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EL CARLISMO, SAL Y LUZ DE LA
POLÍTICA
Por ROBERTO G. BAYOD PALLARES
SAL
Carlistas, vosotros sois la sal de la tierra, mas si la sal se
volviere sosa, ¿con que la salaremos?» (San Mateo, 5, 13)
El carlismo no es lo que se describe en un librito muy ensalzado por
el «El Pensamiento Navarro» (en su nueva y desastrosa época), sino que es la
más pura esencia de la Tradición católico-hispánica. Es la sal con la que la
vida española pudo recuperar su unidad y grandeza en el año histórico de
1936. Es la sal con la que adquirirá sabor esa unidad política y religiosa, y
es la sal con la que España podrá continuar su destino en lo universal de influir
espiritualmente sobre la Humanidad. El carlismo es el arca de la Tradición,
es el tesoro de la única sal que puede condimentar una sana política
nacional.
Pero si el carlismo se vuelve soso, si pierde el sabor de la
Tradición, ¿con qué lo salaremos? ¿Con qué lo haremos tradicionalista? «Para
nada valdrá ya, sino para ser pisado por los hombres» (San Mateo, 5-13),
ya que no será más que una ideología cualquiera, de esas que no buscan la
unidad, sino la división y el partidismo.
El ser causante, por acción o por omisión, de que el carlismo pierda
su sal, es una traición al carlismo, porque es desnaturalizarlo. La verdad es
que el carlismo jamás perderá la sal, a pesar de los esfuerzos de algunos, si
bien sí que es posible que su saladura no sea eficaz.
LUZ
«Las lámparas no se encienden y se colocan debajo de un celemín,
sino encima de un candelabro y alumbra a todos los queestán en la habitación.
Que vuestra luz alumbre así delante de los hombres» (San Mateo, 5, 15,
16)
También vosotros, carlistas, sois la luz de la política. Incluso los
enemigos del carlismo se aprovechan de su luz, se apoyan en sus ideas y
reconocen la profundidad de su religiosidad y patriotismo. Recordemos, por
ejemplo, que el jefe político de la Monarquía saguntina, don Antonio Cánovas
del Castillo, respondió a otro político que le proponía una fórmula para que
no hubiera carlistas: -Pero, ¿usted cree que es conveniente que no haya
carlismo?
Cánovas no pertenecía a la luz, pero como no era ciego quería que su
postura política recibiera los destellos e iluminación del carlismo.
Para que el carlismo alumbre, lo tenemos que colocar en un lugar
apropiado; como a la lámpara del Evangelio. ¿Cómo va a dar luz a los demás,
si lo ocultamos? El gran Vázquez de Mella no gobernó jamás, pero fue la luz
del Parlamento. Otros políticos tradicionalistas, antes y después de él, han
actuado siguiendo idéntica táctica.
El carlismo debe ocupar puestos relevantes en la Economía, en la
Administración y en la Política. De lo contrario, será una bombilla apagada o
escondida, a pesar de la energía que contiene. Hay un sector en el carlismo,
constituido por los pseudocarlistas o neocarlistas, o al menos influenciados
por ellos, que podemos denominar «anticolaboracionistas», que repudian ocupar puestos importantes en
la política e impiden a los demás carlistas que escalen puestos desde los cuales
puedan ser luz de los demás y ejemplo en su limpia actuación. Son los que,
consciente o inconscientemente, obstruyen el paso para que el carlismo sea la
luz de la España del futuro.
Los que hacen perder la sal al carlismo son los mismos que quieren
mantenerlo oculto para que sus focos no alumbren la política.
