona y otras localidades. También la Dictadura resolvió la sangrienta pesadilla de Marruecos, mejoró la Hacienda, realizó importantes obras públicas, pero no supo preparar su futuro.Primo de Rivera eraun dictador sin doctrina y por tanto no pudo dársela a España. Extirpó la anarquía pero dejó vivas sus causas. Al abandonar el poder, en enero de 1930, era muy positivo su balance con el sólo gravísimo error de su total carencia de doctrina.

 A la caída de Primo de Rivera, las clases directoras, que con tanto entusiasmo habían acogido su advenimiento, no tuvieron otro programa que el “retorno a la normalidad”. Esa normalidad consistía en resucitar el desacreditado y funesto régimen liberal derribado por la Dictadura. El Gobierno que sucedió a Primo de Rivera estaba constituido por antiguos políticos empeñados en restaurar el régimen de partidos, tan desacreditado antes del golpe de Estado. La casi totalidad de los ministros eran escépticos respecto a la virtualidad de la Monarquía y su obsesión era la de contemporizar con los elementos revolucionarios, sirviéndoles y halagándoles en toda circunstancia.

 El mismo rey estaba contagiado con el error imperante: “Monarquía o República, da lo mismo”, dijo Alfonso XIII, en un discurso público, en octubre de 1930, explicando con ello su actitud del 14 de abril del siguiente año.

Criticando el regio escepticismo, se irguió Víctor Pradera, proclamando a grandes voces, que aún resuenan en mis oídos, que República o Monarquía no eran lo mismo; que la Corona no era del rey, sino de España, y que éste no podía jugar con ella.

 El 14 de abril de 1931 se abrieron las esclusas que venían conteniendo a las corrientes revolucionarias, y tras cinco años de tropelías, incendios y desmanes, estalló la guerra civil. Porque no daba lo mismo Monarquía que República, Víctor Pradera fue asesinado en septiembre de 1936. Alfonso XIII era patriota y valiente pero no creía en las virtudes de la Monarquía; nadie se las había enseñado ni él las supo deducir de la experiencia. La Monarquía liberal cayó por indefensión mental. El liberalismo había conducido al escepticismo respecto a la Monarquía. Por falta de fe en ella, nadie luchó en su defensa. Frente a tanto escepticismo, yo afirmo que la verdad de la Monarquía se demuestra como un teorema, aunque las razones a su favor son tan profundas que no están al alcance de la mayoría de las gentes.

 ¿Sigue opinando que la democracia, según la concepción de la Revolución Francesa, será perjudicial a España?

 Sigo creyendo que la democracia es el mal y muerte de las naciones y que a la larga resultará fatal a todos los países.“La democracia disolviendo el Imperio Británico” era el título de un artículo publicado en 1928, que no puedo releer sin asombrarme del acertado diagnóstico. El creciente y endémico desorden que perturba a casi todos los países occidentales es consecuencia de las instituciones democráticas que las rigen. Hace más de medio siglo que Splenger escribió que lo que llaman orden las Constituciones liberales no es más que la anarquía hecha costumbre. En ellos los ciudadanos pacíficos y trabajadores viven en constante zozobra en tanto que campan por sus respetos los asesinos y ladrones estimulados y amparados por un falso y disparatado concepto de dignidad humana tan piadosa para con los criminales como sorda y ciega para con sus víctimas.(…) Las llamadas monarquías a la moderna no son tales monarquías sino formas crepusculares y circunstanciales que terminarán desembocando el totalitarismo comunista. (…)

 Ferviente deseo

 Don Eugenio Vegas Latapie recuerda a los que un día estuvieron con él y defendieron la misma causa (Pemán, Areilza…)  que han venido en ser los oportunistas de siempre, y se le entristece el alma.

 -Estoy separado de toda actuación política, por muy graves razones, desde 1947, fecha en que renuncié al cargo de secretario político del conde de Barcelona. Desde entonces vivo en el terreno puro de los principios, contrastando mis arraigadas condiciones con las enseñanzas de la vida diaria y de la Historia. Mis convicciones son inmutables por basarse en principios que considero verdades absolutas. Siempre estimé muy difícil el triunfo de mis ideales, incluso en las trágicas pero esperanzadoras vísperas del Alzamiento Nacional. Mi constante pesimismo obedecía al convencimiento de que las doctrinas erróneas aun seguían infectando a la gran mayoría de los componentes de las clases directoras, no obstante la ingente y sufrida labor de desintoxicación intelectual realizada por Acción Española. De esos temores y pesimismo dejé constancia pública en el editorial que salió en cabeza de la “Antología de Acción Española”, publicada en 1937, con encomiásticos elogios del general Franco y el cardenal Gomá, primado de Toledo. Meses después fue prohibida por las autoridades (época de Serrano Suñer) la reaparición de Acción Española. Con gran diligencia se impidió que sus principios se propagaran en prensa, radio y en la Universidad.

 He sufrido mucho en defensa de mis ideales, que hoy (1976) contemplo en posición peor a cuando inicié mis  trabajos. Por añadidura, la casi totalidad de mis amigos de antaño se han ido separando para ocupar posiciones más ventajosas. Ante semejante panorama siento la tentación de rendirme (…). Para bien de España desearía que mis doctrinas fueran falsas. Estoy deseando rendirme a la evidencia de la falsedad de los principios que he servido toda mi vida. Siempre gozaría del inefable consuelo de pensar que Dios conoce hasta lo más recóndito de nuestras intenciones y que todo cuanto he dicho y hecho lo he realizado en cumplimiento de lo que creía mi deber para con mi Dios y con mi Patria. (…)

 Javier Badía

 

Revista FUERZA NUEVAnº 490, 29-May-1976


martes, 28 de octubre de 2025

Hacer apóstatas, en vez de mártires

Artículo de 1970, cuando el Este de Europa era comunista

 DESTRUIR DESDE DENTRO

 Muchas veces hemos pensado ¿qué sentirán los hombres que, bajo el comunismo, han sufrido persecución por la fe, cuando llegan Occidente y pueden apreciar la degradación doctrinal y disciplinaria de ciertos medios eclesiásticos?

 El “Periódico de la Iglesia que sufre” nos facilita un testimonio impresionante de esta situación. Se trata del diario de un sacerdote checoslovaco, que padeció doce años de prisión en las cárceles comunistas. El 8 de febrero de 1960, al ser puesto en libertad, expresa la tristeza en que se ha transformado la alegría de su liberación, al serle comunicado por la policía que no puede ejercer su función sacerdotal. En 14 de marzo, anota su angustia al comprobar que, después de la dura jornada de trabajo manual, no es capaz de realizar un esfuerzo espiritual. “Sé, dice, que el sacerdote sólo tiene obligación de celebrar la misa algunas veces en el año. No tengo, pues, la obligación de celebrarla todos los días. Pero ¿se puede hablar de obligación cuando yo siento que se trata de una necesidad de mi alma? Así no puedo continuar. Corro peligro de convertirme en un ex sacerdote”.

Peligro que, al parecer, no inquieta a esos sacerdotes que, con toda libertad para cumplir su ministerio sacerdotal, se encuentran absorbidos por el afán de “encarnación” en el mundo, y subordinan la misa, la oración o los sacramentos al mitin, la reunión del comité, la manifestación subversiva y la propaganda política. A estos no les preocupa convertirse en ex sacerdotes y muchos lo son, de hecho.

 El sacerdote checoslovaco consigue pasar a Occidente. Por fin vuelve a la Iglesia de la libertad. Su desconcierto ante el panorama eclesial que encuentra es angustioso. En la anotación del 13 de mayo de 1968 lo describe así: “Los sacramentos considerados signos mágicos y no realidad; la busca de un Jesús histórico del cual no alcanzamos a saber nada; la desmitización de la Sagrada Escritura. Cualquier observación acerca del “magisterio intrigante disipado” obtiene siempre un aplauso estrepitoso… En mi patria, en Checoslovaquia, con la mitad de semejantes ataques al Papa y contra nuestros reverendísimos obispos me hubiera ganado inmediatamente la liberación de la cárcel y hasta es posible que hubiera llegado a miembro del Gobierno. De cualquier forma hubiera tenido la vida fácil”.

 En 1969 se traslada a Holanda. Allí es alojado en una casa del clero con otros 24 sacerdotes. Se celebra una sola misa al día, en una capilla que le parece un crematorio. Mucho menos acogedora que las habitaciones de los sacerdotes. Se le dice que puede celebrar la misa cada quince días. ¿Para eso el sacerdote checoslovaco ha sufrido persecución durante tantos años? 

En el diario añade un comentario que dejo a la valoración de los lectores: “Qué torpes son nuestros perseguidores comunistas con su violencia. En Occidente, con otros métodos que no alcanza a comprender, Satanás ha logrado un éxito mayor…”

 Hacer apóstatas, en vez de hacer mártires…  ¿Qué tolerancias son las culpables? 

Juan Nuevo


Revista FUERZA NUEVA, nº169, 4-Abr-1970

 

lunes, 27 de octubre de 2025

Los grandes responsables de la caótica “Transición”

 Artículo de 1978

 LOS GRANDES RESPONSABLES

 EL balance terrorista de la semana del 12 al 18 de noviembre (1978) fue de lo más trágico: cuatro muertos, entre ellos dos miembros de la Guardia Civil y el magistrado del Supremo don Francisco Mateu Cánoves. Pero la ola de terror no se extingue: a continuación han caído asesinados por ETA otros dos policías armados, habiendo resultado también otros varios gravemente heridos.

 Unas horas antes de ser aprobada por el Congreso la desdichada Constitución, cayeron asesinados un general y un teniente coronel del Ejército. ¡Con qué negros presagios se pretende inaugurar este mamotreto legislativo del «consenso»!