El año 1965 tuvo lugar una peregrinación a Santiago de Compostela y
en 1966, otra al Cerro de los Angeles, centro geográfico de España, el más
céntrico candelabro, desde el cual pudo alumbrar y darse a ver. La ilusión de
los peregrinos carlistas era la de que en 1967 se reprodujera la
peregrinación al monumento al Sagrado Corazón, con la esperanza de que se
multiplicarían los requetés asistentes. Pues bien, inútilmente han esperado
la convocatoria definitiva y no se ha podido reproducir el maravilloso espectáculo
de que las boinas rojas se vieran por las vías madrileñas. Los responsables
no han tenido interés, al menos no lo han demostrado, y en sustitución han
organizado un acto de peregrinación a Fátima, en el querido y admirado
Portugal. El acto ha resultado grandioso, porque el pueblo carlista es
siempre maravilloso- la lámpara se ha encendido y ha dado radiante luz, pero el
lugar era en el extranjero y era como si estuviera debajo del celemín.
¿TRAICION?
¿Se ha traicionado al carlismo?
Siendo sal, no sala, y siendo luz, no alumbra. ¿Qué pasa?
Que algunos de sus dirigentes han perdido la sal y colocan al
carlismo en lugar escondido, y cuando lo divulgan y lo exhiben lo hacen adulterándolo, esto es, traicionándolo.
Este es el caso, pongamos por ejemplo, de los «estudiantes tradicionalistas»,
A. E. T. de Zaragoza, que con ocasión de los artificiales problemas
universitarios han redactado y propagado un demagógico panfleto, redactado
probablemente por sus dirigentes y colaboradores de «El Pensamiento Navarro»,
cuya lectura deja la impresión de que se trata de un documento marxista o más
bien anarco-sindicalista. Es verdaderamente incendiario e impublicable. Son,
precisamente, los amigos, admiradores de esa «camarilla», que en otro tiempo
encabezaba Massó y hoy capitanea Zavala, Secretario General de la Comunión
Tradicionalista. Tal es así, que el principal inspirador —si no autor— de ese
triste documento es quien, la propia noche en que se hizo público el artículo
del «affaire» Massó-Zavala, pidió públicamente represalias políticas contra
Bayod Pallarés.
«Guardaos de los falsos profetas, por sus frutos los conoceréis»
(San Mateo, 7-15). Los frutos de estos falsos carlistas los conocemos por los
panfletos marxistas que escriben y divulgan.
Cuando desde estas columnas denunciamos los manejos y traiciones que
recibe la doctrina carlista y la propia Comunión Tradicionalista, lo hacemos,
tan sólo, QUE CONSTE, desde el punto de vista político, religioso o
religioso-político; pero jamás queremos disminuir el prestigio personal de la
vida privada, la que respetamos y creemos que es limpia, quizá muy superior a
la nuestra.
Lo que sí afirmamos es que su actuación política —NUNCA LA PRIVADA—
es fatal para la Causa, porque han traicionado su ideología, porque intentan
contactos con organizaciones ilegales de comunistas —Comisiones Obreras—.
¿Acaso nos podemos callar? ¿Es que no es más interesante la Causa y
España que el prestigio político de una o más personas? ¿Qué nos puede pasar?
Ya sabemos que recibiremos ingratitudes, persecuciones, expulsiones, etc.,
etc., pero los requetés que salieron en un 18 de julio a defender la España
inmortal y la Religión sabían que se exponían a mucho más, a perder la vida,
y, sin embargo, no se quedaron callados y sin acción, sino que pusieron su
vida encima de un candelabro, por todos los valles y montañas de España, para
reconquistar la luz y paz que se habían perdido.
Esperamos que quienes tienen en sus manos la solución de estos graves
problemas tomarán medidas para que de nuevo el carlismo pueda cumplir con su
misión de ser sal, luz y paz entre todos los españoles de buena voluntad,
como Cristo deseara a todos los hombres hace dos milenios y conmemoramos por
estas fechas.
También nosotros deseamos felicidades a todos los numerosos
carlistas, algunos de mucho relieve político y militar, que nos han
demostrado su solidaridad en nuestra reciente actuación. A los que no nos han
podido escribir, también les felicitamos, y a unos y otros les deseamos que sean
SAL, LUZ y PAZ en política.
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967
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