 Cuando se cometió este último crimen citado. Carrillo dijo cínicamente: «EI Ejército ha derramado su sangre por la Constitución, por la democracia y por la libertad.» Tremenda mentira, en boca de ese siniestro personaje, que lamenta la muerte de dos miembros de nuestro Ejército y no se inmutó ante los asesinatos de tantos militares y españoles de toda condición que, en número de doce mil, fueron inmolados en Paracuellos del Jarama por ser contrarios a las ideas de ese ladino comunista con cara de canónigo. Este es uno de los primeros responsables de la actual situación.

 También le alcanza, y no poca responsabilidad, al vicepresidente Gutiérrez Mellado, colaborador eficaz con la más alta esfera de «este país» en su tarea de eliminar de los cuadros de mando a dignos militares, por el «delito» de ser fieles a la memoria de Franco.

 Igualmente responsable es el presidente Suárez, ese audaz y advenedizo político de última hora, ex falangista renegado, que de forma tenaz e insensata está empeñado en convertir a España en. una desgraciada democracia, donde todo separatismo, terrorismo, inmoralidad y crimen tienen su asiento.

 Grandes responsables son todos los marxistas, como el quejumbroso Tierno y el señorito Felipe, que a pesar de ser antimilitaristas aplauden al Ejército en los desfiles, y siendo ateos asisten a funerales y se unen a fuerzas políticas de toda ciase para conseguir su objetivo final: la liquidación del Ejército, la ruina de la industria y el campo y la abolición de la propiedad para llegar a su meta última: la dictadura del proletariado.

 Enorme responsabilidad la de ese separatista vasco, exponiendo ante una Cámara que le escuchó en cobarde silencio, especies como la que de las bombas, los tiros en la nuca, los secuestros y la «caza» de los policías armados y los guardias civiles son consecuencia del escaso grado de democracia reinante, que impide acceder a los forajidos autores de esos atentados a los puestos de la Administración autonomista.

 Responsable en grado sumo es el parlamentarismo, y también lo son los partidos políticos del «consenso», empeñados en salvar a toda costa la democracia, único objetivo que les preocupa, mientras tantas vidas están cayendo sesgadas por el terrorismo, sin dictar medidas para impedirlo, sino únicamente expresar «repulsas» y simples palabras.

 Responsable resulta también el mismo Fraga, que con su incalificable camaradería con marxistas, comunistas y traidores de toda clase ha provocado la desunión de la derecha española, que le dio su voto, que no lo volverá a obtener ya nunca.

 Bajo el desgobierno de esta infausta democracia han caído asesinados militares de todos los grados, miembros de la Guardia Civil, de la Policía Armada y de la gubernativa, personalidades civiles y honrados ciudadanos, que en incontable número han perdido inútilmente sus vidas y no precisamente en defensa de la democracia, pues este desgraciado sistema, en el que imperan el fraude, el crimen y la impunidad, no se consolidará jamás.

 Resulta indignante que un militar, el vicepresidente del Gobierno, señor Gutiérrez Mellado, cuando estaba todavía reciente el vil asesinato de un general y un teniente coronel de su propio Ejército, se permitiese manifestar que «todavía debemos esperar nuevas víctimas». Efectivamente, su vaticinio se está cumpliendo ampliamente, y es un buen consuelo para las viudas, huérfanos y familiares de todos los caídos en esta lenta pero continua guerra civil.

 Hago mías las palabras del liberaldonjuanista «ABC», al decir que el terrorismo sólo prospera en regímenes totalmente corrompidos. Y dice bien, porque el régimen que impera en esta mini-España es de completa putrefacción.

 ¿Cómo hemos consentido el llegar a este extremo? ¿Por qué no se han dictado medidas eficaces para acabar de una vez para siempre con tanto crimen? ¿Por qué razón no se aplica el máximo castigo a los asesinos de ETA, GRAPO, FRAP y sus satélites, cuyas organizaciones imponen la pena de muerte y eligen sus víctimas?

 Basta ya de palabrerías y de inútiles manifestaciones de «repulsa». Debemos exigir, como valientemente ha expresado Fuerza Nueva, la inmediata destitución de este Gobierno, ineficaz, incompetente y quizá cómplice en la situación actual, y la formación de un equipo de salvación nacional que ataje la catástrofe antes de que sea demasiado tarde.

 Y yo añadiría: que ese Gobierno decrete la revisión de los procesos que se siguieron a todos los delincuentes y asesinos y que la injusticia democrática puso en libertad con insensata amnistía, y también que en lo sucesivo se aplique la pena capital a todo aquel que ocasionare la muerte de cualquier miembro de las Fuerzas Armadas o de español pacífico cualquiera. ¿Venceremos a este Frente Popular que se ha adueñado de los destinos de España? El tiempo lo dirá y tengamos fe en el porvenir.

 Higinio CEPEDA


Revista FUERZA NUEVA, nº 620, 25-Nov-1978